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miércoles, 1 de junio de 2016

La mosca cojonera

- Y, ¿qué tal te han ido las vacaciones?
- Buf, fatal. Necesitaba descansar, y pensé que lo pasaríamos bien en la playa, pero no hemos dejado de discutir en todo el viaje.
- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
- Pues chica, no lo sé. A ratos estaba contento, a ratos enfadado. Un día se levantó de mal humor y ni me hablaba, ni en el desayuno... Sólo me dice que ha pasado una noche rara y que no está de humor. Después se da una ducha y sale que parece otro, de buen humor. Y me dice “ya te he dicho que no me pasaba nada. Anda y no me agobies”.
- Ya...

Aparece una mosca en la consulta. Empieza a revolotear alrededor nuestro.

- Anda, ha entrado una mosca de esas grandes que hacen tanto ruido.
- Con este calor... ¿Paramos un minuto y la echo?
- No, déjalo, no me molesta. Te decía que tuvimos discusiones durante toda la semana. Estaba muy raro. Y claro, si no sé lo que le pasa, no sé qué hacer. Me siento mal (da un manotazo en el aire). Porque yo intento ayudarle y...
- ¿Cómo lo intentas?
- Intento comprenderlo. Yo sé que está muy estresado en el trabajo, vuelve a casa agotado de aguantar a su jefe.
- Vuelve muy cansado... ¿Y tú qué haces?
- ¡Ay, qué pesada está! (la mosca se le ha posado en la mano. La espanta.) Bueno, pues le pregunto qué tal el día, si me lo explica le escucho, intentamos encontrar alguna solución...
- Ya, pero ¿y tu? Porque también estás pasando una época difícil, con los recortes en tu empresa...
- Si, bueno, yo voy haciendo, no sé cómo irá la cosa, están negociando y tal... Pero hay días que lo paso mal, no tengo ganas de ir... (vuelve a dar otro manotazo en el aire).
- ¿Y él que te dice? ¿Te apoya?
- Bueno si, a su manera, ya sabes que es muy egoísta a veces, me gustaría que me escuchara más, pero no está acostumbrado. Con esa madre que tiene que le hacía todo... Poco a poco voy consiguiendo que cambie, pero me está costando y a veces no estoy bien, no sé muy bien lo que me pasa, ni si tengo que empezar a... AAHH!! ¡Ostras con la mosca! ¡AGH qué asco! ¡La he notado en la oreja!
- ¿Paramos y la echamos?
- Mira sí, si no te importa paramos. Estoy harta. ¡No puedo concentrarme!
- Si, la ibas buscando con la mirada. Toma esta revista para espantarla. ¿Te importa abrir la puerta?
- Sisisi, encantada. ¡Qué pesadez!

Al no encontrar hospitalidad, finalmente el insecto se va...

- Mira, creo que de este rato puedes sacar una conclusión interesante. ¿Qué ha pasado?
- Esa mosca cojonera no paraba de interrumpirme.
- ¿Te has dado cuenta de cuándo te interrumpía? ¿De qué estabas hablando?
- Mmmm... De mi pareja, ¿no? Como siempre que vengo a verte (suelta una risita nerviosa).
- No, más bien te interrumpía cuando hablabas de ti, de lo que te pasaba a ti y de lo que tu sentías. Y es curioso, aparecía la mosca y entonces sólo tenías ojos para ella. Y como sólo podemos atender una cosa cada vez...
- Si, ya hablamos de que el multitasking no existe...
- El caso es que en cuanto te distraes, tu conversación vuelve a lo que hace tu pareja, a lo que siente, a lo que piensa, a lo que quiere. Y así llevamos hoy un rato, que tu tiempo (y tu dinero) lo estás repartiendo entre intentar entender a tu pareja y una mosca cojonera.
- ...
- Apareció. Le diste toda tu atención. Cuando dejas de hacerlo, reaparece. No te ayuda, parece que cuando crees que ya sabes lo que hará, o crees haber conseguido que haga lo que tú quieres, siempre sale con algo inesperado. Tu pareja te ha dicho que le importas. Decís que os queréis infinitas veces. Pero sólo tú pareces haber cambiado para adaptarte a la relación. Esta persona sigue por ahí zumbando, a su aire, mientras tú procuras vivir teniendo en cuenta sus necesidades, su vuelo, sus sonidos. Pero hagas lo que hagas, la comprendas o no, siempre acabas frustrada. Nunca haces lo suficiente, te dirá. No habrás cambiado lo bastante para comprenderlo, para merecer tener la relación que te prometía ese ser tan fascinante. Ser la pareja que ibais a ser.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Empecemos de nuevo, te abro la puerta: ¿Cómo estás TÚ?



domingo, 26 de abril de 2015

Pareja en crisis, pareja a oscuras

La comunicación en una pareja en crisis está sembrada de lindezas como quejas, enfados, reproches, rencores, acusaciones, faltas de respeto, luchas de poder, desgaste, berrinches, llanto, tristeza y ataques. Desde fuera parece que la situación es insoportable pero cuando se pregunta a la pareja por qué siguen juntos (que no unidos, evidentemente) en la inmensa mayoría de ocasiones la respuesta es:

“Porque nos queremos”

Ante tal contradicción la cabeza del psicólogo implosiona durante unos segundos. Pero empecemos a recomponerla:

Generalmente ambos miembros de la pareja (o uno de ellos más que el otro) tienen muy claro cuál son los problemas que los han llevado a esa situación. Se han ido generando con el tiempo, los malentendidos, las expectativas no cumplidas, los cambios que se esperaban y no se han producido. O dicho de otro modo, con la convivencia y los años en común su visión de la pareja se ha quedado casi a oscuras y solo ven esto:

Visión de una pareja a oscuras

Su atención está centrada en aquello identificado como los problemas, casi de manera exclusiva, porque son aquello que molesta. Como además sufren y hay una tensión emocional constante, hay prisa por resolverlos. Se buscan soluciones, se habla de ello en la pareja y con quienes les conocen. Si lo que se hace no resuelve los problemas, cuanto más tiempo pasa la atención se centra más en ellos. Se entra en bucle, porque cada vez más se intenta solucionar los problemas teniendo únicamente en cuenta los elementos que lo causan, haciendo siempre lo mismo buscando resultados diferentes.

Cada uno le dice al otro, “éste es el problema, cámbialo”, “cambia tú primero”, “eres desordenada, esfuérzate en ordenar (como yo haría)” “deja de ser tan irritante”, “no me gusta como vistes”, “programas demasiado las cosas”, ”siempre tengo que tener yo la iniciativa en el sexo”, etc.

Las parejas tienen muchas más posibilidades de mejorar con o sin terapia cuando empiezan a ser conscientes de que sólo estan prestando atención a una parte de la realidad (la que no les ayuda) y que, por lo tanto, no valoran todo lo que ya tienen, simplemente lo dan por asumido. Deben encender la luz y recuperar la visión global:
Visión con la luz encendida 

El amor es sólo el principio de la pareja. Imprescindible, pero un inicio. El amor no aguanta todo y muere de hambre si no lo alimentamos también con todo aquello que nos gusta y nos disgusta de nuestra pareja. Si no se alimenta, todo lo bueno desaparecerá, solo quedarán los problemas. Y eso si es un motivo de ruptura sin solución.

viernes, 10 de abril de 2015

Frustrados pero no reventados

Tenía una entrada preparada cuando he visto esta foto en facebook:



Es una viñeta de tantas que circulan por internet y que, con propósito pedagógico, dice a los adultos que si los niños no tienen los caprichos que quieren no pasa nada, que aprendan a frustrarse, que es positivo, y que más frustraciones les dará la vida. Correcto. Actualmente muchos profesionales sufren la llamada falta de tolerancia a la frustración creciente de la sociedad que estamos construyendo. Las consecuencias ya las estamos viendo, desde Síndromes del Emperador (niños tiranos) a una creciente falta de gestión de emociones negativas. Una de las consecuencias más extendidas son las adicciones.

Pero hoy no sigo por ahí. Mira de nuevo la imagen y observa concretamente la actitud del adulto, ¿Qué te dice?

Está de perfil, no vemos su cara, tapada por la capucha. No es importante que sepamos quien es. Está desanimado: hombros caídos, cabizbajo, manos en los bolsillos. No parece la actitud de quien realmente quiere educar al nene caprichoso que quiere el smartphone, si no el de alguien rendido a la frustración que le pide al niño que aprenda y acepte que cuanto antes se rinda, mejor.

Ahí es donde me ha explotado la cabeza, en la asociación frustración-pasividad y de rebote, en la asociación aceptación-rendición.

Cuando nos ponemos ante la realidad y los hechos, querramos o no, los percibimos e interpretamos según un filtro personal. Con la interpretación tenemos “lo que nosotros hemos entendido”. Es una opinión, cada uno tiene la suya. Después hacemos nuestra representación, es decir “qué significado tiene esto para mí”. Y ahí empieza el lío, porque la respuesta que demos, la que sea, será según lo que haya representado para nosotros. Y si nos gusta o no, si toca algo interno que duela o no.

No he podido evitar acordarme del cuadro de Stephen R. Covey en el que diferencia los diferentes estilos de lenguaje (*):

Lenguaje Reactivo
Lenguaje Proactivo
No puedo hacer nada
Yo soy así
Me vuelve loco
No lo permitirán
Tengo que hacer eso
No puedo
Debo
Examinemos alternativas
Puedo optar por un enfoque distinto
Controlo mis sentimientos
Puedo elaborar una exposición efectiva
Elegiré una respuesta adecuada
Elijo
Prefiero


Las palabras son eso, palabras, pero donde radica su fuerza es en la carga simbólica que les damos y en su impacto en nuestras emociones. Por este motivo decía Freud que “las palabras curan”. Pero también pueden hacer un gran daño, a menudo por acumulación. Recuerda que también “la pluma hiere más que la espada”.

Un lenguaje más proactivo invita a la acción y a procurar modificar aquello que nos afecta. Un lenguaje reactivo invita a tener una actitud pasiva, con poca intervención y delegando a los demás o a las circunstancias las responsabilidades si, pero también los motivos de éxito y/o fracaso de lo que nos ocurre.

La frustración es un sentimiento, y una herramienta. Su bondad o maldad dependerá del uso que se le dé:

  • A un niño se le puede enseñar que sentir frustración es sano, porque no se puede conseguir fácilmente y con una varita mágica todo lo que se desea. Existen límites. Pero por ser límites no son necesaramente limitantes. Muchisimos de ellos son salvables, se trata de buscarlos. En este caso, una frustración es positiva, porque nos puede poner en movimiento hacia algo conseguible.
  • Si se ve la frustración con impotencia, podemos llegar a rendirnos, porque “para qué moverme” y pensar que una cosa no conseguible puede representar que muchas otras cosas más no lo serán, sin probar nada diferente. La frustración será entonces negativa. 

Si siempre vinculamos frustración con rendición, alguien se beneficia de nuestras derrotas, generalmente quien procura que nos sintamos frustrados sin solución. Pensar en un movimiento diferente y hacerlo puede romper este ciclo “vicioso”. Y la mayoría de las veces, no es necesario un gran movimiento.

Como decía aquél “cuidado con lo que te dices, que te lo puedes creer”


(*) Covey habla de personas “Proactivas” y “Reactivas”, cosa que no comparto. Una persona no tiene porqué SER una cosa u otra de manera estable, al tratarla así la estoy “sentenciando”. Yo prefiero hablar de tendencias o de momentos en que una persona funciona de manera más reactiva o más proactiva.

Ilustración: www.e-faro.info

Cuadro extraído de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” R. Covey, Stephen Ed. Paidós Plural

jueves, 2 de abril de 2015

Qué se esconde tras una barba

Hoy quiero recomendar un cómic que me he leído hace poco. Y si, quizá no es muy habitual que se recomiende cómics en un blog como éste. ¿Mi razón? Que aunque de siempre me han gustado, cada vez tengo más claro que las novelas gráficas son una manera muy directa de explicar historias potentes. Mediante la imagen nos llegan las emociones del autor y de los protagonistas de un modo especial, casi inconsciente. No creas que son historias para niños, no solamente. Si no conoces la novela gráfica y te gusta leer, te invito a probar algo diferente.

Y empiezo por una historia que habla de una manera muy clara de dos temas que aparecen y son frecuente motivo de sufrimiento: el miedo a la incertidumbre y lo que nos exige adaptarnos a cambios inesperados.  

LA GIGANTESCA BARBA QUE ERA EL MAL (Stephen Collins, Ed. La Cúpula, 2014)

“Dave vive exactamente AQUÍ, en este lugar que da la espalda a un mar lleno de secretos. Todas las tardes, al volver de la oficina, se sienta en su escritorio, escucha canciones en bucle y dibuja a la gente que ve a través de la ventana. Entregado a esas rutinas, Dave se siente a salvo. 

Dave cuida el orden para que el orden lo cuide a él, pero a veces tiene la sensación que bajo la pulcra alfombra de la realidad puede haber algo, un mundo oculto debajo de la piel, la bárbara memoria de lo que fuimos. Y se está despertando”

Dave empieza a descubrir que su barba no es muy común


La historia es la de una barba que crece sin control en un mundo, una ciudad de caras perfectamente rasuradas, de peinados bien cortados y de estilos de vestir que cumplen las normas. Todo controlado en un perfecto orden. 

Una historia donde la gente vive en una isla llamada “AQUÍ”, de casas construidas iguales entre sí, calles limpias, árboles y jardines cuidados. Y rodeando esta isla, lo desconocido, el abismo, el caos, tan aterrador que la gente vive de espaldas a él. A ese lugar tan desconocido y aterrador le llaman “ALLÍ”.

Mapa de "Aquí" (Here) en el centro, rodeado del mar y del aterrador "Allí" (There)

Un mundo en orden donde la gente va al trabajo con la vista pegada al teléfono móvil en silencio y cumple sus tareas con diligencia, sin tener porqué saber qué sentido tiene hacerlas. Sin felicidad, sin tristeza, pero en un perfecto orden. Nadie se plantea si el orden gusta o no, está ahí, cumple su función y oculta los miedos de cada uno (“todo está en orden, nada nuevo, nada que temer”).

Pero muchos sabemos que todo aquello que se oculta con esmero, tarde o temprano volverá a intentar salir a la luz. Y que irrumpirá con más violencia cuanto más fuerte es el esfuerzo por ocultar y contener. En esta historia es una barba de una persona cualquiera al azar, que no tiene ni poderes especiales ni ninguna característica especial. La barba como metáfora de lo que en la vida real podría ser un secreto, o inseguridades que ocultamos.

Y es la historia de una barba que provoca cambios en su propietario y a su alrededor. Primero pequeños cambios, siempre al principio los cambios son pequeños. Pero como bien sabemos los psicólogos, los cambios provocan otros cambios más evidentes y grandes. La gente ordenada y pulcra reacciona ante el desorden de una barba que crece sin orden, sin propósito, sin objetivo y sin razón aparente. La gente reacciona, la sociedad reacciona, poco a poco, buscando el equilibrio perdido. Haciendo más cambios, y más....

Éste es un cómic sobre miedos y equilibrios perdidos, una metáfora algo surrealista, pero muy clara. Y que espero que disfrutes… si te atreves a adentrarte a ella :) 

Portada

Ejemplares disponibles en las Bibliotecas de Barcelona: https://sinera.diba.cat/record=b1750916~S171*

Enlace y reseña de la editorial: http://www.lacupula.com/catalogo/la-gigantesca-barba-que-era-el-mal

domingo, 29 de marzo de 2015

Una historia de autoestima

- “¡¡Estoy hasta los mismísimos de los sabelotodo que no tienen ni puñetera idea y encima te hablan como si les tuvieras que venerar!!” “No sabes las ganas que tengo de decirles dónde se pueden meter las lecciones que no les pido”.

Ella estaba explotando. ¡¡Por fin!!

Hace tiempo, le preocupaba su “baja autoestima”: no valía lo bastante, nunca sabía suficiente, nunca llegaba a todo, siempre con ese miedo a que los demás se sintieran decepcionados con ella, siempre con ese sentimiento de culpa que surgía a cada reproche. Y ahí estaba, dedicada, atenta, siempre atenta y preocupada. Atenta a lo que decía y cómo, a procurar que mucha de la gente de su alrededor pensara de ella lo mejor: hija disponible, madre atenta, amiga paciente, trabajadora eficaz. Alguien con quien siempre puedes contar. 

- "¿Y dónde dices que está tu falta de autoestima?"

Siempre había quien no valoraba sus esfuerzos, sólo veía los defectos que se le habían pasado por alto. Esas personas la hacían sentir mal, pero las disculpaba pensando que lo hacían por su bien, para ayudarla (¿para qué si no?) y porque eran así, la gente ya se sabe, no cambia.

En algún momento aprendió que sólo mereciéndolo podría tener amor del de verdad. Y merecer implica esforzarse y si es necesario sacrificarse. Pero siempre con una sonrisa, porque se hace para aquellos/as a los que quieres y que te quieren. Y ahí estaba, esforzándose y reprochándose. Y disfrutando de esos momentos en que una amiga le decía: “sé que siempre puedo contar contigo y que estarás ahí, eres tan buena”. Eso no tenía precio. 

Y entonces enfermó. Primero empezaron unas contracturas en la espalda, una falta de hierro, un ataque de ansiedad inesperado. “Quiérete más”, le decían. “Tienes una falta de autoestima muy grande” le aseguraban. Quizá tuvieran razón. Y en eso que va a parar a un psicólogo para buscar esa famosa autoestima que parece que sólo le falta a ella. Eso debía ser. Los demás estaban todos sanos. Como siempre, la que fallaba era ella. Qué tara tan grande debía tener. 

En esa consulta no encontró autoestima. Mediante preguntas y reflexiones se dio cuenta que sí tenía valía, si tenía autoestima, pero no como se la habían vendido. Se dio cuenta que había personas que le hacían bien, la querían y respetaban y ella también a ellas. Pero que había también otras personas a su alrededor a quien quería pero que nunca parecía encontrar la manera de sentirse bien con ellas. Eran las que la hacían sentir peor y más culpable. Después había otras que según el día que tuvieran, pero siempre le exigían que ella estuviera de buen talante, era lo que se esperaba de ella aunque no le apeteciera.

Se dio cuenta que había personas que la decían que la querían, pero que sus actos no eran coherentes con eso. La decepción fue muy grande, pero también la determinación que le siguió luego: "primero me cuido yo, veremos quién decide descuidarme luego". 

Aprendió que debía parar e identificar cuando los intereses de los demás invadían sus propios intereses. Y que podía decidir cuándo le convenía que esto fuera así y cuando no. Descubrió que podía dedicar más tiempo y energías a las personas y actividades que le gustaban, "recolocando" aquellas que la hacían daño. Le costó, pero poco a poco aprendió a ignorar sus chantajes o a defenderse. Y siguió cuidando de aquell@s que la cuidaban.

Aprendió que para protegerse y disfrutar no hacía falta aislarse ni construirse una coraza que la asfixiara, con que aprendiera a pintar líneas y límites podría bastar. Y si era con humor, mejor. En algún lado leyó que la risa era lo contrario de la ansiedad. 

Y dio con este vídeo que le encantó y que tatarea en ocasiones... 


Vídeo: Fragmento de "Fantasia 2000. Flamingos. Camille Saint-Saents The Carnival of the animals" Copyright: Walt Disney Studios

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cuánto cuesta ser rico

Uno de mis descubrimientos recientes de lectura es la psiquiatra suiza Alice Miller. En su libro "El drama del niño dotado, la búsqueda del verdadero yo", sencillo pero contundente, incluye este pequeño relato: 

El cerebro de oro

Érase una vez un niño con un cerebro de oro. Sus padres lo advirtieron por azar cuando, a consecuencia de una herida en la cabeza, le brotó oro en vez de sangre. Empezaron a proteger cuidadosamente al niño y le prohibieron el trato con otros niños, para evitar que le robaran. Cuando el niño creció y quiso recorrer mundo, su madre le dijo: "Hemos hecho tanto por ti que también nosotros deberíamos participar de tus riquezas". El hijo se sacó entonces un gran trozo de oro del cerebro y se lo dio a su madre. 


Durante un tiempo vivió a lo grande con su riqueza en compañía de un amigo que, sin embargo, le robó una noche y desapareció. El hombre decidió entonces proteger su secreto en el futuro y trabajar, porque las provisiones desaparecían a ojos vistas. 

Un buen día se enamoró de una muchacha hermosa que también le amaba, aunque no más que a los preciosos vestidos que de él recibía a manos llenas. Se casó con ella y fue feliz, pero la esposa murió al cabo de dos años y, para pagar su entierro, que tenía que ser grandioso, el marido gastó el resto de la fortuna que le quedaba.

Débil, pobre e infeliz deambulaba un día por las calles cuando, en un escaparate, vio un par de hermosos botines que a su mujer le hubieran quedado perfectos. Olvidando que su esposa había muerto -tal vez porque su cerebro vacío ya no podía trabajar-, entró en la tienda para comprar los botines. Pero en ese instante cayó a tierra y el vendedor vio en el suelo que estaba muerto".

Relato incluido en "Cartas desde mi molino", de Alphonse Daudet.

Alice Miller indica que "Daudet, que había de morir de una enfermedad de la médula espinal, escribió al final: "Esta historia parece inventada, pero es real de principio a fin. Hay personas que tienen que pagar las cosas mas insignificantes de la vida con su sustancia y su médula espinal. Se trata para ellos de un dolor eternamente recurrente. Y luego, cuando se cansan de padecer...".

Una de las cosas más difíciles de calibrar y distribuir y que por tanto, genera más dudas, sentimientos contradictorios, malestar y frustración es cuánto pongo de mí para ayudar y conseguir satisfacer a los demás, y para qué. Si este cuento te ha hecho pensar, quizá es que no eres tan egoísta como a veces te dicen... O que quizá ya va siendo hora de darles (un poco) la razón.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Me falta un martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: 

"¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como ese le amargan a uno la vida. Y luego todavía de imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo." 

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes que el vecino tenga tiempo de decir "Buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo, imbécil!"

"El arte de amargarse la vida" Paul Watzlawick Ed. Herder. Página 43


Cuando la vida de uno es mínimamente activa surgen retos, problemas, situaciones a resolver. Algunas pueden solventarse, otras quizá no sea posible conseguirlo. Pero es importante tener en cuenta que en ocasiones el afán de prever situaciones puede convertirnos en nuestro peor enemigo, provocando el pensamiento de problemas que, en realidad, no son tales.

Leído en frío, acabo de decir una obviedad, es cierto. Pero en los momentos de crisis es más difícil discernir entre problemas prioritarios y tonterías sin importancia, pero que sacan de quicio. Es una habilidad que en lo posible, debería entrenarse fuera de los momentos de crisis personal, antes que se haya desbordado todo. Ser consciente de eso, de la propia capacidad para sobredimensionar las cosas, es un gran primer paso.

Un segundo es parar de pensar en cómo solucionarlo y reflexionar realmente para qué me estoy preocupando tanto y si realmente puedo hacer algo sencillo para solucionarlo.

El tercero es hacerlo. O no. Y seguir pensando hasta encontrar una solución... o no... Y dejar que esas tonterías sigan enmascarando si realmente lo que ocurre, el malestar, es otra cosa.

martes, 2 de septiembre de 2014

Autoayudarse por escrito

Hoy voy a explicar en qué consiste una técnica terapéutica sencilla (que no siempre fácil) que recomiendo muchas veces por lo práctica que es: la escritura. 

Habitualmente sólo conocemos el uso “literario” de la escritura, donde hay unos escritores que escriben buscando ser leídos y unos lectores que, valga la perogrullada, leen. En muchas ocasiones, la mayoría, el lector nunca se convierte en escritor. 

Escribir literatura en sí es una vía de expresión. Una búsqueda para los escritores. Al menos es a la conclusión que llegué después de estas vacaciones:

Pude ir a un festival literario donde varios autores de ficción presentaban sus novelas. Cada novela de ficción lleva algo de su autor, algunos le ponen más de sí mismos, otros menos. Aun explicando una historia que no tenía nada que ver en muchas ocasiones con su propia historia personal, todos los escritores siempre hablaban de su necesidad de “contar la historia que me sale”, “la historia que quiero contar en ese momento”, “transmitir lo que siento respecto al tema X”. 

El contar esa historia les conlleva varios niveles de esfuerzo, muchas veces de investigación, de orden y de expresión, de sacar de ellos mismos las emociones que necesitan expresar a través de los personajes que crean. A veces sufren y otras disfrutan, pero todos ellos al hablar de su proceso de escritura, llegaban a la misma conclusión final: “la novela gustará o no, y espero que guste y vender muchas, pero igualmente me he quedado muy a gusto escribiéndola y acabándola”.

Escribir es para ellos, los escritores, una actividad para el disfrute. Lo genial es que no hace falta ser escritor para escribir. Al menos para uno/a mismo/a y practicar una verdadera técnica de autoayuda (esta sí). Una herramienta que ayude a superar crisis emocionales o vitales. La Escritura Terapéutica.

La escritura terapéutica la puede hacer cualquier persona, no está limitada a personas con más o menos formación o más o menos vocabulario.

Si te decides a probar, aquí van algunas ideas:

1.- La única norma a seguir a rajatabla es: Escribir a mano. Ordenador, tablets y otros soportes digitales no van tan bien para la escritura terapéutica, porque permiten borrar y añadir texto, de modo que se puede corregir lo que se escriba las veces que se quiera, sin límite.
Escribir a mano, como no se puede borrar, obliga a seleccionar y ordenar más la información y a parar un poco la velocidad con la que se nos ocurren las ideas. Es imposible escribir tan rápido como se piensa. Si hay algo que te preocupa y te viene a la cabeza una y otra vez, esta técnica es muy recomendable.

2.- No hay “un tema” sobre el que puedas escribir o debas escribir y otros no. Se trata que escribas lo que te salga: cómo te sientes en ese momento, si ha habido alguna conversación que te ha afectado ese día y porqué. 

3.- Se trata de escribirte a ti, de hablarte y explicarte qué te ocurre y que te preocupa. El objetivo es ayudar a ordenar mejor el pensamiento sobre lo que ocurre. Lo mejor es que escribas “tal cual pienses” o “tal cual sientes”, sin hablar en tercera persona ni otras formas más literarias.

4.- Puedes convertir el momento de escribir en tu momento del día. Si es así, merece que le dediques su tiempo propio (un momento en la rutina diaria y que mientras escribas no hagas otras cosas) y reservarle un espacio exclusivo.  Con espacio quiero decir el espacio físico (la mesa, la habitación) pero también el soporte: una libreta o bloc sólo para este uso. 

5.- Es recomendable que sigas una rutina mínima, sobre todo en los días que más se necesita porque estás con más malestar. Escógelo a tu conveniencia, puede ser a última hora del día, antes de ir a dormir. 

6.- El formato lo escoges tú, puesto que eres tú quien lo escribes. Habla de ti en primera o en tercera persona. No hay límites con la longitud. No está ni bien ni mal ni cuando escribes 3 líneas ni cuando le dedicas 5 páginas. Nadie te lo va corregir, se trata que te expreses cuanto quieras o cuanto te salga, que se trataría de lo mismo.

7.- Lo mismo en cuanto al contenido. Te hablas tú a ti. No se trata de enseñarlo a nadie. Déjate llevar y escribe lo que te salga, no te cortes. Se trata que escribiendo te des permiso para expresarte y pensar como no te permites o no puedes en otras situaciones. Dan igual los borrones, dan igual las correcciones. Da igual la ortografía.

8.- Un último punto importante es la privacidad: no es algo a hacer para enseñarlo, no es para publicarlo en las redes sociales. No es para ningún tipo de público. Es solo para ti mismo. Si lo escribes para enseñarlo, no te sentirás libre y la técnica pierde su eficacia.

Es una técnica que va bastante bien para personas con ideas que vienen constantemente a la cabeza, miedos y problemas con las relaciones. 

Estas son algunas ideas básicas. Como toda herramienta, puede adaptarse según cada persona y a veces según lo que se quiera conseguir. Escribir puede servir, en general, para aclararse las ideas situaciones de decisión o de confusión entre opciones e ideas, ya sean racionales o emocionales. Y como toda habilidad, con la práctica, mejora.

Foto: encespaico (flickr)

martes, 31 de diciembre de 2013

Pianista en crisis

A quienes no la conozcáis, os quiero presentar hoy a una mujer maravillosa, Maria Joao Pires (enlace en wikipedia). Ella es concertista y solista de piano. En su currículum figura que es especialista en Mozart, y que la crítica considera sus duetos de Chopin de los mejores registrados hasta la fecha. 
Pero no es por eso que os la presento hoy.

En una ocasión, empezando un concierto, Maria Joao entró en pánico. Delante del piano, delante del director, del resto de la orquesta, delante del público que abarrotaba la sala de conciertos. María se quedó bloqueada. 

¿El motivo? La orquesta había empezado a tocar un concierto diferente al que ella esperaba. Se había preparado otra pieza. Si queréis ver qué ocurrió después, os invito a ver el vídeo y a seguir leyendo después... 



(Permitidme que os cuente yo también qué ocurrió, al estar el vídeo en inglés y holandés -no lo he encontrado ni siquiera subtitulado-).

María quiere tocar la pieza con una ejecución perfecta, sin un solo fallo, como se espera de ella. Se aterroriza cuando se da cuenta que la pieza es diferente ¿Cómo va a salir de ésta? Y se paraliza. Le dice a su director completamente en shock: "lo puedo intentar".

Pero no quiere, ¿cómo va a intentarlo? Debe tocar o no tocar, no quiere tocar a medias, improvisadamente, sin haber ensayado lo suficiente.

Pero su director, que la conoce y sabe su capacidad, le dice que toque, que ya conoce la pieza de haberla tenido en su repertorio el año anterior. "Lo harás bien", le dice, "tendrás éxito, la conoces bien".

Finalmente, empieza, de manera errática, forzada y dubitativa, tanteando... Y ocurre la magia: el cerebro reconoce la actividad y responde con la memoria. Según su director, con una ejecución perfecta, sin un solo fallo. Memoria prodigiosa, es cierto, pero también entrenada. ¿Cuantas horas puede haber pasado Maria Joao al piano? ¿Cuantas veces habrá tocado ese concierto?

Esta anécdota puso en marcha sus recursos para afrontar una situación que la paralizó de miedo. Su apoyo en ese momento, el director, la empuja a moverse. De lo contrario, quizá se hubiera quedado sobre la banqueta, asustada e intentando recordar cómo era la melodía con exactitud. No lo sabremos. Pero se movió. Salió del paso sin gustarle como, eligiendo entre lo malo (no tocar) o lo menos malo (tocar de manera diferente a como le gusta hacerlo). 

En muchas ocasiones solo nos movemos cuando se dan las "circunstancias favorables" para hacerlo, o sólo después de haber "explorado todas las alternativas". Está bien jugar a las estrategias, y es útil y gratificante pero en muchas ocasiones el análisis excesivo para decidir cómo nos movemos lleva al movimiento "cero". 

El miedo a pifiarla gana. 

Sufriendo con ella, Maria nos regala su solución a su crisis. Ella asumió traicionarse a sí misma y a su manera de trabajar, sufriéndolo a su vez.


La pregunta es clara: ¿Qué riesgo estás dispuesto a asumir si quieres empezar a moverte?

martes, 8 de octubre de 2013

Ponle un nombre

"El sistema se estaba desmoronando. No había ninguna duda al respecto. O alguien de arriba se había vuelto loco, o algo marcha mal en la guerra, la guerra real. ¿Por qué si no iban a acabar con un sistema de entrenamiento como éste? ¿Por qué si no iban a destrozar el juego de la forma que lo habían hecho? ¿Por qué si no iban a poner a un crío como él al mando de una escuadra?

Bean se preguntaba todo eso mientras bajaba por el corredor hacia su cama. las luces se apagaron justo cuando llegó a su litera. Se desnudó en la oscuridad, tanteando para poner su ropa en un casillero que no podía ver. Se sentía fatal. Al principio pensó que se sentía mal porque le asustaba dirigir una escuadra, pero no era verdad. Sabía que sería un buen comandante.Tuvo ganas de llorar. No había llorado nunca desde los primeros días de nostalgia que siguieron a su llegada a la escuela. Intentó dar un nombre al sentimiento que le ponía un nudo en la garganta y le hacía sollozar en silencio, a pesar de los grandes esfuerzos que hacía para contenerlo. Se mordió la mano para detener el sentimiento, para sustituirlo por el dolor. no sirvió. No volvería a ver a Ender.

Cuando dio un nombre al sentimiento pudo controlarlo. Se tendió de espaldas y se obligó a hacer toda la rutina de relajamiento hasta que dejó de tener ganas de llorar".
 
Cuando disfrutamos o sufrimos pocas veces estamos sintiendo una sola emoción. De hecho muchas veces nos ocurre como al pequeño Bean: que en un momento dado, a causa de un detonante como es la partida de su amigo Ender, surgen otras emociones más (miedo a la incertidumbre, añoranza de los seres queridos, tristeza por la pérdida de su amigo) que hasta ese momento se ha intentado negar, ignorar o "superar", mirando hacia otro lado. Iniciar un proceso de "curación" de las emociones pasa por reconocerlas y ponerles un nombre, más allá del “estoy bien” o “mal”.

Esta gran novela cumple la que es para mí la premisa principal de la ciencia ficción: Explicar situaciones, sentimientos y hechos que el lector pueda reconocer y emocionarse con ellos… Aunque ocurra todo en un espacio y tiempo desconocidos.

Fragmento de "El Juego de Ender", pág 253. de Orson Scott Card.
Foto: generacionreader.blogspot.com

domingo, 2 de junio de 2013

¡¡¡Doraemooooooooooon!!! (O la co-dependencia)

Érase que se era una vez un niño japonés llamado Nobita, caprichoso, perezoso, impuntual, irresponsable, mal estudiante y con una gran capacidad para meterse en líos y no saber salir de ellos. Vive con él un gato del futuro llamado Doraemon, que ha viajado al pasado para ayudar a Nobita a que sea un futuro adulto competente.

A partir de ahí, muchos conocéis la historia. Cada día de su vida, Nobita se mete en un lío o simplemente, quiere algo (librarse de un examen, borrar unas malas notas, leer un cómic que no puede comprar) Y lo pide desesperadamente. Después de lloros y chantajes emocionales, consigue que Doraemon le dé la solución, en forma de cualquier artilugio de su bolsillo mágico. Lejos de aprovecharlo bien, Nobita siempre abusa del invento y la ventaja que le da y se mete en más líos, con lo que Doraemon debe rescatarlo al final del episodio. Lo hace una y otra vez en los centenares de capítulos de la serie.

En la relación, ambos se necesitan: Las necesidades de Nobita dan sentido a que Doraemon esté ahí. Por otra parte, sin él, Nobita se vería obligado a esforzarse y sacarse sus castañas del fuego. Con el tiempo, uno es cada vez más "incapaz" y el otro cada vez tiene un "bolsillo mágico" de recursos más grande... Pero para el otro. Por lo tanto, se necesitan. Y a la vez, ninguno de los dos es libre.

Pero esto sólo son dibujitos, ¿no? En realidad esto no ocurre...

En muchos de los malestares entre parejas o entre personas que deberían ser "iguales" puede que nos encontremos una situación parecida: que exista de manera muy clara un "necesitado de socorro" y que el otro sea el "Salvador".

En ocasiones, el "socorrido" no deja de exigir la ayuda. Conseguirla le es fácil y le da una ventaja: no tiene porqué espabilarse por sí mismo y por lo tanto, no aprende...
Y el "salvador" quiere lo mejor para el otro, evitarle el sufrimiento y que sepa arreglar sus problemas... Pero le duele que sea tan fácil para uno mísmo/a ayudarle y no hacerlo, además que se siente tan bien cuando lo hace...

El caso es que el uno por el otro van estrechando la relación, uno da sentido al otro y los dos repiten una y otra vez lo mismo... Hasta que uno, generalmente el que "ayuda", explota.

Como en esta conversación que "cacé" el otro día yendo en tren:

"-... y nada, que nos volvimos a discutir... Y yo ya estoy hasta las narices, siempre es lo mismo.
- ¿Qué pasó esta vez?
- Pues lo de siempre, vamos a comprar, llegamos al súper y no sabe la mitad de cosas que necesitamos. Sólo se acuerda de lo suyo, y con muchas cosas ni eso. Suerte que como esto ya ha pasado otras veces, ya lo había mirado yo...
- ...
- ... luego quiere ver una peli, la busca y no la encuentra... Me llama, voy, miro en un momento y está delante de sus narices... Y si viajamos igual, que compre yo la reserva, que voy más rápido y decido bien...
- Bueno, eso es bueno, ¿no?
- Si, siempre me da las gracias y eso me gusta... Pero es que a veces parece que me necesita para todo: Me consulta cosas del trabajo, qué le puede comprar a su familia, todo... También es verdad que cando no lo hace le pregunto yo si me necesita... Pero es que ayer ya no pude más...
- ¿Porque discutisteis?
- Tenía una cena con unas amigas de la que él no se acordaba... Y se molestó. Decía que no cuento con él, que no pinta nada en mi vida... No pude más."

Foto: animeclick.it

lunes, 21 de enero de 2013

¿Optimismo?

Antes que nada.... un poco de publicidad (que no patrocinio).


Este anuncio ha sido bastante popular estas Navidades. Cuando lo vi, me dejó esa sensación rara de "vale, es ingenioso, pero tiene un nosequéquéséyo que no me cuadra". 

Supe lo que era cuando leí este artículo de Ignacio Escolar en el eldiario.es del pasado 20 de diciembre (link). Si os va el humor negro, hay que reconocer que el vídeo tiene momentos épicos, como cuando muestra jóvenes que deben irse a trabajar al extranjero con una sonrisa de oreja a oreja, o cuando se menciona la red de AVE como algo de qué sentirse orgulloso (Visto lo visto y lo que sabemos, deseo pensar que lo han hecho queriendo ser irónicos).  

Este spot se vendió como un mensaje optimista para animar y salir de la crisis. A mí me dio qué pensar sobre el concepto de Optimismo y cómo creemos a veces (y para mí, erróneamente) que debe comportarse alguien optimista. 

En el RAE encontramos que Optimismo viene de Óptimo y se define como "la propensión a ver y juzgar las cosas en su versión más favorable".

Pero una cosa es ver la versión favorable de las cosas y ser capaz mantener una actitud positiva, de construcción y de no dejarse rendir ante las dificultades.

Otra muy diferente es ignorar aquello que se ha hecho mal, y sólo querer "mirar hacia delante".  

La primera repercute en acción, la segunda es una huida.Y huir generalmente sólo perjudica al que corre, es una lucha pasiva.

Ésa fue la sensación que me dejó el vídeo. Si no reconocemos e ignoramos lo que se ha hecho mal, huyendo hacia adelante, estamos condenados a repetirlo.

Como leí hace unos días: "lo malo no es tropezar varias veces con la misma piedra, sino encariñarse con ella".

lunes, 12 de marzo de 2012

Cruzando el río

Cayo Julio César (100 a. C.- 44 a.C) (bio) se enfrentó a una decisión vital en el año 49 a.C. , en una época de guerras civiles en la República Romana. Se disponía a volver a la capital después de 8 años fuera. En ese tiempo había conseguido conquistar por fin la Galia. Mientras tanto, sus enemigos se habían hecho fuertes en Roma, pero temían la ambición de César. Volvía como un general victorioso y muy popular, tan popular como temido.

Yendo hacia Italia, Julio llegó con sus tropas a la orilla del río Rubicón, un arroyo que servía de separación natural y legal entre la Galia y Roma. Si lo cruzaba con su ejército, infringía una ley sagrada: ningún general con sus ejércitos podía entrar armado a la ciudad. Si no lo hacía y se quedaba en la Galia, tarde o temprano le hubieran atacado, no podía eludir la batalla. Si lo hacía y fracasaba, él y sus herederos caerían en desgracia para siempre. Si lo cruzaba y triunfaba, ganaba una posición privilegiada a sus opositores y ganaría la guerra Civil, convirtiéndose en Dictador. La decisión era a todo o nada, y Julio cruzó. Los cronistas de la época le atribuyen a ese momento el famoso “alea iacta est” (la suerte está echada).  Desde entonces, con la expresión “cruzar el Rubicón”, se describe la toma de decisiones comprometida y arriesgada.

¿Cuánto cuesta tomar una decisión? Podemos intentar eludir la pregunta con un “pues depende de cual se trate”. Pero lo cierto es que la toma de decisiones lleva consigo un regalo envenenado: tener que enfrentarse a la Incertidumbre. Nos asaltan pensamientos como “¿Estaré haciendo bien?”, “¿Lo podría haber hecho mejor?” ,“¿Lo he tenido todo en cuenta? “, “Y después, ¿qué?”

El malestar de la incertidumbre es tal, que a menudo se vinculan estereotipos de liderazgo, fortaleza y éxito a la ausencia de dudas a la hora de tomar decisiones, por más pequeñas e insignificantes que puedan parecer. 

¿César no dudó? Y si dudó,  ¿Cómo pudo gestionar tanta incertidumbre? Los historiadores coinciden en resaltar que disfrutaba de los juegos de azar, como los dados. Trasladaba esa manera de ser  “jugador” a otros ámbitos: asumía que al margen de sus cálculos y maniobras, había siempre un componente de azar en lo que podía ocurrir. Se centraba en asumir ese azar como una parte más de la situación a manejar, no como el problema principal.

Y sobretodo, intentó siempre hacer algo diferente a lo que sus oponentes esperaban de él. Tenía claro que los cambios empezaban por él mismo: Cambiando él, cambiaba la situación.




Fuente: "Rubicón, auge y caída de la República Romana", Holland, T. 2003
Foto: "César atraviesa el Rubicón" s. XV http://www.artehistoria.jcyl.es/granbat/obras/28294.htm

martes, 6 de marzo de 2012

Improvisaciones

En Prevención de Riesgos Laborales se dice que hay dos maneras de entender la seguridad en el trabajo y por ende, dos maneras de trabajar la (posible) aparición de accidentes: la manera preventiva y la manera correctiva.

Si aplicas la manera Correctiva, significa que no adoptas medidas importantes para evitar los accidentes antes que ocurran: toda tu energía se destina a reaccionar, a poner parches para corregir errores. Te dedicas a actuar sólo cuando ya hay algo contra qué reaccionar. Esto puede ser cuando el accidente ya ha ocurrido o cuando el riesgo es tan grave y tan inminente que no te queda otra para evitar la catástrofe.

Por el contrario, existe una manera Preventiva de actuar. Quienes la eligen, eliminan riesgos antes que empiecen a causar problemas serios, observan, hacen pequeños cambios y van valorando resultados. En vez de pre-ocuparse, se ocupan. Siempre habrá imprevistos, pero el esfuerzo para amoldarse a éstos no será tan urgente, no les cogerá con el paso tan cambiado, estarán más preparados. Ya han anticipado y aceptado  que determinadas circunstancias pueden dar lugar a determinados riesgos.

Quienes defienden una manera más Correctiva de trabajar, dicen que es "muy caro" mantener un esfuerzo tan constante. Sobre todo, porque es muy costoso estar siempre previniendo algo que "no se sabe si pasará algun día". No planifican, no preveen. Esperan a actuar sólo cuando sea necesario y para solucionarlo todo rápidamente. A corto plazo.

Sin embargo, los que trabajan de manera más Preventiva, están convencidos que su esfuerzo vale la pena y lo explican de maner muy sencilla: "a largo plazo, es más costoso pagar accidentes y consecuencias que intentar mantener las condiciones para que éstos sean menores o no ocurran".

No sólo elegimos trabajar "a corto plazo" sólo en las empresas, sino también con muchos otros ámbitos, como el Emocional: queremos ver los resultados de los esfuerzos que hacemos de manera inmediata. Queremos que la dieta "milagro" nos quite 20 kilos de sobrepeso sin pasar hambre, que nuestra pareja esté "ahí" cuando la necesitamos y bajo cualquier circunstancia sin haber cuidado la relación, que nuestros hijos no defrauden los esfuerzos que en ellos hemos dedicado, ser capaces de soportar todo el estrés que se nos eche encima sin pestañear...

En muchas ocasiones sólo queremos hacer "inversión" cuando "realmente se necesita", como es un momento de crisis personal (de pareja/ familiar/ laboral). ¿Es realmente más barato?

¿Nos creemos el mensaje que dicen los médiums por la tele: "pide y se te dará"?

¿O elegimos Ocuparnos? ¿Y hacer Prevención?   

martes, 7 de febrero de 2012

Una tarde en el cine


El otro día leía una entrevista al actor Denzel Washington. En ella afirmaba: “el cine es sólo un entretenimiento”. Aunque en muchos casos (donde digo “caso”, quiero decir “película”) eso es cierto, la frase me indignó un poco. Se me antojó superficial.

Muchas personas integramos películas que nos han impactado y/o gustado, las hemos hecho nuestras. Historias, personajes concretos o frases sueltas conectan con alguna parte de nosotros y de nuestras emociones, y a veces nos hacen pensar. Para muestra, un botón: nos explicamos poniendo como ejemplos películas o escenas concretas, e incluso citamos textualmente frases enteras.

Hace poco vi una historia sobre una familia acomodada. Un padre, una madre, dos hijas, amigos, abuelos, más familia… todo va bien hasta que la mujer tiene un accidente y queda en coma. A partir de aquí todo se desorganiza y revoluciona. Secretos, reproches, sorpresas, cambios, encuentros… se van sucediendo.

A lo largo de la historia, a partir de un cambio enorme e inesperado, se suceden muchos otros. Algunos deseados por el espectador y otros indeseados. Como en la vida, los cambios llaman a más cambios. Y en medio de todo cada personaje, cada persona, intenta adaptarse a su manera. Lo hace según lo que sabe hacer, según lo que espera, según lo que desearía que pasase.

Algunos niegan los cambios, no querrían que ocurrieran e intentan simular que los cambios no se han producido o que dentro de muy poco todo será “como antes”.

Otros se enfadan, chillan y hieren, porque quieren combatirlos y no pueden con ellos. Algunos de estos últimos culpabilizan a los demás, intentando dar una explicación “racional” a lo ocurrido.

Otros se rinden, se resignan, creen que no pueden hacer nada por ellos mismos pero intentan salvar a los demás.

Éstos son sólo algunos ejemplos. En definitiva, cada persona en una crisis intenta adaptarse con los instrumentos que tiene a su alcance. Lo mismo ocurre en las familias. Por lo general, una familia enfrentará la crisis con el objetivo de permanecer, y que el equilibrio conseguido antes de la crisis no se rompa. Otra cosa son los “movimientos” que se harán para conseguirlo.

Son algunas reacciones, todas ellas posibles, algunas pasadas (lo admito) por el “suavizante” de Hollywood. Pero creo que siempre es un ejercicio interesante preguntarse a uno mismo por qué una película o un personaje nos impacta, y qué parte de nosotros se remueve ahí.

Pero “Los Descendientes” es sólo un ejemplo, ¿Cuál se te ocurre a ti?


viernes, 30 de diciembre de 2011

Decisiones, Peligros y Oportunidades

En una ocasión leí que los seres vivos nunca volvemos a ser los mismos que habíamos sido en el instante anterior. Minuto a minuto, y por el simple funcionamiento de nuestro cuerpo, se modifica nuestra estructura biológica. Son micro-cambios, imperceptibles a simple vista, pero cuyo efecto se puede ver pasado un tiempo. El envejecer es el ejemplo más claro.

Esto es especialmente relevante a nivel cerebral, ya que conversaciones, experiencias, recuerdos, emociones, pensamientos, cosas que hemos visto, cosas que hemos oído… nos cambian, cambian nuestra visión del mundo, de nosotros mismos. También y a menudo, cambian la visión que tenemos sobre nuestras propias capacidades.

Pero en ocasiones, a nivel vital, nos encontramos con grandes cambios. Con lo que llamamos cambios vitales. Al contrario que los micro-cambios, que nos modifican poco a poco y de manera que los podemos integrar y adaptarnos a ellos, los grandes cambios son grandes, enormes y a menudo nos desbordan. Separaciones, muertes, decepciones, despidos… o también una mudanza, tener un hijo (¡o varios!)... La lista es larga.

Pero es que además (y por si fuera poco) no es sólo la ocurrencia del hecho en si lo que nos desborda, sino las consecuencias que deja en nosotros.

Porque, además de tener que superar el dolor o la perplejidad,según el caso, tenemos un efecto añadido: replantearnos nuestro papel en nuestro mundo. También el papel de algunas de esas otras personas que estaban en nuestro mundo y con quienes lo compartíamos.

Nos encontramos con la desagradable necesidad de redefinirnos a nosotros mismos, enfrentarnos con lo que creíamos, lo que creíamos que sabíamos, con lo que realmente no sabemos, con nuestros miedos e inseguridades.

Deberemos reformularnos, es decir, decir lo mismo (uno mismo) con palabras diferentes. Cambiar para adaptarnos, consiguiendo a la vez seguir reconociéndonos a nosotros mismos. Y seguir adelante.

Hay muchas maneras de afrontar crisis y cambios, algunas de ellas vienen “de regalo” con la misma palabra Crisis.

Porque si nos vamos al latín “crisis” y a su origen griego krísis, su significado original es el de “juicio”, “juzgar” o “decidir”. Posteriormente se utilizó krísis en medicina, para definir el momento crítico de una dolencia, aquél en que se decide la evolución (para bien o para mal) que tendrá.


Pero si le preguntamos a alguien de origen chino, su visión será distinta. Nos diría que escribe la misma palabra a través de 2 símbolos. El primero tiene el significado de “peligro”, mientras que el segundo significa “oportunidad”.

Es decir, que una crisis trae consigo un peligro de ruptura del equilibrio que se conocía, y con ella caos. Incertidumbre y ansiedad. Pero también lleva consigo una oportunidad, la ocasión de hacer cambios que eviten una nueva crisis similar en el futuro, porque se habrán cambiado las estructuras que llevaron a ella.

¿Cómo enfrentamos las crisis? Podemos quedarnos paralizados por la perspectiva del peligro… o podemos intentar ver las oportunidades y tomar decisiones.

Quizá podría empezarse por empezar a descubrir posibilidades. Y darse a uno mismo tiempo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Edith Piaf


Las tardes de sábado aburridas y de “zapping” a veces son una verdadera mina. En una de éstas di con un documental sobre una canción: Non, je ne regrette rien, de Edith Piaf.
Edith Piaf (1915-1963) fue una cantante y actriz francesa. Ya desde su nacimiento su vida fue muy difícil. Vivió la pobreza y el abandono de pequeña. La pérdida de su única hija siendo ella todavía una adolescente. Ya adulta, el éxito, y sus amores, algunos trágicos al morir en accidentes. A su lado estuvieron cantantes a quienes ayudó a destacar en su época, como Yves Montand o Georges Moustaki. Entretanto, trabajó en el cine y en el music-hall y sus discos fueron superventas. Todo un mito en Francia. La última etapa de su vida estuvo marcada por secuelas de accidentes de tráfico, su adicción a la morfina y la mala salud. A la vez fue cuando tuvo mayor fama, con canciones como "La Vie en Rose",o "Milord".
"Non, je ne regrette rien" fue compuesta especialmente para Edith. Cantaba con pasión, con fuerza y con los puños cerrados que no se arrepentía. Que asumía sus acciones y sus consecuencias. Que no quería vivir en el pasado, sino con la vista en el presente y en el futuro:

Non, rien de rien                          -No, nada de nada-
Non, je ne regrette rien                -No, no me lamento de nada-
NI le bien qu'on m'a fait               -Ni el bien que me han hecho-
Ni le mal, tout ça m'est bien égal  -Ni el mal, todo eso me da igual-
Non, rien de rien                         -No, nada de nada-
Non, je ne regrette rien                -No, no me lamento de nada-
C'est payé, balayé, oublié,           -Pagado, barrido, olvidado-
Je me fous du passé                     -Me río del pasado-

Avec mes souvenirs, j'ai allumé le feu       -con mis recuerdos, encendí el fuego-
Mes chagrins mes plaisirs, je n'ai plus besoin d'eux  -Mis tristezas, mis placeres, no los necesito más-
Balayées les amours, avec leurs trémolos,    -Barridos los amores, con sus trémolos-
Balayées pour toujours, je repars é zéro       -Barridas para siempre, parto de cero-

Es decir, sin preguntarse constantemente “Por qué hice esto", "por qué no lo hice", "qué podría haber hecho diferente", "qué no debería haber hecho", "si ahora pudiera cambiar algo”... “si pudiera..., si pudiera...”, hasta el punto de no vivir el ahora y aquí, y con la cabeza en lo que pudo ser y no fue.
Me imagino una Edith con pasión por vivir su vida, más allá de sus limitaciones de salud y sus desengaños. Asumiendo que éstos formaban parte de su vida tanto como las alegrías. Con la convicción que seguir viviendo en un pasado que ya ha pasado y que no puede cambiar sólo le traería sentimientos de culpabilidad, resentimiento y melancolía.
Le preguntaría si además de vivir la vida y sus errores había aprendido de ellos, para no repetirlos. Y qué había disfrutado y aprendido de sus alegrías.
Si había vuelto a empezar de cero y sin arrepentirse, si, pero con la lección aprendida. Asumiendo que era una persona diferente a la de un tiempo atrás, y que haciendo las cosas de otra manera, podía aconseguir resultados diferentes y, por qué no, más satisfactorios para ella.
Le preguntaría su opinión de éste párrafo que leí hace poco (¡Gracias Eva Aguilar!) : “Nos volvemos como pensamos, y si nos obsesionamos con nuestros miedos y carencias, cada vez tendremos más. Por la misma razón, cuando miramos al futuro, es mejor centrarse en lo que uno quiere, en cómo uno quiere ser y en cómo uno quiere construir su vida” (José Luis González de Rivera, “Crisis Emocionales”).

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un pastel


Hoy te voy a proponer un experimento. Se me ocurrió hace poco. Te requerirá un poco de esfuerzo, pero tranquilo/a, no recibirás descargas eléctricas ni nada por el estilo.

Primero necesito que estés unas horas sin comer. Puedes beber lo que te apetezca, pero no comas. No te voy a decir cuántas horas, tú cuando notes en el estómago esa sensación de vacío, me avisas. Pero no gusanillo, tienes que tener HAMBRE.

¿Si? ¿Ya estás?

Vale. no pasa nada. Como recompensa a tu esfuerzo, mira lo que tengo para ti. Un buen pastel. De los que a ti más te gustan. Lo acabo de hacer. Sólo que me ha quedado grande. Podría ser para 10 personas. Pero no importa, con el hambre que tienes… seguro que te lo acabas.


…

¿Algún problema? ¿Cómo que no puedes más? ¡No vas ni por la mitad! Con el hambre que parecías tener. De la manera que te habías lanzado al pastel parecía que no ibas a dejar ni una migaja, pero ya veo: Te has puesto a engullir y te has empachado, y aquí se ha quedado tu pastel. Durante unos días no vas a poder ni mirarlo, de lo mal que te sientes…

Y quizá se estropee, porque en una temporada no tendrás ganas de pastel. Una lástima, con la buena pinta que tenía…

¿No te recuerda a algo esta situación? Si, te lo recuerdo… Tú tenías muchas ganas de conseguir un cambio, y has empezado a hacer cosas para conseguirlo, y en cuanto has visto mínimos resultados te has lanzado a disfrutarlos, como si ya estuviera todo hecho, como si pudieras con todo… Pero ya has visto que no es así. Lo has querido coger todo de golpe, y te has empachado.

En otras ocasiones te ha ocurrido algo parecido, has querido solucionar un problema muy grande de una única manera, y de una vez… y ya has visto que el pastel era demasiado grande para ti. Quizá hubiera sido mejor idea cortarlo en raciones más pequeñas, y así te lo hubieras podido comer a tu ritmo.

Te voy a proponer otra cosa… La próxima vez, si te parece bien, no esperaremos a que tengas tanta hambre. En lugar de coger todo el pastel de golpe, haremos lo que te he dicho: Lo cortaremos a trozos y lo iremos guardando, para que lo vayas disfrutando, para que la ración no sea tan grande si te cuesta digerirlo. Y para que siempre te quede algo por si tienes hambre.

No tengas tanta prisa, todo tiene su tiempo. Intenta no engullirlo todo de golpe.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sobre zanahorias, huevos y granos de café


Uno de los puntos en común entre todas las personas, independientemente de nuestro origen cultural y/o religioso, es la presencia de historias, relatos y cuentos a lo largo de nuestra vida. Podemos pensar que a partir de un determinado momento, ya adultos, los cuentos dejan de tener importancia, pero ¡cuántas veces habremos cogido un libro, o entrado en un cine, esperando que nos "cuenten" una historia que nos atrape!

Hoy voy a contar un cuento:

"Había una vez una hija que a menudo se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.
Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó la zanahorias y las puso en un tazón. Sacó los huevos y los puso en otro tazón. Sacó el café y lo puso en un tercer tazón.
Mirando a su hija le dijo: "Querida ¿qué ves?”
"Zanahorias huevos y café"- fue su respuesta.
Entonces la hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas.
Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera... Luego de sacarle la cáscara observó que estaba duro.
Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo,pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua, fuerte, dura... pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
La adversidad la había vuelto blanda y frágil.
El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior había cambiado.
Su apariencia exterior seguía siendo la misma, pero por dentro se había amargado y endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. Cuando las cosas se pusieron peor, reaccionaron y dieron al agua sabor y aroma. Cuando el café entra en ebullición, llega al punto máximo de sabor.

“¿Entonces, cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?”.

¿Cómo reaccionamos ante cada adversidad? ¿Querríamos reaccionar diferente? ¿Qué necesitamos para conseguirlo, cada uno de nosotros?