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miércoles, 1 de junio de 2016

La mosca cojonera

- Y, ¿qué tal te han ido las vacaciones?
- Buf, fatal. Necesitaba descansar, y pensé que lo pasaríamos bien en la playa, pero no hemos dejado de discutir en todo el viaje.
- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
- Pues chica, no lo sé. A ratos estaba contento, a ratos enfadado. Un día se levantó de mal humor y ni me hablaba, ni en el desayuno... Sólo me dice que ha pasado una noche rara y que no está de humor. Después se da una ducha y sale que parece otro, de buen humor. Y me dice “ya te he dicho que no me pasaba nada. Anda y no me agobies”.
- Ya...

Aparece una mosca en la consulta. Empieza a revolotear alrededor nuestro.

- Anda, ha entrado una mosca de esas grandes que hacen tanto ruido.
- Con este calor... ¿Paramos un minuto y la echo?
- No, déjalo, no me molesta. Te decía que tuvimos discusiones durante toda la semana. Estaba muy raro. Y claro, si no sé lo que le pasa, no sé qué hacer. Me siento mal (da un manotazo en el aire). Porque yo intento ayudarle y...
- ¿Cómo lo intentas?
- Intento comprenderlo. Yo sé que está muy estresado en el trabajo, vuelve a casa agotado de aguantar a su jefe.
- Vuelve muy cansado... ¿Y tú qué haces?
- ¡Ay, qué pesada está! (la mosca se le ha posado en la mano. La espanta.) Bueno, pues le pregunto qué tal el día, si me lo explica le escucho, intentamos encontrar alguna solución...
- Ya, pero ¿y tu? Porque también estás pasando una época difícil, con los recortes en tu empresa...
- Si, bueno, yo voy haciendo, no sé cómo irá la cosa, están negociando y tal... Pero hay días que lo paso mal, no tengo ganas de ir... (vuelve a dar otro manotazo en el aire).
- ¿Y él que te dice? ¿Te apoya?
- Bueno si, a su manera, ya sabes que es muy egoísta a veces, me gustaría que me escuchara más, pero no está acostumbrado. Con esa madre que tiene que le hacía todo... Poco a poco voy consiguiendo que cambie, pero me está costando y a veces no estoy bien, no sé muy bien lo que me pasa, ni si tengo que empezar a... AAHH!! ¡Ostras con la mosca! ¡AGH qué asco! ¡La he notado en la oreja!
- ¿Paramos y la echamos?
- Mira sí, si no te importa paramos. Estoy harta. ¡No puedo concentrarme!
- Si, la ibas buscando con la mirada. Toma esta revista para espantarla. ¿Te importa abrir la puerta?
- Sisisi, encantada. ¡Qué pesadez!

Al no encontrar hospitalidad, finalmente el insecto se va...

- Mira, creo que de este rato puedes sacar una conclusión interesante. ¿Qué ha pasado?
- Esa mosca cojonera no paraba de interrumpirme.
- ¿Te has dado cuenta de cuándo te interrumpía? ¿De qué estabas hablando?
- Mmmm... De mi pareja, ¿no? Como siempre que vengo a verte (suelta una risita nerviosa).
- No, más bien te interrumpía cuando hablabas de ti, de lo que te pasaba a ti y de lo que tu sentías. Y es curioso, aparecía la mosca y entonces sólo tenías ojos para ella. Y como sólo podemos atender una cosa cada vez...
- Si, ya hablamos de que el multitasking no existe...
- El caso es que en cuanto te distraes, tu conversación vuelve a lo que hace tu pareja, a lo que siente, a lo que piensa, a lo que quiere. Y así llevamos hoy un rato, que tu tiempo (y tu dinero) lo estás repartiendo entre intentar entender a tu pareja y una mosca cojonera.
- ...
- Apareció. Le diste toda tu atención. Cuando dejas de hacerlo, reaparece. No te ayuda, parece que cuando crees que ya sabes lo que hará, o crees haber conseguido que haga lo que tú quieres, siempre sale con algo inesperado. Tu pareja te ha dicho que le importas. Decís que os queréis infinitas veces. Pero sólo tú pareces haber cambiado para adaptarte a la relación. Esta persona sigue por ahí zumbando, a su aire, mientras tú procuras vivir teniendo en cuenta sus necesidades, su vuelo, sus sonidos. Pero hagas lo que hagas, la comprendas o no, siempre acabas frustrada. Nunca haces lo suficiente, te dirá. No habrás cambiado lo bastante para comprenderlo, para merecer tener la relación que te prometía ese ser tan fascinante. Ser la pareja que ibais a ser.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Empecemos de nuevo, te abro la puerta: ¿Cómo estás TÚ?



lunes, 31 de agosto de 2015

Una zoóloga en Marte

Oliver Sacks murió ayer por la mañana después de un cáncer terminal. Esta entrada es mi homenaje a él como científico y como persona, a su humanismo, a su trabajo y a su generosidad a la hora de
dejárnoslo. 

En 1995 publicó “Un antropólogo en Marte”. Es uno de sus libros más conocidos y vendidos y consiste en las 7 historias de personas a las que conoció, cada una con un trastorno diferente. A la vez que desarrolla como científico el caso y las características del trastorno, como escritor nos acerca a la historia de la persona a la que ha entrevistado o tratado como paciente.

El gran mérito de Sacks es hacer compatible el rigor médico y científico con la gran humanidad y respeto con el que habla de las personas. No estigmatiza, ni infantiliza ni los compadece. Entiende sus dificultades y menciona también sus potencialidades y sus logros.

En este libro descubrí a Temple Grandin. Nació en Boston en 1947. Es zoóloga, etóloga y profesora de la Universidad Estatal de Colorado. Se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesora de comportamiento animal en la Universidad de Colorado. Además, es autora de libros como “Thinking in Pictures” e “Interpretar a los animales”. Ha escrito múltiples libros y artículos sobre su especialidad, el diseño de sistemas para el transporte de ganado. Proyecta granjas, comederos, corrales y mataderos con la premisa que los animales sufran lo mínimo posible en sus instalaciones. Tiene desde hace años su propia ingeniería de proyectos. Viaja el 90% de su tiempo y sus charlas, libros, artículos y ponencias versan sobre 2 temas principales, aunque casi no hay división entre ellos: Por un lado su trabajo, por otro ella misma y su vida con su propio trastorno del desarrollo. Porque Temple Grandin es una persona con autismo. A los 4 años no hablaba.

Oliver Sacks la entrevistó durante un fin de semana. “Me hizo sentar con poca ceremonia, sin preliminares, sin convenciones, sin cháchara hueca acerca de mi viaje ni de si me había gustado Colorado. Su despacho, abarrotado de papeles, de trabajo hecho y por hacer, podría haber sido el de cualquier profesor universitario, con las paredes tapizadas de sus proyectos y figuras de animales que había recogido en sus viajes, Sin más preámbulos, comenzó a hablar de su trabajo, de su precoz interés por la psicología y el comportamiento animal, de cómo se relacionaban con la autoobservación y con la idea de sus propias necesidades como persona autista, y de cómo eso se habia unido a la parte de visualización e ingeniería de su mente para orientarla hacia el campo al que finalmente se había dedicado.”

Quienes conocemos el autismo, (Trastorno de Espectro Autista -TEA- en los manuales de diagnóstico), sabemos que, aunque hay rasgos comunes, se presenta de manera diferente en cada persona  lo que hace muy complicado su estudio y abordaje terapéutico. En los últimos 10 años se ha avanzado enormemente en las investigaciones, en el diagnóstico y en las herramientas para la estimulación precoz. Pero aún existen más enigmas que certezas. Si sabemos que no es una enfermedad y que no existe curación. Cada vez más voces, como la del Dr. José Ramon Alonso, comunican el autismo como una característica de la persona, de modo que nos refiramos a ellos como "personas con autismo" y no como "autistas".

El autismo presenta múltiples síntomas, pero todos los casos coinciden con que hay 3 facetas personales afectadas: el intercambio a nivel social (ese toma y daca que se da en cualquier interacción con los demás), la comunicación verbal y no verbal (no existe el habla o está muy afectada, por otra parte no se comprenden las expresiones faciales de los demás ni otros signos como el contacto físico) y la capacidad simbólica o conducta imaginativa (por ejemplo, jugar con un plátano como si fuera una pistola).

Las dificultades principales vienen de la interacción con los demás. Para las personas con autismo, las relaciones humanas son un enigma, un batiburrillo de signos caóticos que no entienden y que no descifran. Las convenciones sociales y culturales que aprendemos a manejar desde bien pequeños de manera natural se les escapan. Y les genera sufrimiento, porque notan que hay una exigencia que no pueden cumplir, pero que a la vez deben satisfacer porque “están ahí”, en un entorno social.

Temple Grandin es un caso de lo que se llama “autismo de alto funcionamiento”, un pequeño porcentaje a nivel estadístico de los casos totales, pero que pueden aportar mucho sobre cómo abordar la educación especial en niños y adultos con un nivel de trastorno más severo. Cuenta con habilidades excepcionales como una gran memoria visual, que mediante escuela especial la han ayudado a desarrollar un interés personal y una carrera profesional. Ha sido tozuda e insistente. Se concentra de manera casi obsesiva en su trabajo sin que ello le suponga estrés, sino una realización personal.

Ha aprendido a convivir con sus limitaciones y a desarrollar las posibilidades que le dan sus capacidades. Es una persona muy paradigmática porque tiene (y es excepcional en el autismo) mucha conciencia de si misma. Por eso es importante escuchar y leer qué tiene que decir, porque es importante para otros niños y adultos con dificultades, además de para sus familias y profesores. Y eso que cuando era niña no lo tuvo fácil:

“A los 6 meses comenzó a ponerse rígida en los brazos de su madre, a los 10 meses a arañarla como “un animal atrapado”. El contacto normal era casi imposible (…) Temple describe su mundo como hecho de sensaciones agudizadas, a veces hasta un grado torturante e inhibidas, a veces hasta casi la aniquilación. (…) Mostraba un intenso interés por los olores y un extraordinario sentido del olfato. Estaba sujeta a impulsos repentinos, y cuando éstos se frustraban le sobrevenía una violenta cólera. No comprendía ninguna de las reglas y códigos usuales de las relaciones humanas. (…) A los 3 años se volvió destructiva y violenta (…) Y sin embargo, como muchos niños con autismo, pronto desarrolló un inmenso poder de concentración, una atención selectiva tan intensa que fue capaz de crear un mundo propio, un lugar de calma y orden en el caos y el tumulto. “Podía sentarme durante horas en la playa jugando con la arena entre los dedos e imaginando montañas en miniatura (…)” O daba vueltas sobre sí misma, o hacía girar una moneda, tan ensimismada que no veía ni oía nada más”. 

Pero no digo más, os dejo con esta genial e inspiradora charla TED que Grandin
dio en 2010.



Si la queréis conocer mejor, os recomiendo que leáis su historia o veáis alguna de las muchas charlas que ya ha dado y están colgadas en Youtube. También os recomiendo una película sobre ella y su vida, muy bien documentada ("Temple Grandin" HBO, 2010). Permite entender desde dentro su propia experiencia del autismo y también la de aquellos que la rodean, a lo largo de su vida y sus momentos cruciales (la infancia, el diagnóstico, la recomendación de internarla de por vida, su escolarización, entre otras). Un fragmento:



Recomiendo su trabajo a padres-madres que necesitan comprender un poco mejor qué ocurre a su hijo/a y a los educadores. Es un gran altavoz de aquellos que en muchas ocasiones no pueden llegar a nosotros porque no saben cómo, y nosotros los “normales” no les entendemos, en parte porque tampoco sabemos ponernos en su piel.

He conocido a Temple y no creo que la deje fácilmente. Siempre dice que su autismo forma parte de ella, la hace ser como es, ha contribuido a su manera de pensar con lógica y a desarrollar su trabajo. Ella fue quien le dio nombre al libro, diciendo que prefería trabajar con animales porque a ellos les entendía, ya que cuando está entre los humanos se siente “como un antropólogo en Marte”.

Para saber más: 
- www.autismodiario.org – Portal en español especializado de información veraz y contrastada con novedades e investigaciones acerca del TEA.
- Libro: Sacks, Oliver. “Un antropólogo en Marte” págs. 301-360. Ed. Anagrama (1997)
- Libro: Alonso, José Ramón y Alonso Equisabel, Irene. “Investigaciones recientes sobre el autismo”. Ed. Psylicom Ediciones (2014).

domingo, 26 de abril de 2015

Pareja en crisis, pareja a oscuras

La comunicación en una pareja en crisis está sembrada de lindezas como quejas, enfados, reproches, rencores, acusaciones, faltas de respeto, luchas de poder, desgaste, berrinches, llanto, tristeza y ataques. Desde fuera parece que la situación es insoportable pero cuando se pregunta a la pareja por qué siguen juntos (que no unidos, evidentemente) en la inmensa mayoría de ocasiones la respuesta es:

“Porque nos queremos”

Ante tal contradicción la cabeza del psicólogo implosiona durante unos segundos. Pero empecemos a recomponerla:

Generalmente ambos miembros de la pareja (o uno de ellos más que el otro) tienen muy claro cuál son los problemas que los han llevado a esa situación. Se han ido generando con el tiempo, los malentendidos, las expectativas no cumplidas, los cambios que se esperaban y no se han producido. O dicho de otro modo, con la convivencia y los años en común su visión de la pareja se ha quedado casi a oscuras y solo ven esto:

Visión de una pareja a oscuras

Su atención está centrada en aquello identificado como los problemas, casi de manera exclusiva, porque son aquello que molesta. Como además sufren y hay una tensión emocional constante, hay prisa por resolverlos. Se buscan soluciones, se habla de ello en la pareja y con quienes les conocen. Si lo que se hace no resuelve los problemas, cuanto más tiempo pasa la atención se centra más en ellos. Se entra en bucle, porque cada vez más se intenta solucionar los problemas teniendo únicamente en cuenta los elementos que lo causan, haciendo siempre lo mismo buscando resultados diferentes.

Cada uno le dice al otro, “éste es el problema, cámbialo”, “cambia tú primero”, “eres desordenada, esfuérzate en ordenar (como yo haría)” “deja de ser tan irritante”, “no me gusta como vistes”, “programas demasiado las cosas”, ”siempre tengo que tener yo la iniciativa en el sexo”, etc.

Las parejas tienen muchas más posibilidades de mejorar con o sin terapia cuando empiezan a ser conscientes de que sólo estan prestando atención a una parte de la realidad (la que no les ayuda) y que, por lo tanto, no valoran todo lo que ya tienen, simplemente lo dan por asumido. Deben encender la luz y recuperar la visión global:
Visión con la luz encendida 

El amor es sólo el principio de la pareja. Imprescindible, pero un inicio. El amor no aguanta todo y muere de hambre si no lo alimentamos también con todo aquello que nos gusta y nos disgusta de nuestra pareja. Si no se alimenta, todo lo bueno desaparecerá, solo quedarán los problemas. Y eso si es un motivo de ruptura sin solución.

viernes, 10 de abril de 2015

Frustrados pero no reventados

Tenía una entrada preparada cuando he visto esta foto en facebook:



Es una viñeta de tantas que circulan por internet y que, con propósito pedagógico, dice a los adultos que si los niños no tienen los caprichos que quieren no pasa nada, que aprendan a frustrarse, que es positivo, y que más frustraciones les dará la vida. Correcto. Actualmente muchos profesionales sufren la llamada falta de tolerancia a la frustración creciente de la sociedad que estamos construyendo. Las consecuencias ya las estamos viendo, desde Síndromes del Emperador (niños tiranos) a una creciente falta de gestión de emociones negativas. Una de las consecuencias más extendidas son las adicciones.

Pero hoy no sigo por ahí. Mira de nuevo la imagen y observa concretamente la actitud del adulto, ¿Qué te dice?

Está de perfil, no vemos su cara, tapada por la capucha. No es importante que sepamos quien es. Está desanimado: hombros caídos, cabizbajo, manos en los bolsillos. No parece la actitud de quien realmente quiere educar al nene caprichoso que quiere el smartphone, si no el de alguien rendido a la frustración que le pide al niño que aprenda y acepte que cuanto antes se rinda, mejor.

Ahí es donde me ha explotado la cabeza, en la asociación frustración-pasividad y de rebote, en la asociación aceptación-rendición.

Cuando nos ponemos ante la realidad y los hechos, querramos o no, los percibimos e interpretamos según un filtro personal. Con la interpretación tenemos “lo que nosotros hemos entendido”. Es una opinión, cada uno tiene la suya. Después hacemos nuestra representación, es decir “qué significado tiene esto para mí”. Y ahí empieza el lío, porque la respuesta que demos, la que sea, será según lo que haya representado para nosotros. Y si nos gusta o no, si toca algo interno que duela o no.

No he podido evitar acordarme del cuadro de Stephen R. Covey en el que diferencia los diferentes estilos de lenguaje (*):

Lenguaje Reactivo
Lenguaje Proactivo
No puedo hacer nada
Yo soy así
Me vuelve loco
No lo permitirán
Tengo que hacer eso
No puedo
Debo
Examinemos alternativas
Puedo optar por un enfoque distinto
Controlo mis sentimientos
Puedo elaborar una exposición efectiva
Elegiré una respuesta adecuada
Elijo
Prefiero


Las palabras son eso, palabras, pero donde radica su fuerza es en la carga simbólica que les damos y en su impacto en nuestras emociones. Por este motivo decía Freud que “las palabras curan”. Pero también pueden hacer un gran daño, a menudo por acumulación. Recuerda que también “la pluma hiere más que la espada”.

Un lenguaje más proactivo invita a la acción y a procurar modificar aquello que nos afecta. Un lenguaje reactivo invita a tener una actitud pasiva, con poca intervención y delegando a los demás o a las circunstancias las responsabilidades si, pero también los motivos de éxito y/o fracaso de lo que nos ocurre.

La frustración es un sentimiento, y una herramienta. Su bondad o maldad dependerá del uso que se le dé:

  • A un niño se le puede enseñar que sentir frustración es sano, porque no se puede conseguir fácilmente y con una varita mágica todo lo que se desea. Existen límites. Pero por ser límites no son necesaramente limitantes. Muchisimos de ellos son salvables, se trata de buscarlos. En este caso, una frustración es positiva, porque nos puede poner en movimiento hacia algo conseguible.
  • Si se ve la frustración con impotencia, podemos llegar a rendirnos, porque “para qué moverme” y pensar que una cosa no conseguible puede representar que muchas otras cosas más no lo serán, sin probar nada diferente. La frustración será entonces negativa. 

Si siempre vinculamos frustración con rendición, alguien se beneficia de nuestras derrotas, generalmente quien procura que nos sintamos frustrados sin solución. Pensar en un movimiento diferente y hacerlo puede romper este ciclo “vicioso”. Y la mayoría de las veces, no es necesario un gran movimiento.

Como decía aquél “cuidado con lo que te dices, que te lo puedes creer”


(*) Covey habla de personas “Proactivas” y “Reactivas”, cosa que no comparto. Una persona no tiene porqué SER una cosa u otra de manera estable, al tratarla así la estoy “sentenciando”. Yo prefiero hablar de tendencias o de momentos en que una persona funciona de manera más reactiva o más proactiva.

Ilustración: www.e-faro.info

Cuadro extraído de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” R. Covey, Stephen Ed. Paidós Plural

jueves, 2 de abril de 2015

Qué se esconde tras una barba

Hoy quiero recomendar un cómic que me he leído hace poco. Y si, quizá no es muy habitual que se recomiende cómics en un blog como éste. ¿Mi razón? Que aunque de siempre me han gustado, cada vez tengo más claro que las novelas gráficas son una manera muy directa de explicar historias potentes. Mediante la imagen nos llegan las emociones del autor y de los protagonistas de un modo especial, casi inconsciente. No creas que son historias para niños, no solamente. Si no conoces la novela gráfica y te gusta leer, te invito a probar algo diferente.

Y empiezo por una historia que habla de una manera muy clara de dos temas que aparecen y son frecuente motivo de sufrimiento: el miedo a la incertidumbre y lo que nos exige adaptarnos a cambios inesperados.  

LA GIGANTESCA BARBA QUE ERA EL MAL (Stephen Collins, Ed. La Cúpula, 2014)

“Dave vive exactamente AQUÍ, en este lugar que da la espalda a un mar lleno de secretos. Todas las tardes, al volver de la oficina, se sienta en su escritorio, escucha canciones en bucle y dibuja a la gente que ve a través de la ventana. Entregado a esas rutinas, Dave se siente a salvo. 

Dave cuida el orden para que el orden lo cuide a él, pero a veces tiene la sensación que bajo la pulcra alfombra de la realidad puede haber algo, un mundo oculto debajo de la piel, la bárbara memoria de lo que fuimos. Y se está despertando”

Dave empieza a descubrir que su barba no es muy común


La historia es la de una barba que crece sin control en un mundo, una ciudad de caras perfectamente rasuradas, de peinados bien cortados y de estilos de vestir que cumplen las normas. Todo controlado en un perfecto orden. 

Una historia donde la gente vive en una isla llamada “AQUÍ”, de casas construidas iguales entre sí, calles limpias, árboles y jardines cuidados. Y rodeando esta isla, lo desconocido, el abismo, el caos, tan aterrador que la gente vive de espaldas a él. A ese lugar tan desconocido y aterrador le llaman “ALLÍ”.

Mapa de "Aquí" (Here) en el centro, rodeado del mar y del aterrador "Allí" (There)

Un mundo en orden donde la gente va al trabajo con la vista pegada al teléfono móvil en silencio y cumple sus tareas con diligencia, sin tener porqué saber qué sentido tiene hacerlas. Sin felicidad, sin tristeza, pero en un perfecto orden. Nadie se plantea si el orden gusta o no, está ahí, cumple su función y oculta los miedos de cada uno (“todo está en orden, nada nuevo, nada que temer”).

Pero muchos sabemos que todo aquello que se oculta con esmero, tarde o temprano volverá a intentar salir a la luz. Y que irrumpirá con más violencia cuanto más fuerte es el esfuerzo por ocultar y contener. En esta historia es una barba de una persona cualquiera al azar, que no tiene ni poderes especiales ni ninguna característica especial. La barba como metáfora de lo que en la vida real podría ser un secreto, o inseguridades que ocultamos.

Y es la historia de una barba que provoca cambios en su propietario y a su alrededor. Primero pequeños cambios, siempre al principio los cambios son pequeños. Pero como bien sabemos los psicólogos, los cambios provocan otros cambios más evidentes y grandes. La gente ordenada y pulcra reacciona ante el desorden de una barba que crece sin orden, sin propósito, sin objetivo y sin razón aparente. La gente reacciona, la sociedad reacciona, poco a poco, buscando el equilibrio perdido. Haciendo más cambios, y más....

Éste es un cómic sobre miedos y equilibrios perdidos, una metáfora algo surrealista, pero muy clara. Y que espero que disfrutes… si te atreves a adentrarte a ella :) 

Portada

Ejemplares disponibles en las Bibliotecas de Barcelona: https://sinera.diba.cat/record=b1750916~S171*

Enlace y reseña de la editorial: http://www.lacupula.com/catalogo/la-gigantesca-barba-que-era-el-mal

viernes, 26 de septiembre de 2014

Me falta un martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: 

"¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como ese le amargan a uno la vida. Y luego todavía de imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo." 

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes que el vecino tenga tiempo de decir "Buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo, imbécil!"

"El arte de amargarse la vida" Paul Watzlawick Ed. Herder. Página 43


Cuando la vida de uno es mínimamente activa surgen retos, problemas, situaciones a resolver. Algunas pueden solventarse, otras quizá no sea posible conseguirlo. Pero es importante tener en cuenta que en ocasiones el afán de prever situaciones puede convertirnos en nuestro peor enemigo, provocando el pensamiento de problemas que, en realidad, no son tales.

Leído en frío, acabo de decir una obviedad, es cierto. Pero en los momentos de crisis es más difícil discernir entre problemas prioritarios y tonterías sin importancia, pero que sacan de quicio. Es una habilidad que en lo posible, debería entrenarse fuera de los momentos de crisis personal, antes que se haya desbordado todo. Ser consciente de eso, de la propia capacidad para sobredimensionar las cosas, es un gran primer paso.

Un segundo es parar de pensar en cómo solucionarlo y reflexionar realmente para qué me estoy preocupando tanto y si realmente puedo hacer algo sencillo para solucionarlo.

El tercero es hacerlo. O no. Y seguir pensando hasta encontrar una solución... o no... Y dejar que esas tonterías sigan enmascarando si realmente lo que ocurre, el malestar, es otra cosa.

lunes, 27 de enero de 2014

Tener o no tener, ¿es la cuestión?

Tener hijos, tener éxito, tener pareja, tener la razón, tener cosas que hacer, tener tiempo libre. Tener tiempo, tener amigos, tener la familia, tener deportes, tener ocupaciones, tener mascotas, tener bienestar, tener tranquilidad.

No tener preocupaciones, no tener contratiempos, no tener rabietas, no tener malas sensaciones, no tener culpabilidad, no tener al lado una persona que no me quiere, no tener enemigos, no tener estrés, no tener errores, no tener dolor, no tener miedo.

Cuando se trabaja en psicología, se trabaja con conflictos de muchos tipos: con uno mismo, en casa con la familia, con la pareja, laborales...

Debemos ser realistas: no podemos vivir sin conflictos en nuestra vida. Son necesarios. Son una muestra que cada uno es una persona individual y diferente de los demás. Con los conflictos nos diferenciamos, A veces ganamos con ellos, a veces perdemos. Algunos llaman al cambio, otros se provocan para que nada cambie.

Pero lo que si podemos decidir es cómo vivimos en el conflicto: cómo nos posicionamos ante él. Y también podemos decidir cuán importante es ganarlo para nosotros.

Al principio he indicado varios "Tener" y "no tener". He llegado a la conclusión que en muchísimas ocasiones, nuestros motivos de malestar y bienestar se destilan a estas dos opciones. ¿Simple? Puede ser. Pero me gusta pensar que también hay otras opciones.

A una de ellas yo le llamaría "generosidad", otros le llaman "aceptación". La autora Louise L.Hay, le llama "dejar ir":


"Dejar ir" no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.

"Dejar ir" no es aislarme, es darme cuenta que no puedo controlar a otro.

"Dejar ir" no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.

"Dejar ir" es admitir la impotencia, que significa que el resultado no esta en mis manos.

"Dejar ir" no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mi mismo.

"Dejar ir" no es cuidar, sino atender.

"Dejar ir" no es reparar, sino ser de apoyo.

"Dejar ir" no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano.

"Dejar ir" no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos.

"Dejar ir" no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad.

"Dejar ir" no es negar, sino aceptar.

"Dejar ir" no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.

"Dejar ir" no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mi mismo en el.

"Dejar ir" no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.

"Dejar ir" es temer menos y Amar más.


P.D.: Si te animas a empezar a "dejar ir": Puede ser que los "fans" del "tener" reaccionen acusándote de "abandonar" o de abandonarles. No querrán dejar de tenerte. Como en el cuento de la gallina y sus polluelos. Pero cada uno puede decidir dónde pertenecer, aunque otros quieran tenerle.

martes, 31 de diciembre de 2013

Pianista en crisis

A quienes no la conozcáis, os quiero presentar hoy a una mujer maravillosa, Maria Joao Pires (enlace en wikipedia). Ella es concertista y solista de piano. En su currículum figura que es especialista en Mozart, y que la crítica considera sus duetos de Chopin de los mejores registrados hasta la fecha. 
Pero no es por eso que os la presento hoy.

En una ocasión, empezando un concierto, Maria Joao entró en pánico. Delante del piano, delante del director, del resto de la orquesta, delante del público que abarrotaba la sala de conciertos. María se quedó bloqueada. 

¿El motivo? La orquesta había empezado a tocar un concierto diferente al que ella esperaba. Se había preparado otra pieza. Si queréis ver qué ocurrió después, os invito a ver el vídeo y a seguir leyendo después... 



(Permitidme que os cuente yo también qué ocurrió, al estar el vídeo en inglés y holandés -no lo he encontrado ni siquiera subtitulado-).

María quiere tocar la pieza con una ejecución perfecta, sin un solo fallo, como se espera de ella. Se aterroriza cuando se da cuenta que la pieza es diferente ¿Cómo va a salir de ésta? Y se paraliza. Le dice a su director completamente en shock: "lo puedo intentar".

Pero no quiere, ¿cómo va a intentarlo? Debe tocar o no tocar, no quiere tocar a medias, improvisadamente, sin haber ensayado lo suficiente.

Pero su director, que la conoce y sabe su capacidad, le dice que toque, que ya conoce la pieza de haberla tenido en su repertorio el año anterior. "Lo harás bien", le dice, "tendrás éxito, la conoces bien".

Finalmente, empieza, de manera errática, forzada y dubitativa, tanteando... Y ocurre la magia: el cerebro reconoce la actividad y responde con la memoria. Según su director, con una ejecución perfecta, sin un solo fallo. Memoria prodigiosa, es cierto, pero también entrenada. ¿Cuantas horas puede haber pasado Maria Joao al piano? ¿Cuantas veces habrá tocado ese concierto?

Esta anécdota puso en marcha sus recursos para afrontar una situación que la paralizó de miedo. Su apoyo en ese momento, el director, la empuja a moverse. De lo contrario, quizá se hubiera quedado sobre la banqueta, asustada e intentando recordar cómo era la melodía con exactitud. No lo sabremos. Pero se movió. Salió del paso sin gustarle como, eligiendo entre lo malo (no tocar) o lo menos malo (tocar de manera diferente a como le gusta hacerlo). 

En muchas ocasiones solo nos movemos cuando se dan las "circunstancias favorables" para hacerlo, o sólo después de haber "explorado todas las alternativas". Está bien jugar a las estrategias, y es útil y gratificante pero en muchas ocasiones el análisis excesivo para decidir cómo nos movemos lleva al movimiento "cero". 

El miedo a pifiarla gana. 

Sufriendo con ella, Maria nos regala su solución a su crisis. Ella asumió traicionarse a sí misma y a su manera de trabajar, sufriéndolo a su vez.


La pregunta es clara: ¿Qué riesgo estás dispuesto a asumir si quieres empezar a moverte?

jueves, 12 de septiembre de 2013

Librarse de ciertas cargas no es fácil

"Dos monjes budistas, Tanzan y Ekido, viajaban juntos por un camino al que las abundantes lluvias habían llenado de fango. 
Photo: Zen Paintings of Sato Zenchu (1934) 

Al doblar un recodo se encontraron con un paso especialmente dificultoso. Era imposible seguir adelante sin llenarse de barro y una joven, vestida con un kimono de seda ceñido por un cinturón de tela, lo contemplaba dubitativa, incapaz de decidirse a cruzar.
- Ven aquí, muchacha- le digo ensequida Tanzan. 
Y, levantándola en sus brazos, la cruzó resueltamente, depositandola en el suelo al otro lado del barrizal. La joven le dio amablemente las gracias y siguió su camino.

Aquella noche, Akido no pronunció una sola palabra hasta que llegaron a un templo donde les ofrecieron hospitalidad. Allí, ya no pudo contenerse más:
- ¡Nosotros los monjes no debemos acercarnos a las mujeres! -dijo en tono de reproche a su compañero- Y especialmente si son jóvenes y hermosas. Es muy peligroso. ¿Por qué cogiste en tus brazos a esa muchacha?

-¡Vaya!- respondió Tanzan- Yo dejé a esa joven al otro lado del lodazal, pero veo que tú todavía la llevas a cuestas..."

Si es que las palabras que más ahogan son las que no se dicen...

domingo, 2 de junio de 2013

¡¡¡Doraemooooooooooon!!! (O la co-dependencia)

Érase que se era una vez un niño japonés llamado Nobita, caprichoso, perezoso, impuntual, irresponsable, mal estudiante y con una gran capacidad para meterse en líos y no saber salir de ellos. Vive con él un gato del futuro llamado Doraemon, que ha viajado al pasado para ayudar a Nobita a que sea un futuro adulto competente.

A partir de ahí, muchos conocéis la historia. Cada día de su vida, Nobita se mete en un lío o simplemente, quiere algo (librarse de un examen, borrar unas malas notas, leer un cómic que no puede comprar) Y lo pide desesperadamente. Después de lloros y chantajes emocionales, consigue que Doraemon le dé la solución, en forma de cualquier artilugio de su bolsillo mágico. Lejos de aprovecharlo bien, Nobita siempre abusa del invento y la ventaja que le da y se mete en más líos, con lo que Doraemon debe rescatarlo al final del episodio. Lo hace una y otra vez en los centenares de capítulos de la serie.

En la relación, ambos se necesitan: Las necesidades de Nobita dan sentido a que Doraemon esté ahí. Por otra parte, sin él, Nobita se vería obligado a esforzarse y sacarse sus castañas del fuego. Con el tiempo, uno es cada vez más "incapaz" y el otro cada vez tiene un "bolsillo mágico" de recursos más grande... Pero para el otro. Por lo tanto, se necesitan. Y a la vez, ninguno de los dos es libre.

Pero esto sólo son dibujitos, ¿no? En realidad esto no ocurre...

En muchos de los malestares entre parejas o entre personas que deberían ser "iguales" puede que nos encontremos una situación parecida: que exista de manera muy clara un "necesitado de socorro" y que el otro sea el "Salvador".

En ocasiones, el "socorrido" no deja de exigir la ayuda. Conseguirla le es fácil y le da una ventaja: no tiene porqué espabilarse por sí mismo y por lo tanto, no aprende...
Y el "salvador" quiere lo mejor para el otro, evitarle el sufrimiento y que sepa arreglar sus problemas... Pero le duele que sea tan fácil para uno mísmo/a ayudarle y no hacerlo, además que se siente tan bien cuando lo hace...

El caso es que el uno por el otro van estrechando la relación, uno da sentido al otro y los dos repiten una y otra vez lo mismo... Hasta que uno, generalmente el que "ayuda", explota.

Como en esta conversación que "cacé" el otro día yendo en tren:

"-... y nada, que nos volvimos a discutir... Y yo ya estoy hasta las narices, siempre es lo mismo.
- ¿Qué pasó esta vez?
- Pues lo de siempre, vamos a comprar, llegamos al súper y no sabe la mitad de cosas que necesitamos. Sólo se acuerda de lo suyo, y con muchas cosas ni eso. Suerte que como esto ya ha pasado otras veces, ya lo había mirado yo...
- ...
- ... luego quiere ver una peli, la busca y no la encuentra... Me llama, voy, miro en un momento y está delante de sus narices... Y si viajamos igual, que compre yo la reserva, que voy más rápido y decido bien...
- Bueno, eso es bueno, ¿no?
- Si, siempre me da las gracias y eso me gusta... Pero es que a veces parece que me necesita para todo: Me consulta cosas del trabajo, qué le puede comprar a su familia, todo... También es verdad que cando no lo hace le pregunto yo si me necesita... Pero es que ayer ya no pude más...
- ¿Porque discutisteis?
- Tenía una cena con unas amigas de la que él no se acordaba... Y se molestó. Decía que no cuento con él, que no pinta nada en mi vida... No pude más."

Foto: animeclick.it

domingo, 19 de mayo de 2013

Mentiras piadosas (hablando de drogas)

El otro día salió en la prensa este artículo: (Fuente:La Vanguardia)

¿Los padres deben mentir cuando los hijos les preguntan si han probado las drogas? Los adolescentes tienen más riesgo de consumirlas si sus padres les explican sus experiencias en este campo.

Mentir y negarlo todo. ésta podría ser la estrategia para los padres que hayan probado las drogas si sus hijos adolescentes les preguntan por el tema. Al menos, así lo sugiere un nuevo estudio de la Human Comunication Research, recogido por la revista The Atlantic,que indica que hablar abiertamente a los hijos sobre las drogas les ayuda a crear un sentimiento de prevención y contrario a su consumo, pero que su efecto es el contrario si, cuando se aborda el tema, salen a colación posibles divagaciones y experiencias con las drogas de los mismo padres, aun que sea para expresar su arrepentimiento por haberlo hecho.

Los investigadores autores del estudio preguntaron a un grupo de adolescentes qué les habían explicado sus padres sobre el consumo de drogas y cuáles eran sus sentimientos sobre las drogas. En general, los jóvenes que habían hablado con sus padres sobre el tema tendían más a oponerse a su consumo. De todos modos, esta prevención se reducía en los casos en los cuales los progenitores les habían explicado que habían tomado drogas.

Los investigadores, según The Atlantic, afirman que eso se debe a que los padres estarían enviando mensajes contradictorios a sus hijos. Por una parte les dicen que no deben probar las drogas y a la vez, les dicen por la vía de su propia experiencia vital que tomarlas es algo normal y sin tantos riesgos. 

Que el titular no despiste: Como en otras muchas cuestiones, quizá la cuestión que de verdad puede marcar la diferencia no es sólo un Sí-No (mientes/se ha tomado drogas) si no el CÓMO se habla o se da la información sobre drogas, u otros temas.

Sería un error creer que la comunicación padres-hijos sobre las drogas depende sólo de si los padres las han tomado o no. ¿Dónde queda la confianza y el papel de referencia que un padre o una madre deberían tener? ¿Cómo puedes pedir a tu hijo/a que confíe en ti si la única salida que ves para hablarles de un tema tan complicado es mentir?

¿No es más importante, entre otras cosas:

  • Que si precisamente se ha sufrido lo que afectan las drogas, por consumo propio o de otros, poderlo explicar de una manera adecuada y poder darle un valor positivo?
  • Que la comunicación en la familia no se base en mentiras, lecciones teóricas  o informaciones contradictorias entre si?
  • Que el niño /adolescente/joven tenga información suficientes sobre las drogas y sus consecuencias, que le ayude a tener un criterio propio?
  • Que en la familia se intente crear un clima de confianza para que en caso que lo necesite pueda recurrir a ellos y pedir apoyo, consejo o ayuda?
¿No es absurdo, no hay otra solución que mentir?

Se me ocurren estas preguntas, podrían ser muchas más... ¿Qué respuestas les darías?

jueves, 24 de enero de 2013

Un regalo (Cuento Zen)

Una vez vivió un gran guerrero. Aunque bastante viejo, él aún podía derrotar a cualquier retador. Su reputación se extendió a lo largo y ancho del país, y muchos estudiantes se reunieron para estudiar con él.

Un día, un infame joven guerrero llegó a la aldea. Estaba determinado en ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una inexplicable habilidad de notar y de explotar cualquier debilidad en un adversario. Esperaba a que su rival hiciera el primer movimiento, de esa manera revelando una debilidad, y después golpeaba con una despiadada fuerza y una velocidad de relámpago. Nunca, nadie había durado en un combate con él, más allá del primer movimiento.

Muy en contra del consejo de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó con mucho gusto el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron en guardia para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzar insultos al viejo maestro. Tiró mugre y escupitajos en su cara. Por horas lo atacó verbalmente con cada maldición e insulto conocido por los hombres. Pero el viejo guerrero simplemente estaba parado allí, inmóvil y tranquilo. Finalmente, el joven guerrero se agotó. Sabiendo que había sido derrotado, se marchó, sintiéndose avergonzado.

Algo decepcionados porque no luchó con el insolente joven, los estudiantes se reunieron alrededor del viejo maestro y le preguntaron. “¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo lo alejó?”.

“Si alguien viene darles un regalo y ustedes no lo reciben” contestó el maestro, “¿a quién pertenece el regalo?".

Generalmente pensamos que ante los conflictos sólo podemos reaccionar de dos maneras: ataque o huida. Y generalmente las dos benefician al "atacante", porque ambas desgastan al "recipiente" del ataque. 

Lo que a veces no nos cuentan es que uno no tiene porqué aceptar todo lo que se le ofrezca...