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jueves, 12 de septiembre de 2013

Librarse de ciertas cargas no es fácil

"Dos monjes budistas, Tanzan y Ekido, viajaban juntos por un camino al que las abundantes lluvias habían llenado de fango. 
Photo: Zen Paintings of Sato Zenchu (1934) 

Al doblar un recodo se encontraron con un paso especialmente dificultoso. Era imposible seguir adelante sin llenarse de barro y una joven, vestida con un kimono de seda ceñido por un cinturón de tela, lo contemplaba dubitativa, incapaz de decidirse a cruzar.
- Ven aquí, muchacha- le digo ensequida Tanzan. 
Y, levantándola en sus brazos, la cruzó resueltamente, depositandola en el suelo al otro lado del barrizal. La joven le dio amablemente las gracias y siguió su camino.

Aquella noche, Akido no pronunció una sola palabra hasta que llegaron a un templo donde les ofrecieron hospitalidad. Allí, ya no pudo contenerse más:
- ¡Nosotros los monjes no debemos acercarnos a las mujeres! -dijo en tono de reproche a su compañero- Y especialmente si son jóvenes y hermosas. Es muy peligroso. ¿Por qué cogiste en tus brazos a esa muchacha?

-¡Vaya!- respondió Tanzan- Yo dejé a esa joven al otro lado del lodazal, pero veo que tú todavía la llevas a cuestas..."

Si es que las palabras que más ahogan son las que no se dicen...

jueves, 24 de enero de 2013

Un regalo (Cuento Zen)

Una vez vivió un gran guerrero. Aunque bastante viejo, él aún podía derrotar a cualquier retador. Su reputación se extendió a lo largo y ancho del país, y muchos estudiantes se reunieron para estudiar con él.

Un día, un infame joven guerrero llegó a la aldea. Estaba determinado en ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una inexplicable habilidad de notar y de explotar cualquier debilidad en un adversario. Esperaba a que su rival hiciera el primer movimiento, de esa manera revelando una debilidad, y después golpeaba con una despiadada fuerza y una velocidad de relámpago. Nunca, nadie había durado en un combate con él, más allá del primer movimiento.

Muy en contra del consejo de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó con mucho gusto el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron en guardia para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzar insultos al viejo maestro. Tiró mugre y escupitajos en su cara. Por horas lo atacó verbalmente con cada maldición e insulto conocido por los hombres. Pero el viejo guerrero simplemente estaba parado allí, inmóvil y tranquilo. Finalmente, el joven guerrero se agotó. Sabiendo que había sido derrotado, se marchó, sintiéndose avergonzado.

Algo decepcionados porque no luchó con el insolente joven, los estudiantes se reunieron alrededor del viejo maestro y le preguntaron. “¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo lo alejó?”.

“Si alguien viene darles un regalo y ustedes no lo reciben” contestó el maestro, “¿a quién pertenece el regalo?".

Generalmente pensamos que ante los conflictos sólo podemos reaccionar de dos maneras: ataque o huida. Y generalmente las dos benefician al "atacante", porque ambas desgastan al "recipiente" del ataque. 

Lo que a veces no nos cuentan es que uno no tiene porqué aceptar todo lo que se le ofrezca...