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miércoles, 1 de junio de 2016

La mosca cojonera

- Y, ¿qué tal te han ido las vacaciones?
- Buf, fatal. Necesitaba descansar, y pensé que lo pasaríamos bien en la playa, pero no hemos dejado de discutir en todo el viaje.
- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
- Pues chica, no lo sé. A ratos estaba contento, a ratos enfadado. Un día se levantó de mal humor y ni me hablaba, ni en el desayuno... Sólo me dice que ha pasado una noche rara y que no está de humor. Después se da una ducha y sale que parece otro, de buen humor. Y me dice “ya te he dicho que no me pasaba nada. Anda y no me agobies”.
- Ya...

Aparece una mosca en la consulta. Empieza a revolotear alrededor nuestro.

- Anda, ha entrado una mosca de esas grandes que hacen tanto ruido.
- Con este calor... ¿Paramos un minuto y la echo?
- No, déjalo, no me molesta. Te decía que tuvimos discusiones durante toda la semana. Estaba muy raro. Y claro, si no sé lo que le pasa, no sé qué hacer. Me siento mal (da un manotazo en el aire). Porque yo intento ayudarle y...
- ¿Cómo lo intentas?
- Intento comprenderlo. Yo sé que está muy estresado en el trabajo, vuelve a casa agotado de aguantar a su jefe.
- Vuelve muy cansado... ¿Y tú qué haces?
- ¡Ay, qué pesada está! (la mosca se le ha posado en la mano. La espanta.) Bueno, pues le pregunto qué tal el día, si me lo explica le escucho, intentamos encontrar alguna solución...
- Ya, pero ¿y tu? Porque también estás pasando una época difícil, con los recortes en tu empresa...
- Si, bueno, yo voy haciendo, no sé cómo irá la cosa, están negociando y tal... Pero hay días que lo paso mal, no tengo ganas de ir... (vuelve a dar otro manotazo en el aire).
- ¿Y él que te dice? ¿Te apoya?
- Bueno si, a su manera, ya sabes que es muy egoísta a veces, me gustaría que me escuchara más, pero no está acostumbrado. Con esa madre que tiene que le hacía todo... Poco a poco voy consiguiendo que cambie, pero me está costando y a veces no estoy bien, no sé muy bien lo que me pasa, ni si tengo que empezar a... AAHH!! ¡Ostras con la mosca! ¡AGH qué asco! ¡La he notado en la oreja!
- ¿Paramos y la echamos?
- Mira sí, si no te importa paramos. Estoy harta. ¡No puedo concentrarme!
- Si, la ibas buscando con la mirada. Toma esta revista para espantarla. ¿Te importa abrir la puerta?
- Sisisi, encantada. ¡Qué pesadez!

Al no encontrar hospitalidad, finalmente el insecto se va...

- Mira, creo que de este rato puedes sacar una conclusión interesante. ¿Qué ha pasado?
- Esa mosca cojonera no paraba de interrumpirme.
- ¿Te has dado cuenta de cuándo te interrumpía? ¿De qué estabas hablando?
- Mmmm... De mi pareja, ¿no? Como siempre que vengo a verte (suelta una risita nerviosa).
- No, más bien te interrumpía cuando hablabas de ti, de lo que te pasaba a ti y de lo que tu sentías. Y es curioso, aparecía la mosca y entonces sólo tenías ojos para ella. Y como sólo podemos atender una cosa cada vez...
- Si, ya hablamos de que el multitasking no existe...
- El caso es que en cuanto te distraes, tu conversación vuelve a lo que hace tu pareja, a lo que siente, a lo que piensa, a lo que quiere. Y así llevamos hoy un rato, que tu tiempo (y tu dinero) lo estás repartiendo entre intentar entender a tu pareja y una mosca cojonera.
- ...
- Apareció. Le diste toda tu atención. Cuando dejas de hacerlo, reaparece. No te ayuda, parece que cuando crees que ya sabes lo que hará, o crees haber conseguido que haga lo que tú quieres, siempre sale con algo inesperado. Tu pareja te ha dicho que le importas. Decís que os queréis infinitas veces. Pero sólo tú pareces haber cambiado para adaptarte a la relación. Esta persona sigue por ahí zumbando, a su aire, mientras tú procuras vivir teniendo en cuenta sus necesidades, su vuelo, sus sonidos. Pero hagas lo que hagas, la comprendas o no, siempre acabas frustrada. Nunca haces lo suficiente, te dirá. No habrás cambiado lo bastante para comprenderlo, para merecer tener la relación que te prometía ese ser tan fascinante. Ser la pareja que ibais a ser.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Empecemos de nuevo, te abro la puerta: ¿Cómo estás TÚ?



lunes, 31 de agosto de 2015

Una zoóloga en Marte

Oliver Sacks murió ayer por la mañana después de un cáncer terminal. Esta entrada es mi homenaje a él como científico y como persona, a su humanismo, a su trabajo y a su generosidad a la hora de
dejárnoslo. 

En 1995 publicó “Un antropólogo en Marte”. Es uno de sus libros más conocidos y vendidos y consiste en las 7 historias de personas a las que conoció, cada una con un trastorno diferente. A la vez que desarrolla como científico el caso y las características del trastorno, como escritor nos acerca a la historia de la persona a la que ha entrevistado o tratado como paciente.

El gran mérito de Sacks es hacer compatible el rigor médico y científico con la gran humanidad y respeto con el que habla de las personas. No estigmatiza, ni infantiliza ni los compadece. Entiende sus dificultades y menciona también sus potencialidades y sus logros.

En este libro descubrí a Temple Grandin. Nació en Boston en 1947. Es zoóloga, etóloga y profesora de la Universidad Estatal de Colorado. Se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesora de comportamiento animal en la Universidad de Colorado. Además, es autora de libros como “Thinking in Pictures” e “Interpretar a los animales”. Ha escrito múltiples libros y artículos sobre su especialidad, el diseño de sistemas para el transporte de ganado. Proyecta granjas, comederos, corrales y mataderos con la premisa que los animales sufran lo mínimo posible en sus instalaciones. Tiene desde hace años su propia ingeniería de proyectos. Viaja el 90% de su tiempo y sus charlas, libros, artículos y ponencias versan sobre 2 temas principales, aunque casi no hay división entre ellos: Por un lado su trabajo, por otro ella misma y su vida con su propio trastorno del desarrollo. Porque Temple Grandin es una persona con autismo. A los 4 años no hablaba.

Oliver Sacks la entrevistó durante un fin de semana. “Me hizo sentar con poca ceremonia, sin preliminares, sin convenciones, sin cháchara hueca acerca de mi viaje ni de si me había gustado Colorado. Su despacho, abarrotado de papeles, de trabajo hecho y por hacer, podría haber sido el de cualquier profesor universitario, con las paredes tapizadas de sus proyectos y figuras de animales que había recogido en sus viajes, Sin más preámbulos, comenzó a hablar de su trabajo, de su precoz interés por la psicología y el comportamiento animal, de cómo se relacionaban con la autoobservación y con la idea de sus propias necesidades como persona autista, y de cómo eso se habia unido a la parte de visualización e ingeniería de su mente para orientarla hacia el campo al que finalmente se había dedicado.”

Quienes conocemos el autismo, (Trastorno de Espectro Autista -TEA- en los manuales de diagnóstico), sabemos que, aunque hay rasgos comunes, se presenta de manera diferente en cada persona  lo que hace muy complicado su estudio y abordaje terapéutico. En los últimos 10 años se ha avanzado enormemente en las investigaciones, en el diagnóstico y en las herramientas para la estimulación precoz. Pero aún existen más enigmas que certezas. Si sabemos que no es una enfermedad y que no existe curación. Cada vez más voces, como la del Dr. José Ramon Alonso, comunican el autismo como una característica de la persona, de modo que nos refiramos a ellos como "personas con autismo" y no como "autistas".

El autismo presenta múltiples síntomas, pero todos los casos coinciden con que hay 3 facetas personales afectadas: el intercambio a nivel social (ese toma y daca que se da en cualquier interacción con los demás), la comunicación verbal y no verbal (no existe el habla o está muy afectada, por otra parte no se comprenden las expresiones faciales de los demás ni otros signos como el contacto físico) y la capacidad simbólica o conducta imaginativa (por ejemplo, jugar con un plátano como si fuera una pistola).

Las dificultades principales vienen de la interacción con los demás. Para las personas con autismo, las relaciones humanas son un enigma, un batiburrillo de signos caóticos que no entienden y que no descifran. Las convenciones sociales y culturales que aprendemos a manejar desde bien pequeños de manera natural se les escapan. Y les genera sufrimiento, porque notan que hay una exigencia que no pueden cumplir, pero que a la vez deben satisfacer porque “están ahí”, en un entorno social.

Temple Grandin es un caso de lo que se llama “autismo de alto funcionamiento”, un pequeño porcentaje a nivel estadístico de los casos totales, pero que pueden aportar mucho sobre cómo abordar la educación especial en niños y adultos con un nivel de trastorno más severo. Cuenta con habilidades excepcionales como una gran memoria visual, que mediante escuela especial la han ayudado a desarrollar un interés personal y una carrera profesional. Ha sido tozuda e insistente. Se concentra de manera casi obsesiva en su trabajo sin que ello le suponga estrés, sino una realización personal.

Ha aprendido a convivir con sus limitaciones y a desarrollar las posibilidades que le dan sus capacidades. Es una persona muy paradigmática porque tiene (y es excepcional en el autismo) mucha conciencia de si misma. Por eso es importante escuchar y leer qué tiene que decir, porque es importante para otros niños y adultos con dificultades, además de para sus familias y profesores. Y eso que cuando era niña no lo tuvo fácil:

“A los 6 meses comenzó a ponerse rígida en los brazos de su madre, a los 10 meses a arañarla como “un animal atrapado”. El contacto normal era casi imposible (…) Temple describe su mundo como hecho de sensaciones agudizadas, a veces hasta un grado torturante e inhibidas, a veces hasta casi la aniquilación. (…) Mostraba un intenso interés por los olores y un extraordinario sentido del olfato. Estaba sujeta a impulsos repentinos, y cuando éstos se frustraban le sobrevenía una violenta cólera. No comprendía ninguna de las reglas y códigos usuales de las relaciones humanas. (…) A los 3 años se volvió destructiva y violenta (…) Y sin embargo, como muchos niños con autismo, pronto desarrolló un inmenso poder de concentración, una atención selectiva tan intensa que fue capaz de crear un mundo propio, un lugar de calma y orden en el caos y el tumulto. “Podía sentarme durante horas en la playa jugando con la arena entre los dedos e imaginando montañas en miniatura (…)” O daba vueltas sobre sí misma, o hacía girar una moneda, tan ensimismada que no veía ni oía nada más”. 

Pero no digo más, os dejo con esta genial e inspiradora charla TED que Grandin
dio en 2010.



Si la queréis conocer mejor, os recomiendo que leáis su historia o veáis alguna de las muchas charlas que ya ha dado y están colgadas en Youtube. También os recomiendo una película sobre ella y su vida, muy bien documentada ("Temple Grandin" HBO, 2010). Permite entender desde dentro su propia experiencia del autismo y también la de aquellos que la rodean, a lo largo de su vida y sus momentos cruciales (la infancia, el diagnóstico, la recomendación de internarla de por vida, su escolarización, entre otras). Un fragmento:



Recomiendo su trabajo a padres-madres que necesitan comprender un poco mejor qué ocurre a su hijo/a y a los educadores. Es un gran altavoz de aquellos que en muchas ocasiones no pueden llegar a nosotros porque no saben cómo, y nosotros los “normales” no les entendemos, en parte porque tampoco sabemos ponernos en su piel.

He conocido a Temple y no creo que la deje fácilmente. Siempre dice que su autismo forma parte de ella, la hace ser como es, ha contribuido a su manera de pensar con lógica y a desarrollar su trabajo. Ella fue quien le dio nombre al libro, diciendo que prefería trabajar con animales porque a ellos les entendía, ya que cuando está entre los humanos se siente “como un antropólogo en Marte”.

Para saber más: 
- www.autismodiario.org – Portal en español especializado de información veraz y contrastada con novedades e investigaciones acerca del TEA.
- Libro: Sacks, Oliver. “Un antropólogo en Marte” págs. 301-360. Ed. Anagrama (1997)
- Libro: Alonso, José Ramón y Alonso Equisabel, Irene. “Investigaciones recientes sobre el autismo”. Ed. Psylicom Ediciones (2014).

miércoles, 12 de agosto de 2015

Vivir en el presente

En la actualidad parece imprescindible responder a todas las exigencias, internas y externas. Y aunque lo intentemos es difícil anticiparse. El estrés, la insatisfacción, la frustración aumentan… Y también la sensación de vacío que, según dicen, se produce porque no hemos encontrado aún el modo de ser felices con lo que hacemos. 

Cuando aparece un problema nos piden una solución inmediata y hacemos lo mismo con nosotros mismos. Y la necesitamos ahora, ya, no queremos perder mucho tiempo, que hay mucho por hacer.

Pero tenemos una ayuda: Cual superhéroe, la Autoayuda prefabricada se ha actualizado en internet. Su superpoder es dar la respuesta antes de formular la pregunta. Una solución sencilla, además: Una sola foto en facebook, o en ese grupo de whatsapp de padres del cole de la niña. Pero viéndola, la solución queda clara: 


 Lo llaman el “centrarse en el Aquí y Ahora”. Y se abre la veda, porque la expresión se ha puesto de moda y se mete todo bajo la misma etiqueta. Encontramos prácticas y técnicas realmente útiles para cuidarse o para aprender nuevas habilidades o cómo manejarse con las que ya se tiene. También grupos y personas con escaso propósito terapéutico, donde el interés reside en ejercer una influencia o lucrarse de los demás, aprovechando que están en un momento de desorientación y dificultades.
   
Hay otra vertiente muy importante a tener en cuenta, la que me interesa hoy: Cómo cada persona dirige y lleva a cabo ésta búsqueda y los cambios que hace en su vida para sentirse mejor, lograr más autoestima, manejarse en el entorno actual. Todos queremos estar bien, pero es muy importante tener en cuenta esto: 

Vivir “en el presente” no se debe confundir con vivir “para el presente”.

Vivir en el presente, prestando atención a nuestras sensaciones complejas acerca de lo que es bueno para nosotros, no es lo mismo que vivir para el presente, que implica simplemente hacer aquello que nos hace sentir bien, sin tener en cuenta las consecuencias. (*)


Vivir en el presente consiste en realizar un ejercicio voluntario de reflexión, de concentrar nuestra atención en un punto, en una respiración, en una situación. Es aprender a centrarse en lo que uno está haciendo, sintiendo, pensando en un momento dado. 

Es atreverse a ser autocrítico y a la vez aprender a quererse, dándose permiso para ser autocompasivo cuando realmente no se llega a más, o se ha hecho lo posible. Porque quien hace lo que puede, no debería sentirse obligado a más. 

También implica ser coherente y dar a los demás el mismo trato que uno/a se esfuerza a darse a si mismo y que le gustaría recibir. Escuchando y hablando, valorando, respetando y protegiendo. 

Nos han convencido que la multitarea es lo más. Pero no es lo único. Para poder vivir en un entorno exigente y no morir en el intento cada vez será más necesario dominar dos habilidades: 
  • La capacidad de concentración y atención a aquello y aquellos que importan.
  • La capacidad de priorizar y dejar ir.

No es un camino de héroe solitario. Requiere la compañía de otros, aquellos que nos quieren y a los que posteriormente conoceremos. Y es un camino de autonomía, donde cada uno puede tomar sus propias decisiones teniendo en cuenta a otros, asumiendo la propia responsabilidad. Donde en el otro encontramos nuestro reflejo, el apoyo mutuo o también el desacuerdo, que no pasa nada.

Somos gregarios: nuestra supervivencia, nuestro desarrollo y nuestra evolución física y emocional se basa en gran parte en las relaciones que establecemos y de pertenecer a algo, un grupo de referencia (o varios). La psicología ha demostrado que sin relaciones de calidad y significativas, tener dinero o salud pierde sentido. 

En cambio, cuando alguien se dedica a vivir para el presente, generalmente busca sólo sentirse bien, y su manera de conseguirlo es a lo Maquiavelo: importando sólo el fin, justificando los medios. No se mira más. No hay reflexión. No se mira hacia dentro, casi todo es hacia el exterior (a veces con apariencia de interior). Quien vive para el presente se esfuerza mucho, muchísimo, pero por la aprobación exterior, el reconocimiento. Cualquier indicio de cambio o de reflexión interior o “lo que duele”, es evitado. A veces, porque la vulnerabilidad es demasiado grande. 

Lo muestran: 
  • Centenares de selfies en los gimnasios marcando posturas imposibles para mostrar trabajadas anatomías, publicar las marcas de autosuperación diarias en running, selfies en los velatorios.
  • Sólo pensar en lo inmediato y el placer personal y distanciarnos de otras decisiones que también nos afectan pero de las cuales nos des-responsabilizamos porque no las podemos atacar directamente (“eso es de otros”, “a mí me da igual lo que pase, mañana tengo que madrugar igual para ir a trabajar”). 
  • Sólo relacionarse con quienes “me entienden” y piensan como uno/a, sin crítica ni reflexión sobre lo que se está haciendo.

Es el estilo de la autoayuda prefabricada, la que dice lo mismo en todos sus libros utilizando rutas diferentes. Como psicóloga no me cuadra que realmente aporte un bienestar real y duradero: Se vende una búsqueda de la felicidad que nunca incluye la reflexión profunda y compartida entre iguales. Como siempre, hay uno/a que enseña (quien escribe) y sus alumnos (los que compran). Fomenta el aislamiento, a centrarse en el propio ombligo, que lo llaman “el propio camino hacia la felicidad que TÚ realmente te mereces”.

Se basa en un “supérate a ti mismo para que te acepten”, “ten una actitud correcta”, “sé un líder”. Es individualista e impersonal. 

Invita a adoptar nuevas ideas pero igual de rígidas que las que han llevado al malestar. Evita que se adopte una cierta flexibilidad mental, donde no sea necesario creerse una idea para explorarla.

Acaba aislando, porque vende la idea del uno diferente y excepcional. Una caricia falsa para el ego herido. 

¿La consecuencia? Se consumen más libros de autoayuda que nunca, cada día salen nuevas terapias, nos preocupamos cada vez más de la calidad de lo que comemos y de la vida que llevamos. Pero parece que no es suficiente para avanzar. Nunca hemos estado tan conectados y mucha gente se siente sola. Desde la lógica del vivir para el presente, ser feliz pasa por tomar conciencia de uno como único y que, por lo tanto, todo lo que haga deberá ser especial y ser demostrado constantemente. Para ser único, los demás me lo deben reconocer tanto (o más) como yo mismo. O me siguen o no hay trato.

Olvida voluntariamente que los grandes avances humanos se han producido cuando grupos de personas han aparcado parte de sus diferencias e intereses personales para conseguir objetivos comunes y colectivos, que den bienestar a otros más allá de ellos mismos. 

Obvia que ya cada uno desde el nacimiento somos únicos por nacimiento, genética, historia y personalidad. Nos focalizan en trabajar para una excepcionalidad que ya está solucionada sin trabajo y sin pedirla. Distraen de lo realmente importante: vivirla. 

Atreverse a vivir

En el vivir en el presente, la reflexión no es culpabilización, ni fustigarse por no tener “la actitud”, ni dar vueltas a un mismo pensamiento hasta que nos autoconvencemos de que nos conviene. 

Consiste en ser capaz de hacer un ejercicio de honestidad ahora y preguntarse hacia dónde nos está llevando nuestra manera de funcionar. Puede que descubramos cosas que no nos gusten de nosotros mismos y que tengamos que afrontarlas cara a cara. Y hacer cambios de verdad, sin postureos. Quienes están dispuestos a hacerlo también descubren nuevas vías y en muchas ocasiones la fortaleza necesaria para cambiar. 

Hay que dar la enhorabuena a quienes quieren vivir en el presente, porque son valientes sólo con planteárselo. Y aunque también cueste, la recompensa es de menor intensidad pero más duradera. Es una satisfacción existencial.
Resumiendo: ¿Cuál es la diferencia entre conseguir una autoconciencia genuina y no prefabricada o comprada? El altruismo y la responsabilidad propia. Creo que hay pocos libros de “autoayuda” con estas palabras impresas.

Quienes trabajan en autoconciencia y conciencia de los demás, saben que un estado de felicidad y subidón permanente es imposible. Viven y disfrutan las bocanadas de satisfacción que la vida les proporciona. Crean, en lo posible, las condiciones para que se produzcan. Construyen y co-construyen con los demás. Cuando ocurre, se concentran en disfrutarlo. Y el tiempo parece pararse, porque es un momento perfecto por sí mismo. Sin necesidad de magia y gestionando la frustración, crean magia.  

(*) Cita extraída de Greenberg, Leslie S. y Paivio, Sandra C. "Trabajar con las emociones en psicoterapia" Pág. 39. Ed Paidós (1997).

viernes, 10 de abril de 2015

Frustrados pero no reventados

Tenía una entrada preparada cuando he visto esta foto en facebook:



Es una viñeta de tantas que circulan por internet y que, con propósito pedagógico, dice a los adultos que si los niños no tienen los caprichos que quieren no pasa nada, que aprendan a frustrarse, que es positivo, y que más frustraciones les dará la vida. Correcto. Actualmente muchos profesionales sufren la llamada falta de tolerancia a la frustración creciente de la sociedad que estamos construyendo. Las consecuencias ya las estamos viendo, desde Síndromes del Emperador (niños tiranos) a una creciente falta de gestión de emociones negativas. Una de las consecuencias más extendidas son las adicciones.

Pero hoy no sigo por ahí. Mira de nuevo la imagen y observa concretamente la actitud del adulto, ¿Qué te dice?

Está de perfil, no vemos su cara, tapada por la capucha. No es importante que sepamos quien es. Está desanimado: hombros caídos, cabizbajo, manos en los bolsillos. No parece la actitud de quien realmente quiere educar al nene caprichoso que quiere el smartphone, si no el de alguien rendido a la frustración que le pide al niño que aprenda y acepte que cuanto antes se rinda, mejor.

Ahí es donde me ha explotado la cabeza, en la asociación frustración-pasividad y de rebote, en la asociación aceptación-rendición.

Cuando nos ponemos ante la realidad y los hechos, querramos o no, los percibimos e interpretamos según un filtro personal. Con la interpretación tenemos “lo que nosotros hemos entendido”. Es una opinión, cada uno tiene la suya. Después hacemos nuestra representación, es decir “qué significado tiene esto para mí”. Y ahí empieza el lío, porque la respuesta que demos, la que sea, será según lo que haya representado para nosotros. Y si nos gusta o no, si toca algo interno que duela o no.

No he podido evitar acordarme del cuadro de Stephen R. Covey en el que diferencia los diferentes estilos de lenguaje (*):

Lenguaje Reactivo
Lenguaje Proactivo
No puedo hacer nada
Yo soy así
Me vuelve loco
No lo permitirán
Tengo que hacer eso
No puedo
Debo
Examinemos alternativas
Puedo optar por un enfoque distinto
Controlo mis sentimientos
Puedo elaborar una exposición efectiva
Elegiré una respuesta adecuada
Elijo
Prefiero


Las palabras son eso, palabras, pero donde radica su fuerza es en la carga simbólica que les damos y en su impacto en nuestras emociones. Por este motivo decía Freud que “las palabras curan”. Pero también pueden hacer un gran daño, a menudo por acumulación. Recuerda que también “la pluma hiere más que la espada”.

Un lenguaje más proactivo invita a la acción y a procurar modificar aquello que nos afecta. Un lenguaje reactivo invita a tener una actitud pasiva, con poca intervención y delegando a los demás o a las circunstancias las responsabilidades si, pero también los motivos de éxito y/o fracaso de lo que nos ocurre.

La frustración es un sentimiento, y una herramienta. Su bondad o maldad dependerá del uso que se le dé:

  • A un niño se le puede enseñar que sentir frustración es sano, porque no se puede conseguir fácilmente y con una varita mágica todo lo que se desea. Existen límites. Pero por ser límites no son necesaramente limitantes. Muchisimos de ellos son salvables, se trata de buscarlos. En este caso, una frustración es positiva, porque nos puede poner en movimiento hacia algo conseguible.
  • Si se ve la frustración con impotencia, podemos llegar a rendirnos, porque “para qué moverme” y pensar que una cosa no conseguible puede representar que muchas otras cosas más no lo serán, sin probar nada diferente. La frustración será entonces negativa. 

Si siempre vinculamos frustración con rendición, alguien se beneficia de nuestras derrotas, generalmente quien procura que nos sintamos frustrados sin solución. Pensar en un movimiento diferente y hacerlo puede romper este ciclo “vicioso”. Y la mayoría de las veces, no es necesario un gran movimiento.

Como decía aquél “cuidado con lo que te dices, que te lo puedes creer”


(*) Covey habla de personas “Proactivas” y “Reactivas”, cosa que no comparto. Una persona no tiene porqué SER una cosa u otra de manera estable, al tratarla así la estoy “sentenciando”. Yo prefiero hablar de tendencias o de momentos en que una persona funciona de manera más reactiva o más proactiva.

Ilustración: www.e-faro.info

Cuadro extraído de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” R. Covey, Stephen Ed. Paidós Plural

jueves, 2 de abril de 2015

Qué se esconde tras una barba

Hoy quiero recomendar un cómic que me he leído hace poco. Y si, quizá no es muy habitual que se recomiende cómics en un blog como éste. ¿Mi razón? Que aunque de siempre me han gustado, cada vez tengo más claro que las novelas gráficas son una manera muy directa de explicar historias potentes. Mediante la imagen nos llegan las emociones del autor y de los protagonistas de un modo especial, casi inconsciente. No creas que son historias para niños, no solamente. Si no conoces la novela gráfica y te gusta leer, te invito a probar algo diferente.

Y empiezo por una historia que habla de una manera muy clara de dos temas que aparecen y son frecuente motivo de sufrimiento: el miedo a la incertidumbre y lo que nos exige adaptarnos a cambios inesperados.  

LA GIGANTESCA BARBA QUE ERA EL MAL (Stephen Collins, Ed. La Cúpula, 2014)

“Dave vive exactamente AQUÍ, en este lugar que da la espalda a un mar lleno de secretos. Todas las tardes, al volver de la oficina, se sienta en su escritorio, escucha canciones en bucle y dibuja a la gente que ve a través de la ventana. Entregado a esas rutinas, Dave se siente a salvo. 

Dave cuida el orden para que el orden lo cuide a él, pero a veces tiene la sensación que bajo la pulcra alfombra de la realidad puede haber algo, un mundo oculto debajo de la piel, la bárbara memoria de lo que fuimos. Y se está despertando”

Dave empieza a descubrir que su barba no es muy común


La historia es la de una barba que crece sin control en un mundo, una ciudad de caras perfectamente rasuradas, de peinados bien cortados y de estilos de vestir que cumplen las normas. Todo controlado en un perfecto orden. 

Una historia donde la gente vive en una isla llamada “AQUÍ”, de casas construidas iguales entre sí, calles limpias, árboles y jardines cuidados. Y rodeando esta isla, lo desconocido, el abismo, el caos, tan aterrador que la gente vive de espaldas a él. A ese lugar tan desconocido y aterrador le llaman “ALLÍ”.

Mapa de "Aquí" (Here) en el centro, rodeado del mar y del aterrador "Allí" (There)

Un mundo en orden donde la gente va al trabajo con la vista pegada al teléfono móvil en silencio y cumple sus tareas con diligencia, sin tener porqué saber qué sentido tiene hacerlas. Sin felicidad, sin tristeza, pero en un perfecto orden. Nadie se plantea si el orden gusta o no, está ahí, cumple su función y oculta los miedos de cada uno (“todo está en orden, nada nuevo, nada que temer”).

Pero muchos sabemos que todo aquello que se oculta con esmero, tarde o temprano volverá a intentar salir a la luz. Y que irrumpirá con más violencia cuanto más fuerte es el esfuerzo por ocultar y contener. En esta historia es una barba de una persona cualquiera al azar, que no tiene ni poderes especiales ni ninguna característica especial. La barba como metáfora de lo que en la vida real podría ser un secreto, o inseguridades que ocultamos.

Y es la historia de una barba que provoca cambios en su propietario y a su alrededor. Primero pequeños cambios, siempre al principio los cambios son pequeños. Pero como bien sabemos los psicólogos, los cambios provocan otros cambios más evidentes y grandes. La gente ordenada y pulcra reacciona ante el desorden de una barba que crece sin orden, sin propósito, sin objetivo y sin razón aparente. La gente reacciona, la sociedad reacciona, poco a poco, buscando el equilibrio perdido. Haciendo más cambios, y más....

Éste es un cómic sobre miedos y equilibrios perdidos, una metáfora algo surrealista, pero muy clara. Y que espero que disfrutes… si te atreves a adentrarte a ella :) 

Portada

Ejemplares disponibles en las Bibliotecas de Barcelona: https://sinera.diba.cat/record=b1750916~S171*

Enlace y reseña de la editorial: http://www.lacupula.com/catalogo/la-gigantesca-barba-que-era-el-mal

domingo, 29 de marzo de 2015

Una historia de autoestima

- “¡¡Estoy hasta los mismísimos de los sabelotodo que no tienen ni puñetera idea y encima te hablan como si les tuvieras que venerar!!” “No sabes las ganas que tengo de decirles dónde se pueden meter las lecciones que no les pido”.

Ella estaba explotando. ¡¡Por fin!!

Hace tiempo, le preocupaba su “baja autoestima”: no valía lo bastante, nunca sabía suficiente, nunca llegaba a todo, siempre con ese miedo a que los demás se sintieran decepcionados con ella, siempre con ese sentimiento de culpa que surgía a cada reproche. Y ahí estaba, dedicada, atenta, siempre atenta y preocupada. Atenta a lo que decía y cómo, a procurar que mucha de la gente de su alrededor pensara de ella lo mejor: hija disponible, madre atenta, amiga paciente, trabajadora eficaz. Alguien con quien siempre puedes contar. 

- "¿Y dónde dices que está tu falta de autoestima?"

Siempre había quien no valoraba sus esfuerzos, sólo veía los defectos que se le habían pasado por alto. Esas personas la hacían sentir mal, pero las disculpaba pensando que lo hacían por su bien, para ayudarla (¿para qué si no?) y porque eran así, la gente ya se sabe, no cambia.

En algún momento aprendió que sólo mereciéndolo podría tener amor del de verdad. Y merecer implica esforzarse y si es necesario sacrificarse. Pero siempre con una sonrisa, porque se hace para aquellos/as a los que quieres y que te quieren. Y ahí estaba, esforzándose y reprochándose. Y disfrutando de esos momentos en que una amiga le decía: “sé que siempre puedo contar contigo y que estarás ahí, eres tan buena”. Eso no tenía precio. 

Y entonces enfermó. Primero empezaron unas contracturas en la espalda, una falta de hierro, un ataque de ansiedad inesperado. “Quiérete más”, le decían. “Tienes una falta de autoestima muy grande” le aseguraban. Quizá tuvieran razón. Y en eso que va a parar a un psicólogo para buscar esa famosa autoestima que parece que sólo le falta a ella. Eso debía ser. Los demás estaban todos sanos. Como siempre, la que fallaba era ella. Qué tara tan grande debía tener. 

En esa consulta no encontró autoestima. Mediante preguntas y reflexiones se dio cuenta que sí tenía valía, si tenía autoestima, pero no como se la habían vendido. Se dio cuenta que había personas que le hacían bien, la querían y respetaban y ella también a ellas. Pero que había también otras personas a su alrededor a quien quería pero que nunca parecía encontrar la manera de sentirse bien con ellas. Eran las que la hacían sentir peor y más culpable. Después había otras que según el día que tuvieran, pero siempre le exigían que ella estuviera de buen talante, era lo que se esperaba de ella aunque no le apeteciera.

Se dio cuenta que había personas que la decían que la querían, pero que sus actos no eran coherentes con eso. La decepción fue muy grande, pero también la determinación que le siguió luego: "primero me cuido yo, veremos quién decide descuidarme luego". 

Aprendió que debía parar e identificar cuando los intereses de los demás invadían sus propios intereses. Y que podía decidir cuándo le convenía que esto fuera así y cuando no. Descubrió que podía dedicar más tiempo y energías a las personas y actividades que le gustaban, "recolocando" aquellas que la hacían daño. Le costó, pero poco a poco aprendió a ignorar sus chantajes o a defenderse. Y siguió cuidando de aquell@s que la cuidaban.

Aprendió que para protegerse y disfrutar no hacía falta aislarse ni construirse una coraza que la asfixiara, con que aprendiera a pintar líneas y límites podría bastar. Y si era con humor, mejor. En algún lado leyó que la risa era lo contrario de la ansiedad. 

Y dio con este vídeo que le encantó y que tatarea en ocasiones... 


Vídeo: Fragmento de "Fantasia 2000. Flamingos. Camille Saint-Saents The Carnival of the animals" Copyright: Walt Disney Studios

sábado, 19 de julio de 2014

¡Habilidad desbloqueada!

"- Pero esto de ir al psicólogo, ¿para qué sirve?"

"- Hombre, pues... Depende".

Ésta es la pregunta que más nos hacen a los psicólogos y, qué queréis que os diga, la respuesta que le sigue es la que más nos sale a mí y a muchos de mis colegas. Resumimos así el montón de respuestas posibles que nos vienen a la cabeza en ese momento.

Ironías aparte, voy al lío:

Ir a una consulta no es agradable, se va sólo cuando se tiene un problema. La mayoría de personas llegan bloqueados por algo que ha ocurrido, o desorientadas, porque "pasa algo" y no se sabe el qué, sólo que "estoy mal".
Hasta entonces, uno ha aprendido todo lo que le ha permitido llegar ahí: desde aprender a comer sólo con la cuchara siendo bebé hasta cómo relacionarse, a quien querer y a quién no, valores, un trabajo u oficio para vivir, además de un laaaaaargo etc.
También ha aprendido a solucionar problemas. Muchos y muy variados. Pero llega la ocasión en que los problemas no se solucionan, se bloquean, paralizan y no se sabe ya cómo afrontarlos.
Y de hecho, los demás tampoco saben. Las soluciones que dan (si es que las dan) familia, amigos y conocidos tampoco " valen".

El psicólogo acoge y escucha, principalmente. Esa es la primera función. No hay camino al bienestar que pueda empezar sin sentirse acogido.

Con la escucha, obtiene una visión propia, y diferente quizás de lo conocido. Y la comparte. Y propone cosas diferentes para que sean pensadas, dichas o llevadas a la práctica. 
El objetivo es práctico: conseguir cambios que llevan a nuevas soluciones, diferentes a las conocidas hasta entonces y que en algún momento han dejado de funcionar. 
Mi visión es esa: la de una caja de recursos, que se ponen en marcha dependiendo de cada persona y cada consulta. Ninguna persona es igual a otra, aunque se parezcan.
Y que cada persona descubra y explote nuevas habilidades y recursos que no creía tener o que ni había pensado en poner en práctica. 

Desbloquear, conseguir y cambiar para estar mejor, para eso sirve un/a psicólogo/a.



lunes, 27 de enero de 2014

Tener o no tener, ¿es la cuestión?

Tener hijos, tener éxito, tener pareja, tener la razón, tener cosas que hacer, tener tiempo libre. Tener tiempo, tener amigos, tener la familia, tener deportes, tener ocupaciones, tener mascotas, tener bienestar, tener tranquilidad.

No tener preocupaciones, no tener contratiempos, no tener rabietas, no tener malas sensaciones, no tener culpabilidad, no tener al lado una persona que no me quiere, no tener enemigos, no tener estrés, no tener errores, no tener dolor, no tener miedo.

Cuando se trabaja en psicología, se trabaja con conflictos de muchos tipos: con uno mismo, en casa con la familia, con la pareja, laborales...

Debemos ser realistas: no podemos vivir sin conflictos en nuestra vida. Son necesarios. Son una muestra que cada uno es una persona individual y diferente de los demás. Con los conflictos nos diferenciamos, A veces ganamos con ellos, a veces perdemos. Algunos llaman al cambio, otros se provocan para que nada cambie.

Pero lo que si podemos decidir es cómo vivimos en el conflicto: cómo nos posicionamos ante él. Y también podemos decidir cuán importante es ganarlo para nosotros.

Al principio he indicado varios "Tener" y "no tener". He llegado a la conclusión que en muchísimas ocasiones, nuestros motivos de malestar y bienestar se destilan a estas dos opciones. ¿Simple? Puede ser. Pero me gusta pensar que también hay otras opciones.

A una de ellas yo le llamaría "generosidad", otros le llaman "aceptación". La autora Louise L.Hay, le llama "dejar ir":


"Dejar ir" no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.

"Dejar ir" no es aislarme, es darme cuenta que no puedo controlar a otro.

"Dejar ir" no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.

"Dejar ir" es admitir la impotencia, que significa que el resultado no esta en mis manos.

"Dejar ir" no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mi mismo.

"Dejar ir" no es cuidar, sino atender.

"Dejar ir" no es reparar, sino ser de apoyo.

"Dejar ir" no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano.

"Dejar ir" no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos.

"Dejar ir" no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad.

"Dejar ir" no es negar, sino aceptar.

"Dejar ir" no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.

"Dejar ir" no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mi mismo en el.

"Dejar ir" no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.

"Dejar ir" es temer menos y Amar más.


P.D.: Si te animas a empezar a "dejar ir": Puede ser que los "fans" del "tener" reaccionen acusándote de "abandonar" o de abandonarles. No querrán dejar de tenerte. Como en el cuento de la gallina y sus polluelos. Pero cada uno puede decidir dónde pertenecer, aunque otros quieran tenerle.

martes, 31 de diciembre de 2013

2014


"No dejes que termine el día sin haber aprendido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías si pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña. Nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…”



Walt Whitman



No quería dejar pasar el año sin acordarme de uno de los descubrimientos que he hecho en él, Walt Whitman. Espero que la pasión en lo que hagas te siga acompañando en este 2014 y que si no, encuentres aquello que te apasiona. Y lo puedas hacer a tu manera.

Que disfrutes, aunque sea un poquito cada día. 


Pianista en crisis

A quienes no la conozcáis, os quiero presentar hoy a una mujer maravillosa, Maria Joao Pires (enlace en wikipedia). Ella es concertista y solista de piano. En su currículum figura que es especialista en Mozart, y que la crítica considera sus duetos de Chopin de los mejores registrados hasta la fecha. 
Pero no es por eso que os la presento hoy.

En una ocasión, empezando un concierto, Maria Joao entró en pánico. Delante del piano, delante del director, del resto de la orquesta, delante del público que abarrotaba la sala de conciertos. María se quedó bloqueada. 

¿El motivo? La orquesta había empezado a tocar un concierto diferente al que ella esperaba. Se había preparado otra pieza. Si queréis ver qué ocurrió después, os invito a ver el vídeo y a seguir leyendo después... 



(Permitidme que os cuente yo también qué ocurrió, al estar el vídeo en inglés y holandés -no lo he encontrado ni siquiera subtitulado-).

María quiere tocar la pieza con una ejecución perfecta, sin un solo fallo, como se espera de ella. Se aterroriza cuando se da cuenta que la pieza es diferente ¿Cómo va a salir de ésta? Y se paraliza. Le dice a su director completamente en shock: "lo puedo intentar".

Pero no quiere, ¿cómo va a intentarlo? Debe tocar o no tocar, no quiere tocar a medias, improvisadamente, sin haber ensayado lo suficiente.

Pero su director, que la conoce y sabe su capacidad, le dice que toque, que ya conoce la pieza de haberla tenido en su repertorio el año anterior. "Lo harás bien", le dice, "tendrás éxito, la conoces bien".

Finalmente, empieza, de manera errática, forzada y dubitativa, tanteando... Y ocurre la magia: el cerebro reconoce la actividad y responde con la memoria. Según su director, con una ejecución perfecta, sin un solo fallo. Memoria prodigiosa, es cierto, pero también entrenada. ¿Cuantas horas puede haber pasado Maria Joao al piano? ¿Cuantas veces habrá tocado ese concierto?

Esta anécdota puso en marcha sus recursos para afrontar una situación que la paralizó de miedo. Su apoyo en ese momento, el director, la empuja a moverse. De lo contrario, quizá se hubiera quedado sobre la banqueta, asustada e intentando recordar cómo era la melodía con exactitud. No lo sabremos. Pero se movió. Salió del paso sin gustarle como, eligiendo entre lo malo (no tocar) o lo menos malo (tocar de manera diferente a como le gusta hacerlo). 

En muchas ocasiones solo nos movemos cuando se dan las "circunstancias favorables" para hacerlo, o sólo después de haber "explorado todas las alternativas". Está bien jugar a las estrategias, y es útil y gratificante pero en muchas ocasiones el análisis excesivo para decidir cómo nos movemos lleva al movimiento "cero". 

El miedo a pifiarla gana. 

Sufriendo con ella, Maria nos regala su solución a su crisis. Ella asumió traicionarse a sí misma y a su manera de trabajar, sufriéndolo a su vez.


La pregunta es clara: ¿Qué riesgo estás dispuesto a asumir si quieres empezar a moverte?

viernes, 27 de septiembre de 2013

STOP

- A ver si opinas lo mismo que yo y me lo explicas: No me pasaba nada, había pasado toda la mañana relajada, no haciendo nada especial, leyendo, paseando...
- Bueno, pero para eso estabas esperando las vacaciones ¿no? Entre otras cosas...
-... Pero no te lo pierdas: en un momento, me puse de un mal humor tremendo, una mala leche... estaba nerviosa, rabiosa, y sin motivo!
- Sin motivo?
- Bueno, cuando me calmé, me di cuenta: mi problema fue... Que no tenía problema.
- ¿?
- Si, me sentía mal porque había estado toda la mañana sin hacer nada en concreto, perdiendo el tiempo... Y me puse de muy mala uva precisamente porque no había hecho nada...
- ...Que era lo que estabas deseando como agua de mayo, con la de veces que has dicho el "quiero tener tiempo para mí".. 
- Ya, pero empecé a pensar "¿debería estar aprovechando más el tiempo?", "¿Ahora que lo tengo lo dedico a NADA?", "voy a estar igual todos los días, así sin hacer nada"... Y me puse fatal... Hasta que no me calmé un poco y vi qué me pasaba, estuve un rato que "mordía".


Nuestro cerebro es una fábrica de solución de problemas. Es a lo que se dedica y es lo que nos ha permitido evolucionar como especie. La capacidad de identificar problemas y solucionarlos nos ha permitido hacer fuego, fabricar herramientas, inventar el dinero para facilitar el intercambio y crear el comercio... Por poner sólo algunos ejemplos.


Pero toda cara tiene su cruz, o varias. Una de ellas es que cuando la mente no tiene problemas que solucionar, si la dejamos sola... Se dedica a crearlos.

La mayoría son inofensivos y se vuelven tareas: A qué precio estaban las patatas la semana pasada, planificar cosas en fin de semana, elegir colores y prenda de ropa que nos compraremos en las próximas rebajas... Cosas que si tienes otra cosa que hacer y de qué preocuparte, pues surgen, se plantean y se solucionan.

Otros son los en verdad problemáticos, porque van sobre temas que no podemos solucionar YA, e incluso puede que no tengan solución (esos son los peores, porque la mente, tozuda ella, no distingue entre problemas con o sin solución, todos los trata igual: no para hasta que los resuelve). Los peores son las preocupaciones acerca del pasado y sobre el futuro.

Sobre el pasado, revisamos una y otra vez aquel hecho por el que sufrimos: si hemos tenido una ruptura de pareja recientemente, estaremos una y otra vez revisando qué ha pasado, qué hemos hecho, qué nos han hecho, buscando respuestas o culpables... Pero para no poder arreglar nada de eso, porque en el pasado está.

Sobre el futuro, proyectamos, nos preocupamos, intentamos predecirlo, especulamos posibilidades basándonos en lo que sabemos de esa situación o de nosotros mismos (es decir, buscamos en el pasado, qué ironía).
Pero... No siempre es útil, porque por mucho que nos preocupemos, el futuro siempre llega. En el mejor de los casos solo habremos previsto algunas de las cosas que pasarán... Por cierto que sin demasiada exactitud teniendo en cuenta toooodo el esfuerzo invertido en controlarlo o predecirlo.

¿Qué hacer entonces? No se puede dejar de pensar... Pero si podemos (con cierto esfuerzo) aprender a pensar diferente. Porque mientras estamos ocupados con pasado y futuro... Al presente no le prestamos apenas atención. Ironía de nuevo, porque lo que hacemos en el presente incide directamente en el futuro, que tanto nos preocupa.

Un ejemplo muy fácil lo pone Thich Nhat Hanh: "Cuando Jim y yo empezamos a viajar por USA, nos sentamos al pie de un árbol y compartimos una mandarina. Él se puso a hablar de lo que haría en el futuro. Siempre que pensábamos en un proyecto que parecía atractivo/inspirador, Jim se absorbía tanto en dicho proyecto que se olvidaba de lo que estaba haciendo en el presente. Se metió un gajo en la boca, y antes de empezar a masticarlo, ya se había metido otro.

Apenas era consciente de estar comiendo la mandarina. Sentí que tenía que decirle algo y fue lo siguiente: "Tendrías que comerte el gajo que te has metido en la boca". Jim se quedó desconcertado al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Era como si no estuviera comiendo la mandarina. si había algo que estuviera "comiendo" era sin duda sus planes para el futuro". No disfrutaba la fruta que estaba comiendo.

Ahora más que nunca, en que todo parece consistir en dar respuestas inmediatas, es importante darte a tí mismo/a un lujo: Pausar:
Para 0,5 segundos,
piensa lo que quieres responder,
escúchate que estás diciendo,
permítete decirte cómo te sientes.

Uno o 10 segundos pueden ser suficientes para escucharte como estás AHORA y Aquí, y decidir. Decidir qué hacer para entender el pasado, darle un sentido a tu pasado y decidir con qué actitud enfrentas el futuro.

Pero sobre dar sentido... hablaremos otro día.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Librarse de ciertas cargas no es fácil

"Dos monjes budistas, Tanzan y Ekido, viajaban juntos por un camino al que las abundantes lluvias habían llenado de fango. 
Photo: Zen Paintings of Sato Zenchu (1934) 

Al doblar un recodo se encontraron con un paso especialmente dificultoso. Era imposible seguir adelante sin llenarse de barro y una joven, vestida con un kimono de seda ceñido por un cinturón de tela, lo contemplaba dubitativa, incapaz de decidirse a cruzar.
- Ven aquí, muchacha- le digo ensequida Tanzan. 
Y, levantándola en sus brazos, la cruzó resueltamente, depositandola en el suelo al otro lado del barrizal. La joven le dio amablemente las gracias y siguió su camino.

Aquella noche, Akido no pronunció una sola palabra hasta que llegaron a un templo donde les ofrecieron hospitalidad. Allí, ya no pudo contenerse más:
- ¡Nosotros los monjes no debemos acercarnos a las mujeres! -dijo en tono de reproche a su compañero- Y especialmente si son jóvenes y hermosas. Es muy peligroso. ¿Por qué cogiste en tus brazos a esa muchacha?

-¡Vaya!- respondió Tanzan- Yo dejé a esa joven al otro lado del lodazal, pero veo que tú todavía la llevas a cuestas..."

Si es que las palabras que más ahogan son las que no se dicen...

jueves, 24 de enero de 2013

Un regalo (Cuento Zen)

Una vez vivió un gran guerrero. Aunque bastante viejo, él aún podía derrotar a cualquier retador. Su reputación se extendió a lo largo y ancho del país, y muchos estudiantes se reunieron para estudiar con él.

Un día, un infame joven guerrero llegó a la aldea. Estaba determinado en ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una inexplicable habilidad de notar y de explotar cualquier debilidad en un adversario. Esperaba a que su rival hiciera el primer movimiento, de esa manera revelando una debilidad, y después golpeaba con una despiadada fuerza y una velocidad de relámpago. Nunca, nadie había durado en un combate con él, más allá del primer movimiento.

Muy en contra del consejo de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó con mucho gusto el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron en guardia para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzar insultos al viejo maestro. Tiró mugre y escupitajos en su cara. Por horas lo atacó verbalmente con cada maldición e insulto conocido por los hombres. Pero el viejo guerrero simplemente estaba parado allí, inmóvil y tranquilo. Finalmente, el joven guerrero se agotó. Sabiendo que había sido derrotado, se marchó, sintiéndose avergonzado.

Algo decepcionados porque no luchó con el insolente joven, los estudiantes se reunieron alrededor del viejo maestro y le preguntaron. “¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo lo alejó?”.

“Si alguien viene darles un regalo y ustedes no lo reciben” contestó el maestro, “¿a quién pertenece el regalo?".

Generalmente pensamos que ante los conflictos sólo podemos reaccionar de dos maneras: ataque o huida. Y generalmente las dos benefician al "atacante", porque ambas desgastan al "recipiente" del ataque. 

Lo que a veces no nos cuentan es que uno no tiene porqué aceptar todo lo que se le ofrezca...

martes, 18 de diciembre de 2012

La rana que convirtió la leche en nata (una historia de constancia)

"Los que renuncian son más numerosos 
que los que fracasan" Henry Ford

En ocasiones lo más difícil no es empezar a hacer algo diferente a lo de siempre sino ser persistente y mantenerlo, una vez empezado. Siempre habrá algo que nos anime a desistir (porque “de qué te va a servir eso ahora”).

En muchas ocasiones las evoluciones personales más fuertes llegan cuando en nuestras acciones y pensamientos distinguimos entre la Constancia vs. la Testarudez:

Cuando se actúa con Constancia, se esfuerza y mantiene ese empeño para conseguir un objetivo. Y con cada intento, revisa y ve si ha conseguido algo nuevo que pueda aprovechar. Sin dejar por eso de ser fiel a sí mismo.

Por el contrario, la Testarudez nos lleva a repetir una vez y otra vez lo mismo, de manera fija por miedo a perder “la esencia” de lo que somos/hacemos, consiguiendo los mismos resultados… Y esperando además que ocurra algo diferente (paradójicamente).

Esta es la historia de dos ranas que un día se cayeron en una vasija que contenía leche. Ambas saltaron una y otra vez para intentar salir, pero no conseguían elevarse lo suficiente para alcanzar el borde. Después de algunos intentos, una de las ranas pensó: “está claro, por mucho que lo intente, nunca conseguiré saltar tan arriba, por tanto es mejor ahogarme que seguir sufriendo”. 

La otra rana pensó que el hecho de no haberlo conseguido hasta el momento no era razón para dejar de intentarlo, y por tanto, continuó saltando. Por efecto de los saltos, la leche se fue convirtiendo en nata. Cuando ésta fue lo bastante espesa,  pudo conseguir suficiente apoyo para impulsarse y salir de la vasija. (Cuento popular ruso).

Mi reconocimiento desde aquí a los constantes y persistentes, muchas veces no os lo ponen nada, nada fácil. Espero que en este 2013 seáis muchos más.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Redes Sociales, ¿Todo o Nada?


Hace un tiempo asistí a un taller sobre gestión de cambios personales y entre otros, nos dieron un dato que me impactó: Un cálculo sobre el cual, la cantidad de información que recibe y procesa una persona de nuestra época y cultura en una 1 semana equivale a la que una de la Edad media recibía… durante toda su vida.

Sinceramente, lo primero que pensé es que los recursos mentales de nuestros antepasados habían sido muy desperdiciados ¡Cuántas cosas hubieran podido hacer sólo con una conexión a Internet! Y ahí me quedé.

Pero en estos últimos días he visto/vivido un par de cosas que me han recordado ese dato (dato por si sólo inútil, para qué nos vamos a engañar) y pensar sobre ello:

Primero: mi propia experiencia. Y es que en mis largos recorridos en tren si, suelo mirarme las actualizaciones del Facebook, leo algunos tuits y retuiteo/ escribo algunos, contesto mensajes del whatsapp… toda una cantidad de información. El escenario es tentador, sentadita en el tren, calor humano rodeada de desconocidos, con la música si apetece… Toda una dulce paradoja de conexión/aislamiento social. Un día llegué a tal concentración con la pantallita que cuando levanté la vista (y reenfoqué: aviso –de paso- que no es nada saludable para nuestra vista), me sorprendí a mí misma pensando: “¡¡Andá!! ¡¡Pero si hay gente aquí fuera!!”

Segundo: lo peligroso que puede ser estar pendiente de whastapp, que ha triunfado por ser gratis, ahorrarnos los sms.. y porque ha llegado un punto que lo tienes porque lo tienen todos tus conocidos. Afortunadamente a mi no me ha pasado, pero sí ha habido gente que me ha contado conflictos “porque no he contestado enseguida, cuando la otra persona sabe que estaba conectada y había recibido el mensaje”.

¿Por qué expongo esto? ¿Ataco la tecnología, las redes sociales, whatsapps, viebers, linkedins y facebooks? No. Yo trabajo con redes sociales, y me gustan. Y utilizo los grupos de Whatsapp y creo que son muy útiles, bastante más que el Messenger en su momento. Pero creo que debemos educarnos y disciplinarnos con su uso, para aprovecharlos mejor.

Los psicólogos siempre estamos diciendo (es como un mantra de la profesión) que debemos educar nuestras emociones. Que nos falta educación emocional, que con más inteligencia emocional sufriríamos menos, o al menos de una manera más saludable. Y es cierto. Puede ser que también debamos incluir en la “educación emocional” el cómo nos relacionamos con los demás utilizando la tecnología... de una manera sana.

Todo va cada vez más deprisa, las actualizaciones son constantes, nos ponen “likes” y nos comentan, podemos discutir en los muros… Todo es inmediato, y la mayor parte de las veces nos gusta. ¡Que te retuiteen gusta! ¿A quién no? Debemos tener en cuenta el impacto que tiene en nosotros estas recompensas inmediatas, son las que nos “enganchan”, y no el whatsapp en si. 

Y somos nosotros quienes debemos tener en cuenta siempre nuestra Responsabilidad en gestionarlas. Esto es, decidir si contesto ahora o puedo dejarlo para más tarde. Decidir siempre YO, da igual si tengo 3 alertas o 300. Y luego no sentirse culpable por no contestar "inmediatamente".

La tecnología y las Redes Sociales son como cualquier otra herramienta: no son buenas y malas por sí mismas, sino que depende del uso que les demos. Y lo decidimos nosotros. Si queremos que sea una herramienta o si dejaremos que la tecnología sirva como excusa del tipo “no es que no sepa organizarme el tiempo de manera eficiente, es que las redes sociales me distraen”.

Decidir qué apetece más, si hacer un esfuerzo para encontrar un hueco en nuestras apretadas agendas para hacer un café o cenar con un amigo o tener conversaciones interminables por texto, ¿no suena más apetecible la primera opción?

Me parece injusto dar a las redes sociales toda la culpa del aislamiento, de la necesidad de estar conectados… Cuando también son un canal para compartir ideas y conocimientos, y a nivel social sólo estamos empezando a experimentar qué efectos y repercusiones tenemos cuando un colectivo de personas expresan su opinión “en masivo”. Empresas importantes cambian estrategias, se convocan manifestaciones, se viraliza información… Estamos ante cambios importantes y es importante estar preparados ante ellos, porque ya los tenemos aquí y nos afectarán.

Se me ocurren algunas ideas sencillas para empezar a gestionar mejor la tecnología y las redes:

1.- ¿Es necesario que estés conectado a toda aplicación? Seguro que no. Quizá con una ó 2 tienes más que suficiente. A más aplicaciones, más posibilidades de dispersión.

2.- Organízate. Decide qué espacio de tiempo te va mejor en tu día a día las utilizas, y siempre dedícales ese espacio y no otro. Si tú acostumbras a tus contactos de Whatsapp/mail que contestas siempre, en cualquier circunstancia… Deberás hacerlo siempre.  ¿Porqué no hablar con tus contactos que les contestarás cuando puedas? Pacta y llega a acuerdos, especialmente con los más “impacientes”. Quizá descubráis que tenéis el mismo “problema”. Ten presente la diferencia entre las necesidades de los demás y las tuyas. Practica el egoísmo saludable. 

3.- Piensa 1, 2, 3 veces o las que necesites qué compartes, qué publicas, cómo y qué contestas… y qué no contestar. Un proverbio famoso reza que “uno es esclavo de lo que dice y no de lo que piensa”. Este proverbio es aún más válido en internet o en mensajes de texto de cualquier tipo. Un 75% del contenido en la comunicación humana es no verbal. ¿Cómo asegurarse que el otro capta la ironía, por ejemplo? Piensa dos veces… y deja los mensajes más complejos para el cara a cara o el teléfono, donde al menos juega el tono de voz.

4.- Ten muy claro para qué utilizas cada canal. Linkedin tiene usos diferentes que Facebook o que Twitter. NO es aconsejable tener a tus jefes y todos tus compañeros de trabajo en FB, al igual que quizás no te interesa tener a todos tus amigos en Linkedin. Te ahorrarás disgustos si no utilizas todas las redes de manera indiscriminada y no das datos personales. Piensa bien para qué las utilizas y con qué objetivos (cambiar de trabajo, compartir información, dar noticias a tus contactos...).

5.- Mantén la atención a lo que te dice tu entorno. Puede ser que sí estés abusando. En ese caso toma medidas.  

Y siempre: son una herramienta, su finalidad dependerá del uso que tú le des.

lunes, 26 de noviembre de 2012

"Porque yo soy..."


Cuando trabajas de tú a tú con personas, en muchas ocasiones te encuentras con la situación siguiente. Él/ella te dice algo parecido a esto:

-          “Como soy tan (débil)… si fuera diferente, todo me iría mejor, ya me lo dicen”.

Pero después, conversando, preguntando… Llegas a la íntima conclusión que esa persona, que cree que es tan “débil” y que le gustaría ser más “fuerte”, ha superado situaciones (muy) difíciles en la mayoría de los casos. También está realizando esfuerzos importantes para dejar de pasarlo mal, y lo que es también importante, ha empezado un proceso personal (la terapia, el coaching en algunos casos) que le implica, entre otras cosas, hacerse preguntas diferentes.

Es muy difícil cuestionarse a sí mismo, y mantenerse firme en el proceso para avanzar.

Y aun así, con todo esto, la persona sigue pensando de sí misma que es  “débil”.

He utilizado “débil”, pero el mismo ejemplo podría valer para otras muchas palabras que a veces utilizamos para autodescribirnos:
  • Tímido/a,
  • Cobarde,
  • Valiente,
  • Emocional,
  • Dependiente,
  • Fuerte…y la lista se extiende hasta el infinito.

Estas palabras no sólo las utilizamos como parte de “nuestra identidad”, sino que también nos condicionan cómo nos expresamos y nos comportamos ante los demás. Cuando una persona se define a si misma como “cobarde” ó “Valiente”, lo dice desde su propia idea de lo que es ser de una manera o de otra.

Te pregunto a ti, qué estas leyendo: ¿Qué es PARA TI ser valiente? ¿En qué situación de tu vida lo has sido? ¿Podrías serlo de alguna otra manera?

Si yo hiciera estas mismas preguntas a 10 personas, muy probablemente darían definiciones muy diferentes. Porque cada uno creamos nuestra propia idea de lo que es ser valiente, o tímido… Intentando hablar de lo mismo y teniendo claro lo que significa esa palabra en el diccionario. Son Constructos. Nuestras ideas nos definen, nos dan una identidad. Y cada uno/a de nosotros ha aprendido en algún momento en qué consiste “ser valiente”… y qué no lo es.

Estas palabras, estos constructos, nos hacen únicos, y también influyen cómo vivimos nuestras emociones, nuestras actitudes y también, cómo no, nuestros comportamientos.

Los constructos están muy arraigados. Forman parte de nuestra identidad, pensamos que somos así y no cambiaremos ahora, ya a estas alturas… ¿de verdad?

En muchas ocasiones la psicoterapia no es la solución de problemas (que también) sino la revisión de alguno de estos conceptos: “¿de verdad eres cobarde?, ¿qué te lleva a pensar eso?, ¿si no fueras cobarde, qué hubieras hecho diferente?”. Y porque no, construir ideas nuevas a partir de lo que ya no nos funciona.

Podemos descubrir que aplicamos de manera automática significados que para nosotros tienen sentido, pero no para los demás, que incluso se sorprenden de lo que aseguramos: “¿Y dices que eres tímida? No lo habría dicho en la vida”.

No está de más revisar las creencias que uno tiene de sí mismo, porque en ocasiones podemos convertirnos en nuestro peor enemigo. “con lo tímido que soy, ya ni lo intento, lo pasaré mal para nada”.

Debemos tener cuidado con lo que nos decimos a nosotros mismos, nos lo podemos llegar a creer.