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miércoles, 1 de junio de 2016

La mosca cojonera

- Y, ¿qué tal te han ido las vacaciones?
- Buf, fatal. Necesitaba descansar, y pensé que lo pasaríamos bien en la playa, pero no hemos dejado de discutir en todo el viaje.
- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
- Pues chica, no lo sé. A ratos estaba contento, a ratos enfadado. Un día se levantó de mal humor y ni me hablaba, ni en el desayuno... Sólo me dice que ha pasado una noche rara y que no está de humor. Después se da una ducha y sale que parece otro, de buen humor. Y me dice “ya te he dicho que no me pasaba nada. Anda y no me agobies”.
- Ya...

Aparece una mosca en la consulta. Empieza a revolotear alrededor nuestro.

- Anda, ha entrado una mosca de esas grandes que hacen tanto ruido.
- Con este calor... ¿Paramos un minuto y la echo?
- No, déjalo, no me molesta. Te decía que tuvimos discusiones durante toda la semana. Estaba muy raro. Y claro, si no sé lo que le pasa, no sé qué hacer. Me siento mal (da un manotazo en el aire). Porque yo intento ayudarle y...
- ¿Cómo lo intentas?
- Intento comprenderlo. Yo sé que está muy estresado en el trabajo, vuelve a casa agotado de aguantar a su jefe.
- Vuelve muy cansado... ¿Y tú qué haces?
- ¡Ay, qué pesada está! (la mosca se le ha posado en la mano. La espanta.) Bueno, pues le pregunto qué tal el día, si me lo explica le escucho, intentamos encontrar alguna solución...
- Ya, pero ¿y tu? Porque también estás pasando una época difícil, con los recortes en tu empresa...
- Si, bueno, yo voy haciendo, no sé cómo irá la cosa, están negociando y tal... Pero hay días que lo paso mal, no tengo ganas de ir... (vuelve a dar otro manotazo en el aire).
- ¿Y él que te dice? ¿Te apoya?
- Bueno si, a su manera, ya sabes que es muy egoísta a veces, me gustaría que me escuchara más, pero no está acostumbrado. Con esa madre que tiene que le hacía todo... Poco a poco voy consiguiendo que cambie, pero me está costando y a veces no estoy bien, no sé muy bien lo que me pasa, ni si tengo que empezar a... AAHH!! ¡Ostras con la mosca! ¡AGH qué asco! ¡La he notado en la oreja!
- ¿Paramos y la echamos?
- Mira sí, si no te importa paramos. Estoy harta. ¡No puedo concentrarme!
- Si, la ibas buscando con la mirada. Toma esta revista para espantarla. ¿Te importa abrir la puerta?
- Sisisi, encantada. ¡Qué pesadez!

Al no encontrar hospitalidad, finalmente el insecto se va...

- Mira, creo que de este rato puedes sacar una conclusión interesante. ¿Qué ha pasado?
- Esa mosca cojonera no paraba de interrumpirme.
- ¿Te has dado cuenta de cuándo te interrumpía? ¿De qué estabas hablando?
- Mmmm... De mi pareja, ¿no? Como siempre que vengo a verte (suelta una risita nerviosa).
- No, más bien te interrumpía cuando hablabas de ti, de lo que te pasaba a ti y de lo que tu sentías. Y es curioso, aparecía la mosca y entonces sólo tenías ojos para ella. Y como sólo podemos atender una cosa cada vez...
- Si, ya hablamos de que el multitasking no existe...
- El caso es que en cuanto te distraes, tu conversación vuelve a lo que hace tu pareja, a lo que siente, a lo que piensa, a lo que quiere. Y así llevamos hoy un rato, que tu tiempo (y tu dinero) lo estás repartiendo entre intentar entender a tu pareja y una mosca cojonera.
- ...
- Apareció. Le diste toda tu atención. Cuando dejas de hacerlo, reaparece. No te ayuda, parece que cuando crees que ya sabes lo que hará, o crees haber conseguido que haga lo que tú quieres, siempre sale con algo inesperado. Tu pareja te ha dicho que le importas. Decís que os queréis infinitas veces. Pero sólo tú pareces haber cambiado para adaptarte a la relación. Esta persona sigue por ahí zumbando, a su aire, mientras tú procuras vivir teniendo en cuenta sus necesidades, su vuelo, sus sonidos. Pero hagas lo que hagas, la comprendas o no, siempre acabas frustrada. Nunca haces lo suficiente, te dirá. No habrás cambiado lo bastante para comprenderlo, para merecer tener la relación que te prometía ese ser tan fascinante. Ser la pareja que ibais a ser.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Empecemos de nuevo, te abro la puerta: ¿Cómo estás TÚ?



domingo, 26 de abril de 2015

Pareja en crisis, pareja a oscuras

La comunicación en una pareja en crisis está sembrada de lindezas como quejas, enfados, reproches, rencores, acusaciones, faltas de respeto, luchas de poder, desgaste, berrinches, llanto, tristeza y ataques. Desde fuera parece que la situación es insoportable pero cuando se pregunta a la pareja por qué siguen juntos (que no unidos, evidentemente) en la inmensa mayoría de ocasiones la respuesta es:

“Porque nos queremos”

Ante tal contradicción la cabeza del psicólogo implosiona durante unos segundos. Pero empecemos a recomponerla:

Generalmente ambos miembros de la pareja (o uno de ellos más que el otro) tienen muy claro cuál son los problemas que los han llevado a esa situación. Se han ido generando con el tiempo, los malentendidos, las expectativas no cumplidas, los cambios que se esperaban y no se han producido. O dicho de otro modo, con la convivencia y los años en común su visión de la pareja se ha quedado casi a oscuras y solo ven esto:

Visión de una pareja a oscuras

Su atención está centrada en aquello identificado como los problemas, casi de manera exclusiva, porque son aquello que molesta. Como además sufren y hay una tensión emocional constante, hay prisa por resolverlos. Se buscan soluciones, se habla de ello en la pareja y con quienes les conocen. Si lo que se hace no resuelve los problemas, cuanto más tiempo pasa la atención se centra más en ellos. Se entra en bucle, porque cada vez más se intenta solucionar los problemas teniendo únicamente en cuenta los elementos que lo causan, haciendo siempre lo mismo buscando resultados diferentes.

Cada uno le dice al otro, “éste es el problema, cámbialo”, “cambia tú primero”, “eres desordenada, esfuérzate en ordenar (como yo haría)” “deja de ser tan irritante”, “no me gusta como vistes”, “programas demasiado las cosas”, ”siempre tengo que tener yo la iniciativa en el sexo”, etc.

Las parejas tienen muchas más posibilidades de mejorar con o sin terapia cuando empiezan a ser conscientes de que sólo estan prestando atención a una parte de la realidad (la que no les ayuda) y que, por lo tanto, no valoran todo lo que ya tienen, simplemente lo dan por asumido. Deben encender la luz y recuperar la visión global:
Visión con la luz encendida 

El amor es sólo el principio de la pareja. Imprescindible, pero un inicio. El amor no aguanta todo y muere de hambre si no lo alimentamos también con todo aquello que nos gusta y nos disgusta de nuestra pareja. Si no se alimenta, todo lo bueno desaparecerá, solo quedarán los problemas. Y eso si es un motivo de ruptura sin solución.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Me falta un martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: 

"¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como ese le amargan a uno la vida. Y luego todavía de imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo." 

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes que el vecino tenga tiempo de decir "Buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo, imbécil!"

"El arte de amargarse la vida" Paul Watzlawick Ed. Herder. Página 43


Cuando la vida de uno es mínimamente activa surgen retos, problemas, situaciones a resolver. Algunas pueden solventarse, otras quizá no sea posible conseguirlo. Pero es importante tener en cuenta que en ocasiones el afán de prever situaciones puede convertirnos en nuestro peor enemigo, provocando el pensamiento de problemas que, en realidad, no son tales.

Leído en frío, acabo de decir una obviedad, es cierto. Pero en los momentos de crisis es más difícil discernir entre problemas prioritarios y tonterías sin importancia, pero que sacan de quicio. Es una habilidad que en lo posible, debería entrenarse fuera de los momentos de crisis personal, antes que se haya desbordado todo. Ser consciente de eso, de la propia capacidad para sobredimensionar las cosas, es un gran primer paso.

Un segundo es parar de pensar en cómo solucionarlo y reflexionar realmente para qué me estoy preocupando tanto y si realmente puedo hacer algo sencillo para solucionarlo.

El tercero es hacerlo. O no. Y seguir pensando hasta encontrar una solución... o no... Y dejar que esas tonterías sigan enmascarando si realmente lo que ocurre, el malestar, es otra cosa.

martes, 2 de septiembre de 2014

Autoayudarse por escrito

Hoy voy a explicar en qué consiste una técnica terapéutica sencilla (que no siempre fácil) que recomiendo muchas veces por lo práctica que es: la escritura. 

Habitualmente sólo conocemos el uso “literario” de la escritura, donde hay unos escritores que escriben buscando ser leídos y unos lectores que, valga la perogrullada, leen. En muchas ocasiones, la mayoría, el lector nunca se convierte en escritor. 

Escribir literatura en sí es una vía de expresión. Una búsqueda para los escritores. Al menos es a la conclusión que llegué después de estas vacaciones:

Pude ir a un festival literario donde varios autores de ficción presentaban sus novelas. Cada novela de ficción lleva algo de su autor, algunos le ponen más de sí mismos, otros menos. Aun explicando una historia que no tenía nada que ver en muchas ocasiones con su propia historia personal, todos los escritores siempre hablaban de su necesidad de “contar la historia que me sale”, “la historia que quiero contar en ese momento”, “transmitir lo que siento respecto al tema X”. 

El contar esa historia les conlleva varios niveles de esfuerzo, muchas veces de investigación, de orden y de expresión, de sacar de ellos mismos las emociones que necesitan expresar a través de los personajes que crean. A veces sufren y otras disfrutan, pero todos ellos al hablar de su proceso de escritura, llegaban a la misma conclusión final: “la novela gustará o no, y espero que guste y vender muchas, pero igualmente me he quedado muy a gusto escribiéndola y acabándola”.

Escribir es para ellos, los escritores, una actividad para el disfrute. Lo genial es que no hace falta ser escritor para escribir. Al menos para uno/a mismo/a y practicar una verdadera técnica de autoayuda (esta sí). Una herramienta que ayude a superar crisis emocionales o vitales. La Escritura Terapéutica.

La escritura terapéutica la puede hacer cualquier persona, no está limitada a personas con más o menos formación o más o menos vocabulario.

Si te decides a probar, aquí van algunas ideas:

1.- La única norma a seguir a rajatabla es: Escribir a mano. Ordenador, tablets y otros soportes digitales no van tan bien para la escritura terapéutica, porque permiten borrar y añadir texto, de modo que se puede corregir lo que se escriba las veces que se quiera, sin límite.
Escribir a mano, como no se puede borrar, obliga a seleccionar y ordenar más la información y a parar un poco la velocidad con la que se nos ocurren las ideas. Es imposible escribir tan rápido como se piensa. Si hay algo que te preocupa y te viene a la cabeza una y otra vez, esta técnica es muy recomendable.

2.- No hay “un tema” sobre el que puedas escribir o debas escribir y otros no. Se trata que escribas lo que te salga: cómo te sientes en ese momento, si ha habido alguna conversación que te ha afectado ese día y porqué. 

3.- Se trata de escribirte a ti, de hablarte y explicarte qué te ocurre y que te preocupa. El objetivo es ayudar a ordenar mejor el pensamiento sobre lo que ocurre. Lo mejor es que escribas “tal cual pienses” o “tal cual sientes”, sin hablar en tercera persona ni otras formas más literarias.

4.- Puedes convertir el momento de escribir en tu momento del día. Si es así, merece que le dediques su tiempo propio (un momento en la rutina diaria y que mientras escribas no hagas otras cosas) y reservarle un espacio exclusivo.  Con espacio quiero decir el espacio físico (la mesa, la habitación) pero también el soporte: una libreta o bloc sólo para este uso. 

5.- Es recomendable que sigas una rutina mínima, sobre todo en los días que más se necesita porque estás con más malestar. Escógelo a tu conveniencia, puede ser a última hora del día, antes de ir a dormir. 

6.- El formato lo escoges tú, puesto que eres tú quien lo escribes. Habla de ti en primera o en tercera persona. No hay límites con la longitud. No está ni bien ni mal ni cuando escribes 3 líneas ni cuando le dedicas 5 páginas. Nadie te lo va corregir, se trata que te expreses cuanto quieras o cuanto te salga, que se trataría de lo mismo.

7.- Lo mismo en cuanto al contenido. Te hablas tú a ti. No se trata de enseñarlo a nadie. Déjate llevar y escribe lo que te salga, no te cortes. Se trata que escribiendo te des permiso para expresarte y pensar como no te permites o no puedes en otras situaciones. Dan igual los borrones, dan igual las correcciones. Da igual la ortografía.

8.- Un último punto importante es la privacidad: no es algo a hacer para enseñarlo, no es para publicarlo en las redes sociales. No es para ningún tipo de público. Es solo para ti mismo. Si lo escribes para enseñarlo, no te sentirás libre y la técnica pierde su eficacia.

Es una técnica que va bastante bien para personas con ideas que vienen constantemente a la cabeza, miedos y problemas con las relaciones. 

Estas son algunas ideas básicas. Como toda herramienta, puede adaptarse según cada persona y a veces según lo que se quiera conseguir. Escribir puede servir, en general, para aclararse las ideas situaciones de decisión o de confusión entre opciones e ideas, ya sean racionales o emocionales. Y como toda habilidad, con la práctica, mejora.

Foto: encespaico (flickr)

viernes, 27 de septiembre de 2013

STOP

- A ver si opinas lo mismo que yo y me lo explicas: No me pasaba nada, había pasado toda la mañana relajada, no haciendo nada especial, leyendo, paseando...
- Bueno, pero para eso estabas esperando las vacaciones ¿no? Entre otras cosas...
-... Pero no te lo pierdas: en un momento, me puse de un mal humor tremendo, una mala leche... estaba nerviosa, rabiosa, y sin motivo!
- Sin motivo?
- Bueno, cuando me calmé, me di cuenta: mi problema fue... Que no tenía problema.
- ¿?
- Si, me sentía mal porque había estado toda la mañana sin hacer nada en concreto, perdiendo el tiempo... Y me puse de muy mala uva precisamente porque no había hecho nada...
- ...Que era lo que estabas deseando como agua de mayo, con la de veces que has dicho el "quiero tener tiempo para mí".. 
- Ya, pero empecé a pensar "¿debería estar aprovechando más el tiempo?", "¿Ahora que lo tengo lo dedico a NADA?", "voy a estar igual todos los días, así sin hacer nada"... Y me puse fatal... Hasta que no me calmé un poco y vi qué me pasaba, estuve un rato que "mordía".


Nuestro cerebro es una fábrica de solución de problemas. Es a lo que se dedica y es lo que nos ha permitido evolucionar como especie. La capacidad de identificar problemas y solucionarlos nos ha permitido hacer fuego, fabricar herramientas, inventar el dinero para facilitar el intercambio y crear el comercio... Por poner sólo algunos ejemplos.


Pero toda cara tiene su cruz, o varias. Una de ellas es que cuando la mente no tiene problemas que solucionar, si la dejamos sola... Se dedica a crearlos.

La mayoría son inofensivos y se vuelven tareas: A qué precio estaban las patatas la semana pasada, planificar cosas en fin de semana, elegir colores y prenda de ropa que nos compraremos en las próximas rebajas... Cosas que si tienes otra cosa que hacer y de qué preocuparte, pues surgen, se plantean y se solucionan.

Otros son los en verdad problemáticos, porque van sobre temas que no podemos solucionar YA, e incluso puede que no tengan solución (esos son los peores, porque la mente, tozuda ella, no distingue entre problemas con o sin solución, todos los trata igual: no para hasta que los resuelve). Los peores son las preocupaciones acerca del pasado y sobre el futuro.

Sobre el pasado, revisamos una y otra vez aquel hecho por el que sufrimos: si hemos tenido una ruptura de pareja recientemente, estaremos una y otra vez revisando qué ha pasado, qué hemos hecho, qué nos han hecho, buscando respuestas o culpables... Pero para no poder arreglar nada de eso, porque en el pasado está.

Sobre el futuro, proyectamos, nos preocupamos, intentamos predecirlo, especulamos posibilidades basándonos en lo que sabemos de esa situación o de nosotros mismos (es decir, buscamos en el pasado, qué ironía).
Pero... No siempre es útil, porque por mucho que nos preocupemos, el futuro siempre llega. En el mejor de los casos solo habremos previsto algunas de las cosas que pasarán... Por cierto que sin demasiada exactitud teniendo en cuenta toooodo el esfuerzo invertido en controlarlo o predecirlo.

¿Qué hacer entonces? No se puede dejar de pensar... Pero si podemos (con cierto esfuerzo) aprender a pensar diferente. Porque mientras estamos ocupados con pasado y futuro... Al presente no le prestamos apenas atención. Ironía de nuevo, porque lo que hacemos en el presente incide directamente en el futuro, que tanto nos preocupa.

Un ejemplo muy fácil lo pone Thich Nhat Hanh: "Cuando Jim y yo empezamos a viajar por USA, nos sentamos al pie de un árbol y compartimos una mandarina. Él se puso a hablar de lo que haría en el futuro. Siempre que pensábamos en un proyecto que parecía atractivo/inspirador, Jim se absorbía tanto en dicho proyecto que se olvidaba de lo que estaba haciendo en el presente. Se metió un gajo en la boca, y antes de empezar a masticarlo, ya se había metido otro.

Apenas era consciente de estar comiendo la mandarina. Sentí que tenía que decirle algo y fue lo siguiente: "Tendrías que comerte el gajo que te has metido en la boca". Jim se quedó desconcertado al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Era como si no estuviera comiendo la mandarina. si había algo que estuviera "comiendo" era sin duda sus planes para el futuro". No disfrutaba la fruta que estaba comiendo.

Ahora más que nunca, en que todo parece consistir en dar respuestas inmediatas, es importante darte a tí mismo/a un lujo: Pausar:
Para 0,5 segundos,
piensa lo que quieres responder,
escúchate que estás diciendo,
permítete decirte cómo te sientes.

Uno o 10 segundos pueden ser suficientes para escucharte como estás AHORA y Aquí, y decidir. Decidir qué hacer para entender el pasado, darle un sentido a tu pasado y decidir con qué actitud enfrentas el futuro.

Pero sobre dar sentido... hablaremos otro día.

lunes, 28 de enero de 2013

Música para Emociones (I)

"Sin música, la vida sería un error" 
(Friedrich Nietzsche)

Una de las cosas que más disfrutamos las personas es la música. Descubrir canciones, escucharlas y dejarse envolver por ellas, crearlas... son algunas de las cosas que nos hacen más humanos.

¿Cómo vives con tu música favorita? Es probable que de muchas maneras diferentes: En conciertos, en el coche, con amigos, cantando con tus hijos, aislándote para disfrutarla solo/a... Con la música acompañamos sobretodo nuestros buenos momentos: el baile de una boda, la nana a un bebé, el tarareo cuando estamos haciendo algo que nos gusta.

La música también puede servir para estimular tus ondas cerebrales y tus emociones. Para muestra un botón: Piensa en las sensaciones y los recuerdos que se te han despertado sobre esa persona especial (pareja, familia) cuando has vuelto a oír "esa canción".

Viajando en tren casi siempre veo como la utilizamos básicamente para aislarnos.Te propongo ir un paso adelante y utilizar en tu día a día las canciones que te gustan y su capacidad para despertarte emociones que te hagan sentir bien.  

Si estás nervioso, puedes coger canciones para relajarte, o también para activarte de una manera positiva, centrada y con buen humor antes de empezar el día o algo importante que tienes que hacer (Y hacer listas con ellas, pero eso lo iremos viendo).

Esta es una primera entrada sobre música y emociones. Me gustaría explorar usos que podemos dar a nuestras canciones (es igual el estilo, ¡son TUS canciones!). 

Como es un inicio, la que he elegido es "Celebrate" de Mika. Por varias razones: Es positiva, es rítmica, está cantada con alegría y va subiendo el ritmo y la intensidad progresivamente, haciendo un crescendo que consolida al final. Si no la conoces, y después de escucharla te gusta, vuélvetela a poner  después, cierra los ojos y céntrate en los cambios que hace en la parte final...




A mí me invita al movimiento y a hacer cosas con alegría. ¿Cuál (o cuáles) canción favorita tuya te produce un efecto parecido? 


lunes, 26 de noviembre de 2012

"Porque yo soy..."


Cuando trabajas de tú a tú con personas, en muchas ocasiones te encuentras con la situación siguiente. Él/ella te dice algo parecido a esto:

-          “Como soy tan (débil)… si fuera diferente, todo me iría mejor, ya me lo dicen”.

Pero después, conversando, preguntando… Llegas a la íntima conclusión que esa persona, que cree que es tan “débil” y que le gustaría ser más “fuerte”, ha superado situaciones (muy) difíciles en la mayoría de los casos. También está realizando esfuerzos importantes para dejar de pasarlo mal, y lo que es también importante, ha empezado un proceso personal (la terapia, el coaching en algunos casos) que le implica, entre otras cosas, hacerse preguntas diferentes.

Es muy difícil cuestionarse a sí mismo, y mantenerse firme en el proceso para avanzar.

Y aun así, con todo esto, la persona sigue pensando de sí misma que es  “débil”.

He utilizado “débil”, pero el mismo ejemplo podría valer para otras muchas palabras que a veces utilizamos para autodescribirnos:
  • Tímido/a,
  • Cobarde,
  • Valiente,
  • Emocional,
  • Dependiente,
  • Fuerte…y la lista se extiende hasta el infinito.

Estas palabras no sólo las utilizamos como parte de “nuestra identidad”, sino que también nos condicionan cómo nos expresamos y nos comportamos ante los demás. Cuando una persona se define a si misma como “cobarde” ó “Valiente”, lo dice desde su propia idea de lo que es ser de una manera o de otra.

Te pregunto a ti, qué estas leyendo: ¿Qué es PARA TI ser valiente? ¿En qué situación de tu vida lo has sido? ¿Podrías serlo de alguna otra manera?

Si yo hiciera estas mismas preguntas a 10 personas, muy probablemente darían definiciones muy diferentes. Porque cada uno creamos nuestra propia idea de lo que es ser valiente, o tímido… Intentando hablar de lo mismo y teniendo claro lo que significa esa palabra en el diccionario. Son Constructos. Nuestras ideas nos definen, nos dan una identidad. Y cada uno/a de nosotros ha aprendido en algún momento en qué consiste “ser valiente”… y qué no lo es.

Estas palabras, estos constructos, nos hacen únicos, y también influyen cómo vivimos nuestras emociones, nuestras actitudes y también, cómo no, nuestros comportamientos.

Los constructos están muy arraigados. Forman parte de nuestra identidad, pensamos que somos así y no cambiaremos ahora, ya a estas alturas… ¿de verdad?

En muchas ocasiones la psicoterapia no es la solución de problemas (que también) sino la revisión de alguno de estos conceptos: “¿de verdad eres cobarde?, ¿qué te lleva a pensar eso?, ¿si no fueras cobarde, qué hubieras hecho diferente?”. Y porque no, construir ideas nuevas a partir de lo que ya no nos funciona.

Podemos descubrir que aplicamos de manera automática significados que para nosotros tienen sentido, pero no para los demás, que incluso se sorprenden de lo que aseguramos: “¿Y dices que eres tímida? No lo habría dicho en la vida”.

No está de más revisar las creencias que uno tiene de sí mismo, porque en ocasiones podemos convertirnos en nuestro peor enemigo. “con lo tímido que soy, ya ni lo intento, lo pasaré mal para nada”.

Debemos tener cuidado con lo que nos decimos a nosotros mismos, nos lo podemos llegar a creer. 

martes, 19 de junio de 2012

Insensibilidad vs. Fuerza


“no quiero tener miedo”, “no quiero volver a pasarlo mal”

A quienes no la conozcáis todavía, me gustaría presentaros a la Dra. Temperance Brennan. Aunque debo avisaros: al principio cae mal, muy mal. Es una mujer joven y muy inteligente. Brillante. Ella misma sabe que lo es,  y ese será el motivo que hará  que os caiga mal: no tiene ningún reparo en ser lo que se le llama una persona muy sincera. Ella misma se enorgullece de serlo. No deja de repetir que su inteligencia es superior a de quienes la rodean, que es un verdadero almacén andante de datos, que nunca se equivoca… Además de ser cierto, tiene otra costumbre: siempre está dispuesta a corregir a los que demás en cuanto tiene la oportunidad, sea sobre el tema que sea. 
Pero no lo hace por placer o por destacar, sino porque… la única manera en que se relaciona con los demás de manera cómoda para ella es desde la parte más académica. No tiene empatía. 
No cae en la cuenta que su sinceridad los demás la perciben como petulancia, crueldad y frialdad. De hecho, está tan convencida que su punto de vista y argumentos son los válidos que dedica enormes esfuerzos a intentar convencer a los demás. 
No tiene en cuenta que en ocasiones, cuanto más uno insiste a conseguir algo más refuerza la posibilidad a conseguir el efecto contrario. Todo esto a la larga la ha aislado. 
Durante un tiempo, no lo vive como un problema. Vive dedicada a su trabajo y está satisfecha de la vida que ha construido.
Pero llega un momento en que ya no le vale. Vive con cada vez más frustración el vivir al margen. Y se da cuenta que cada vez le importa más.
Como es inteligente, sabe que tiene dos 2 opciones: puede enrocarse en sus opiniones, creer que el problema es externo a ella, no hacer nada (y por tanto, perpetuar el problema). O empezar a "mojarse", cambiar cosas y empezar por primera vez en su vida a ser flexible.  A lo largo de la serie vemos cómo enfrenta poco a poco su aprendizaje y los cambios que va consiguiendo. Lentamente y a veces de manera dolorosa. Nadie dijo que sería fácil.


Pero en un momento dado, llega a una conclusión. Aquí os la dejo, a mí me ha encantado...


Vídeo: Bones Ep 06x16. Título original: "The Blackout in the Blizzard"(2009/2010) Creadores: Barry Josephson, Hart Hanson, Stephen Nathan. Productora: FOX 

martes, 5 de junio de 2012

El valor de equivocarse


Puedo atreverme a asegurar que aún no he conocido a nadie que le guste equivocarse.  Pero si he conocido diferentes tipos de personas según cómo decidan enfrentarse a la posibilidad de cometer o vivir errores:

Algunos de ellos ni lo piensan. Creen que hacerlo es un estorbo innecesario y algo que les detiene de tomar decisiones. O no valoran lo suficiente esa posibilidad. Van adelante y sin cortapisas. Sólo consideran consecuencias cuando el resultado no les satisface. Un subgrupo de ellos pensará entonces que lo ocurrido es casi siempre cosa de los demás, o del destino, o de la mala suerte, porque a ellos no les cuesta tomar decisiones. Como si el hecho de "hacer cosas" por sí solo garantizara el éxito. A todos ellos en general se les considera personas valientes. Otros puede ser que les llamen temerarios.

Otros no toman decisiones. Dejan que los demás las tomen por ellos, responsabilizándoles de las mismas. O se lo piensan mucho, mucho, mucho, y luego mucho más hasta que creen que se dan las condiciones de 100% seguridad para no equivocarse. Si consideran que no se da esta seguridad, evitan, posponen. Hasta la saciedad, el agotamiento, la frustración y en algún caso extremo, hasta la fobia.

Otros toman decisiones, actúan… Y no se equivocan. O puede que si. Pero tienen su objetivo claro. Sufren porque no les gustan los errores pero aprenden de ellos. Sin dramas pero con conciencia. Dándose tiempo a sufrir, pero el necesario. Porque saben que, en la mayoría de casos, equivocarse es una parte, no un todo. Que muy probablemente si sólo piensan en los errores acabarán pensando que todo lo han hecho mal. Y que si caen en esa trampa no darán valor a todo aquello positivo y que está ahí, esperando a que le presten atención. Saben que de los errores se aprende, pero que de los aciertos también. Y a veces, más.

Porque los 100% no existen, ni de seguridad, ni de errores ni de aciertos. ¿Alguien ha conseguido hacerlo alguna vez TODO bien y PERFECTO? ¿Y todo, absolutamente TODO MAL? 

Mientras buscamos o evitamos un ideal no nos permitimos vivir aquello real. 

Como me dijo una vez M.A. Raya, “lo perfecto es enemigo de lo bueno” (Voltaire).

lunes, 19 de marzo de 2012

Ilusiones y Alternativas


Hoy me apetece hablar sobre opciones y alternativas. Pero antes, un cuento:

Esta es la historia de un caballero del rey Arturo. Un día, regresaba eufórico de una cacería exitosa. Se encontró en el camino a una joven y la violó. Una vez apresado, el rey decidió dejar su destino en manos de la reina y sus damas. La reina decidió que le perdonaría la vida con una condición: que consiguiera dar buena respuesta a la pregunta: “¿Qué es lo que casi todas las mujeres desean?”
Para encontrar la respuesta, se le concedió a nuestro caballero un año y un día de tiempo. Si fallaba, sería condenado a muerte. El último día, mientras se dirigía de regreso a la corte sin resolver el enigma, se encontró una mujer vieja. La más fea que jamás había visto. Sentada en el camino, llamó su atención con unas palabras proféticas: “Caballero, por aquí no hay camino con salida”. Éste, desesperado, le explicó a la vieja su situación, a lo que ella le respondió con una propuesta. Le revelaría el secreto si él se comprometía a hacer después lo que ella le pidiera, siempre que estuviera a su alcance.
Nuestro protagonista ya estaba atrapado en una situación nada agradable, y esperando tener una oportunidad aceptó la oferta  de la anciana. Ésta le contó el secreto: ”casi todas las mujeres desean ser soberanas y gobernar por encima de sus maridos y salirse con la suya en el amor”. El caballero dio la respuesta a la corte y las damas, satisfechas, le perdonaron. Una vez libre, la anciana le exigió que cumpliera con su parte del trato y que la desposara. El caballero cumplió su palabra. En la noche de bodas, yacía desesperado al lado de su esposa, pues no podía soportar la repulsión que su aspecto le causaba. Finalmente, la bruja le volvió a presentar dos alternativas: podía aceptarla tal y cómo era y ella sería una esposa fiel y obediente toda su vida, o elegir que ella se transformara en una joven hermosa, pero que nunca le sería fiel.
El caballero meditó largamente sobre las 2 opciones y finalmente contestó “no elijo a ninguna de las dos”, negándose así a elegir. En aquél momento la mujer se transformó en una hermosa joven que también era fiel y cariñosa.

El protagonista de nuestra historia se ve atrapado repetidamente en lo que los psicólogos Weakland y Jackson llamaron la Ilusión de alternativas. Es decir, la existencia de situaciones en que podemos elegir entre 2 opciones, pero donde ninguna de ellas es válida. 

En un intento de buscar la opción “correcta”, la persona se siente obligada a elegir una de ellas, cuando con cualquiera de las 2 opciones la persona pierde. Es decir “pierde si lo hace (porque la opción ofrecida no le conviene) y pierde si no lo hace (porque siente la culpabilidad y los reproches de no hacerlo)”. Otros autores llaman a esta situación de “Doble Vínculo”. 
Es una trampa difícil de eludir una vez se ha caído en ella, porque uno no se plantea normalmente cuestionar las opciones. Generalmente quienes las plantean tienen una posición respecto a nosotros que nos lo pone muy difícil: padres, parejas, jefes... Y volvemos a la obligación de elegir. 
¿Cómo escapar? El caballero eligió no elegir, es decir, salir de la situación engañosa. En muchas ocasiones la salida (o al menos un inicio) pasa por cuestionar en voz alta que las “opciones” realmente no lo son. No siempre es fácil. En numerosas ocasiones es necesario buscar la ayuda de una tercera persona que “desde fuera” nos aclare el falso dilema.

Porque es una trampa muy frecuente: “Si me quieres, harás esto, aunque no quieras, que es por tu bien”.

Fuente: "Teoría de la Comunicación humana" Watzlawick P., Bavelas J.B., Jackson, D.D. (1981)

martes, 6 de marzo de 2012

Improvisaciones

En Prevención de Riesgos Laborales se dice que hay dos maneras de entender la seguridad en el trabajo y por ende, dos maneras de trabajar la (posible) aparición de accidentes: la manera preventiva y la manera correctiva.

Si aplicas la manera Correctiva, significa que no adoptas medidas importantes para evitar los accidentes antes que ocurran: toda tu energía se destina a reaccionar, a poner parches para corregir errores. Te dedicas a actuar sólo cuando ya hay algo contra qué reaccionar. Esto puede ser cuando el accidente ya ha ocurrido o cuando el riesgo es tan grave y tan inminente que no te queda otra para evitar la catástrofe.

Por el contrario, existe una manera Preventiva de actuar. Quienes la eligen, eliminan riesgos antes que empiecen a causar problemas serios, observan, hacen pequeños cambios y van valorando resultados. En vez de pre-ocuparse, se ocupan. Siempre habrá imprevistos, pero el esfuerzo para amoldarse a éstos no será tan urgente, no les cogerá con el paso tan cambiado, estarán más preparados. Ya han anticipado y aceptado  que determinadas circunstancias pueden dar lugar a determinados riesgos.

Quienes defienden una manera más Correctiva de trabajar, dicen que es "muy caro" mantener un esfuerzo tan constante. Sobre todo, porque es muy costoso estar siempre previniendo algo que "no se sabe si pasará algun día". No planifican, no preveen. Esperan a actuar sólo cuando sea necesario y para solucionarlo todo rápidamente. A corto plazo.

Sin embargo, los que trabajan de manera más Preventiva, están convencidos que su esfuerzo vale la pena y lo explican de maner muy sencilla: "a largo plazo, es más costoso pagar accidentes y consecuencias que intentar mantener las condiciones para que éstos sean menores o no ocurran".

No sólo elegimos trabajar "a corto plazo" sólo en las empresas, sino también con muchos otros ámbitos, como el Emocional: queremos ver los resultados de los esfuerzos que hacemos de manera inmediata. Queremos que la dieta "milagro" nos quite 20 kilos de sobrepeso sin pasar hambre, que nuestra pareja esté "ahí" cuando la necesitamos y bajo cualquier circunstancia sin haber cuidado la relación, que nuestros hijos no defrauden los esfuerzos que en ellos hemos dedicado, ser capaces de soportar todo el estrés que se nos eche encima sin pestañear...

En muchas ocasiones sólo queremos hacer "inversión" cuando "realmente se necesita", como es un momento de crisis personal (de pareja/ familiar/ laboral). ¿Es realmente más barato?

¿Nos creemos el mensaje que dicen los médiums por la tele: "pide y se te dará"?

¿O elegimos Ocuparnos? ¿Y hacer Prevención?   

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un pastel


Hoy te voy a proponer un experimento. Se me ocurrió hace poco. Te requerirá un poco de esfuerzo, pero tranquilo/a, no recibirás descargas eléctricas ni nada por el estilo.

Primero necesito que estés unas horas sin comer. Puedes beber lo que te apetezca, pero no comas. No te voy a decir cuántas horas, tú cuando notes en el estómago esa sensación de vacío, me avisas. Pero no gusanillo, tienes que tener HAMBRE.

¿Si? ¿Ya estás?

Vale. no pasa nada. Como recompensa a tu esfuerzo, mira lo que tengo para ti. Un buen pastel. De los que a ti más te gustan. Lo acabo de hacer. Sólo que me ha quedado grande. Podría ser para 10 personas. Pero no importa, con el hambre que tienes… seguro que te lo acabas.


…

¿Algún problema? ¿Cómo que no puedes más? ¡No vas ni por la mitad! Con el hambre que parecías tener. De la manera que te habías lanzado al pastel parecía que no ibas a dejar ni una migaja, pero ya veo: Te has puesto a engullir y te has empachado, y aquí se ha quedado tu pastel. Durante unos días no vas a poder ni mirarlo, de lo mal que te sientes…

Y quizá se estropee, porque en una temporada no tendrás ganas de pastel. Una lástima, con la buena pinta que tenía…

¿No te recuerda a algo esta situación? Si, te lo recuerdo… Tú tenías muchas ganas de conseguir un cambio, y has empezado a hacer cosas para conseguirlo, y en cuanto has visto mínimos resultados te has lanzado a disfrutarlos, como si ya estuviera todo hecho, como si pudieras con todo… Pero ya has visto que no es así. Lo has querido coger todo de golpe, y te has empachado.

En otras ocasiones te ha ocurrido algo parecido, has querido solucionar un problema muy grande de una única manera, y de una vez… y ya has visto que el pastel era demasiado grande para ti. Quizá hubiera sido mejor idea cortarlo en raciones más pequeñas, y así te lo hubieras podido comer a tu ritmo.

Te voy a proponer otra cosa… La próxima vez, si te parece bien, no esperaremos a que tengas tanta hambre. En lugar de coger todo el pastel de golpe, haremos lo que te he dicho: Lo cortaremos a trozos y lo iremos guardando, para que lo vayas disfrutando, para que la ración no sea tan grande si te cuesta digerirlo. Y para que siempre te quede algo por si tienes hambre.

No tengas tanta prisa, todo tiene su tiempo. Intenta no engullirlo todo de golpe.