Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de abril de 2015

Qué se esconde tras una barba

Hoy quiero recomendar un cómic que me he leído hace poco. Y si, quizá no es muy habitual que se recomiende cómics en un blog como éste. ¿Mi razón? Que aunque de siempre me han gustado, cada vez tengo más claro que las novelas gráficas son una manera muy directa de explicar historias potentes. Mediante la imagen nos llegan las emociones del autor y de los protagonistas de un modo especial, casi inconsciente. No creas que son historias para niños, no solamente. Si no conoces la novela gráfica y te gusta leer, te invito a probar algo diferente.

Y empiezo por una historia que habla de una manera muy clara de dos temas que aparecen y son frecuente motivo de sufrimiento: el miedo a la incertidumbre y lo que nos exige adaptarnos a cambios inesperados.  

LA GIGANTESCA BARBA QUE ERA EL MAL (Stephen Collins, Ed. La Cúpula, 2014)

“Dave vive exactamente AQUÍ, en este lugar que da la espalda a un mar lleno de secretos. Todas las tardes, al volver de la oficina, se sienta en su escritorio, escucha canciones en bucle y dibuja a la gente que ve a través de la ventana. Entregado a esas rutinas, Dave se siente a salvo. 

Dave cuida el orden para que el orden lo cuide a él, pero a veces tiene la sensación que bajo la pulcra alfombra de la realidad puede haber algo, un mundo oculto debajo de la piel, la bárbara memoria de lo que fuimos. Y se está despertando”

Dave empieza a descubrir que su barba no es muy común


La historia es la de una barba que crece sin control en un mundo, una ciudad de caras perfectamente rasuradas, de peinados bien cortados y de estilos de vestir que cumplen las normas. Todo controlado en un perfecto orden. 

Una historia donde la gente vive en una isla llamada “AQUÍ”, de casas construidas iguales entre sí, calles limpias, árboles y jardines cuidados. Y rodeando esta isla, lo desconocido, el abismo, el caos, tan aterrador que la gente vive de espaldas a él. A ese lugar tan desconocido y aterrador le llaman “ALLÍ”.

Mapa de "Aquí" (Here) en el centro, rodeado del mar y del aterrador "Allí" (There)

Un mundo en orden donde la gente va al trabajo con la vista pegada al teléfono móvil en silencio y cumple sus tareas con diligencia, sin tener porqué saber qué sentido tiene hacerlas. Sin felicidad, sin tristeza, pero en un perfecto orden. Nadie se plantea si el orden gusta o no, está ahí, cumple su función y oculta los miedos de cada uno (“todo está en orden, nada nuevo, nada que temer”).

Pero muchos sabemos que todo aquello que se oculta con esmero, tarde o temprano volverá a intentar salir a la luz. Y que irrumpirá con más violencia cuanto más fuerte es el esfuerzo por ocultar y contener. En esta historia es una barba de una persona cualquiera al azar, que no tiene ni poderes especiales ni ninguna característica especial. La barba como metáfora de lo que en la vida real podría ser un secreto, o inseguridades que ocultamos.

Y es la historia de una barba que provoca cambios en su propietario y a su alrededor. Primero pequeños cambios, siempre al principio los cambios son pequeños. Pero como bien sabemos los psicólogos, los cambios provocan otros cambios más evidentes y grandes. La gente ordenada y pulcra reacciona ante el desorden de una barba que crece sin orden, sin propósito, sin objetivo y sin razón aparente. La gente reacciona, la sociedad reacciona, poco a poco, buscando el equilibrio perdido. Haciendo más cambios, y más....

Éste es un cómic sobre miedos y equilibrios perdidos, una metáfora algo surrealista, pero muy clara. Y que espero que disfrutes… si te atreves a adentrarte a ella :) 

Portada

Ejemplares disponibles en las Bibliotecas de Barcelona: https://sinera.diba.cat/record=b1750916~S171*

Enlace y reseña de la editorial: http://www.lacupula.com/catalogo/la-gigantesca-barba-que-era-el-mal

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cuánto cuesta ser rico

Uno de mis descubrimientos recientes de lectura es la psiquiatra suiza Alice Miller. En su libro "El drama del niño dotado, la búsqueda del verdadero yo", sencillo pero contundente, incluye este pequeño relato: 

El cerebro de oro

Érase una vez un niño con un cerebro de oro. Sus padres lo advirtieron por azar cuando, a consecuencia de una herida en la cabeza, le brotó oro en vez de sangre. Empezaron a proteger cuidadosamente al niño y le prohibieron el trato con otros niños, para evitar que le robaran. Cuando el niño creció y quiso recorrer mundo, su madre le dijo: "Hemos hecho tanto por ti que también nosotros deberíamos participar de tus riquezas". El hijo se sacó entonces un gran trozo de oro del cerebro y se lo dio a su madre. 


Durante un tiempo vivió a lo grande con su riqueza en compañía de un amigo que, sin embargo, le robó una noche y desapareció. El hombre decidió entonces proteger su secreto en el futuro y trabajar, porque las provisiones desaparecían a ojos vistas. 

Un buen día se enamoró de una muchacha hermosa que también le amaba, aunque no más que a los preciosos vestidos que de él recibía a manos llenas. Se casó con ella y fue feliz, pero la esposa murió al cabo de dos años y, para pagar su entierro, que tenía que ser grandioso, el marido gastó el resto de la fortuna que le quedaba.

Débil, pobre e infeliz deambulaba un día por las calles cuando, en un escaparate, vio un par de hermosos botines que a su mujer le hubieran quedado perfectos. Olvidando que su esposa había muerto -tal vez porque su cerebro vacío ya no podía trabajar-, entró en la tienda para comprar los botines. Pero en ese instante cayó a tierra y el vendedor vio en el suelo que estaba muerto".

Relato incluido en "Cartas desde mi molino", de Alphonse Daudet.

Alice Miller indica que "Daudet, que había de morir de una enfermedad de la médula espinal, escribió al final: "Esta historia parece inventada, pero es real de principio a fin. Hay personas que tienen que pagar las cosas mas insignificantes de la vida con su sustancia y su médula espinal. Se trata para ellos de un dolor eternamente recurrente. Y luego, cuando se cansan de padecer...".

Una de las cosas más difíciles de calibrar y distribuir y que por tanto, genera más dudas, sentimientos contradictorios, malestar y frustración es cuánto pongo de mí para ayudar y conseguir satisfacer a los demás, y para qué. Si este cuento te ha hecho pensar, quizá es que no eres tan egoísta como a veces te dicen... O que quizá ya va siendo hora de darles (un poco) la razón.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Me falta un martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: 

"¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como ese le amargan a uno la vida. Y luego todavía de imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo." 

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes que el vecino tenga tiempo de decir "Buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo, imbécil!"

"El arte de amargarse la vida" Paul Watzlawick Ed. Herder. Página 43


Cuando la vida de uno es mínimamente activa surgen retos, problemas, situaciones a resolver. Algunas pueden solventarse, otras quizá no sea posible conseguirlo. Pero es importante tener en cuenta que en ocasiones el afán de prever situaciones puede convertirnos en nuestro peor enemigo, provocando el pensamiento de problemas que, en realidad, no son tales.

Leído en frío, acabo de decir una obviedad, es cierto. Pero en los momentos de crisis es más difícil discernir entre problemas prioritarios y tonterías sin importancia, pero que sacan de quicio. Es una habilidad que en lo posible, debería entrenarse fuera de los momentos de crisis personal, antes que se haya desbordado todo. Ser consciente de eso, de la propia capacidad para sobredimensionar las cosas, es un gran primer paso.

Un segundo es parar de pensar en cómo solucionarlo y reflexionar realmente para qué me estoy preocupando tanto y si realmente puedo hacer algo sencillo para solucionarlo.

El tercero es hacerlo. O no. Y seguir pensando hasta encontrar una solución... o no... Y dejar que esas tonterías sigan enmascarando si realmente lo que ocurre, el malestar, es otra cosa.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Librarse de ciertas cargas no es fácil

"Dos monjes budistas, Tanzan y Ekido, viajaban juntos por un camino al que las abundantes lluvias habían llenado de fango. 
Photo: Zen Paintings of Sato Zenchu (1934) 

Al doblar un recodo se encontraron con un paso especialmente dificultoso. Era imposible seguir adelante sin llenarse de barro y una joven, vestida con un kimono de seda ceñido por un cinturón de tela, lo contemplaba dubitativa, incapaz de decidirse a cruzar.
- Ven aquí, muchacha- le digo ensequida Tanzan. 
Y, levantándola en sus brazos, la cruzó resueltamente, depositandola en el suelo al otro lado del barrizal. La joven le dio amablemente las gracias y siguió su camino.

Aquella noche, Akido no pronunció una sola palabra hasta que llegaron a un templo donde les ofrecieron hospitalidad. Allí, ya no pudo contenerse más:
- ¡Nosotros los monjes no debemos acercarnos a las mujeres! -dijo en tono de reproche a su compañero- Y especialmente si son jóvenes y hermosas. Es muy peligroso. ¿Por qué cogiste en tus brazos a esa muchacha?

-¡Vaya!- respondió Tanzan- Yo dejé a esa joven al otro lado del lodazal, pero veo que tú todavía la llevas a cuestas..."

Si es que las palabras que más ahogan son las que no se dicen...

jueves, 24 de enero de 2013

Un regalo (Cuento Zen)

Una vez vivió un gran guerrero. Aunque bastante viejo, él aún podía derrotar a cualquier retador. Su reputación se extendió a lo largo y ancho del país, y muchos estudiantes se reunieron para estudiar con él.

Un día, un infame joven guerrero llegó a la aldea. Estaba determinado en ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una inexplicable habilidad de notar y de explotar cualquier debilidad en un adversario. Esperaba a que su rival hiciera el primer movimiento, de esa manera revelando una debilidad, y después golpeaba con una despiadada fuerza y una velocidad de relámpago. Nunca, nadie había durado en un combate con él, más allá del primer movimiento.

Muy en contra del consejo de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó con mucho gusto el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron en guardia para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzar insultos al viejo maestro. Tiró mugre y escupitajos en su cara. Por horas lo atacó verbalmente con cada maldición e insulto conocido por los hombres. Pero el viejo guerrero simplemente estaba parado allí, inmóvil y tranquilo. Finalmente, el joven guerrero se agotó. Sabiendo que había sido derrotado, se marchó, sintiéndose avergonzado.

Algo decepcionados porque no luchó con el insolente joven, los estudiantes se reunieron alrededor del viejo maestro y le preguntaron. “¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo lo alejó?”.

“Si alguien viene darles un regalo y ustedes no lo reciben” contestó el maestro, “¿a quién pertenece el regalo?".

Generalmente pensamos que ante los conflictos sólo podemos reaccionar de dos maneras: ataque o huida. Y generalmente las dos benefician al "atacante", porque ambas desgastan al "recipiente" del ataque. 

Lo que a veces no nos cuentan es que uno no tiene porqué aceptar todo lo que se le ofrezca...

martes, 18 de diciembre de 2012

La rana que convirtió la leche en nata (una historia de constancia)

"Los que renuncian son más numerosos 
que los que fracasan" Henry Ford

En ocasiones lo más difícil no es empezar a hacer algo diferente a lo de siempre sino ser persistente y mantenerlo, una vez empezado. Siempre habrá algo que nos anime a desistir (porque “de qué te va a servir eso ahora”).

En muchas ocasiones las evoluciones personales más fuertes llegan cuando en nuestras acciones y pensamientos distinguimos entre la Constancia vs. la Testarudez:

Cuando se actúa con Constancia, se esfuerza y mantiene ese empeño para conseguir un objetivo. Y con cada intento, revisa y ve si ha conseguido algo nuevo que pueda aprovechar. Sin dejar por eso de ser fiel a sí mismo.

Por el contrario, la Testarudez nos lleva a repetir una vez y otra vez lo mismo, de manera fija por miedo a perder “la esencia” de lo que somos/hacemos, consiguiendo los mismos resultados… Y esperando además que ocurra algo diferente (paradójicamente).

Esta es la historia de dos ranas que un día se cayeron en una vasija que contenía leche. Ambas saltaron una y otra vez para intentar salir, pero no conseguían elevarse lo suficiente para alcanzar el borde. Después de algunos intentos, una de las ranas pensó: “está claro, por mucho que lo intente, nunca conseguiré saltar tan arriba, por tanto es mejor ahogarme que seguir sufriendo”. 

La otra rana pensó que el hecho de no haberlo conseguido hasta el momento no era razón para dejar de intentarlo, y por tanto, continuó saltando. Por efecto de los saltos, la leche se fue convirtiendo en nata. Cuando ésta fue lo bastante espesa,  pudo conseguir suficiente apoyo para impulsarse y salir de la vasija. (Cuento popular ruso).

Mi reconocimiento desde aquí a los constantes y persistentes, muchas veces no os lo ponen nada, nada fácil. Espero que en este 2013 seáis muchos más.


lunes, 10 de septiembre de 2012

El corral y el estanque


- Estoy bastante agobiado.
- Tú dirás..
- Lo estoy llevando bastante mal con mis padres, especialmente con él. Creo que la causa es la empresa.
- ¿Te refieres a la empresa familiar? ¿Esa que dejaste?
- Bueno, no exactamente eso. Yo la asumí en su momento, es lo que se esperaba de mí y es para lo que me preparé… Pero pasado un tiempo no aguantaba más y me puse por mi cuenta. Estaba harto que me dieran toda la presión y ninguna autonomía. No me dejaban.
- ¿Y qué te reprochan ahora? ¿Que ahora vaya mal?
- No, eso no. Hablé con mi hermano, que en un principio tenía que ser mi mano derecha, e hicimos el traspaso. Ahora lleva él la empresa, la cosa no va para echar cohetes, pero como va funcionando y no quiere hacer cambios, todos contentos… Y aunque tengo mi propio negocio, a veces me consulta y le ayudo.
- Quitándote tiempo?
- Si, a veces voy bastante estresado, pero a mi también me está yendo bien, de manera que por ahora puedo.
- Entonces, el problema está en que…
- … No dejan de criticarme. Antes era sobre la empresa, que si las ventas tal, que si no sé donde voy… Creía que al marcharme, se acabarían los reproches… Pero ahora es peor: que cómo educo a mis hijos, el tiempo que les dedico, que si con mi nueva empresa no tengo tiempo… Nos hemos peleado varias veces, porque cuando no puedo más exploto.
- ¿Qué crees que ocurre?
- No lo sé… creo que no me perdonan que me haya ido. No entienden que me estoy construyendo mi futuro, y que es lo que quiero hacer.
- Me recuerdas una historia:

Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos. Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató. Pero, por alguna razón, no llegó a comerse los huevos, y éstos quedaron abandonados en el nido. Una gallina clueca pasó por ahí y encontró el nido descuidado. Por instinto, se sentó encima de los huevos para empollarlos.
Al poco tiempo nacieron los patitos, y naturalmente tomaron a la gallina como su madre, y empezaron a seguirla allí donde ésta iba. Se esforzaban por imitarla, y si no podían coger gusanos, ella se los daba.
Un día, dando un paseo, llegaron a un estanque, y los patitos nada más verlo se zambulleron rápidamente, empezando a nadar con toda facilidad.  
Desde la orilla, la gallina empezó a cacarear  desesperada,  pidiéndoles que salieran del agua. Mientras los pequeños chapoteaban alegres, ella temía que se ahogaran. 
Al cabo de un rato, se acercó el gallo y protestó en voz alta y airadamente, diciendo que no se podía confiar en los jóvenes. Uno de los patos lo oyó, se giró y le respondió: 
- “Nosotros nos hemos metido en el agua y encontrado nuestro hogar, pero tú no nos puedes culpar de haberte quedado en la orilla”.

- Quizá todos tengáis razón, desde vuestro punto de vista... Lo importante es cómo conseguir que dejes de sufrir defendiéndote.   

Cuento: "La gallina y los patitos" dentro de "Déjame que te cuente. Los cuentos que me enseñaron a vivir", Bucay, J. RBA, 1999

lunes, 19 de marzo de 2012

Ilusiones y Alternativas


Hoy me apetece hablar sobre opciones y alternativas. Pero antes, un cuento:

Esta es la historia de un caballero del rey Arturo. Un día, regresaba eufórico de una cacería exitosa. Se encontró en el camino a una joven y la violó. Una vez apresado, el rey decidió dejar su destino en manos de la reina y sus damas. La reina decidió que le perdonaría la vida con una condición: que consiguiera dar buena respuesta a la pregunta: “¿Qué es lo que casi todas las mujeres desean?”
Para encontrar la respuesta, se le concedió a nuestro caballero un año y un día de tiempo. Si fallaba, sería condenado a muerte. El último día, mientras se dirigía de regreso a la corte sin resolver el enigma, se encontró una mujer vieja. La más fea que jamás había visto. Sentada en el camino, llamó su atención con unas palabras proféticas: “Caballero, por aquí no hay camino con salida”. Éste, desesperado, le explicó a la vieja su situación, a lo que ella le respondió con una propuesta. Le revelaría el secreto si él se comprometía a hacer después lo que ella le pidiera, siempre que estuviera a su alcance.
Nuestro protagonista ya estaba atrapado en una situación nada agradable, y esperando tener una oportunidad aceptó la oferta  de la anciana. Ésta le contó el secreto: ”casi todas las mujeres desean ser soberanas y gobernar por encima de sus maridos y salirse con la suya en el amor”. El caballero dio la respuesta a la corte y las damas, satisfechas, le perdonaron. Una vez libre, la anciana le exigió que cumpliera con su parte del trato y que la desposara. El caballero cumplió su palabra. En la noche de bodas, yacía desesperado al lado de su esposa, pues no podía soportar la repulsión que su aspecto le causaba. Finalmente, la bruja le volvió a presentar dos alternativas: podía aceptarla tal y cómo era y ella sería una esposa fiel y obediente toda su vida, o elegir que ella se transformara en una joven hermosa, pero que nunca le sería fiel.
El caballero meditó largamente sobre las 2 opciones y finalmente contestó “no elijo a ninguna de las dos”, negándose así a elegir. En aquél momento la mujer se transformó en una hermosa joven que también era fiel y cariñosa.

El protagonista de nuestra historia se ve atrapado repetidamente en lo que los psicólogos Weakland y Jackson llamaron la Ilusión de alternativas. Es decir, la existencia de situaciones en que podemos elegir entre 2 opciones, pero donde ninguna de ellas es válida. 

En un intento de buscar la opción “correcta”, la persona se siente obligada a elegir una de ellas, cuando con cualquiera de las 2 opciones la persona pierde. Es decir “pierde si lo hace (porque la opción ofrecida no le conviene) y pierde si no lo hace (porque siente la culpabilidad y los reproches de no hacerlo)”. Otros autores llaman a esta situación de “Doble Vínculo”. 
Es una trampa difícil de eludir una vez se ha caído en ella, porque uno no se plantea normalmente cuestionar las opciones. Generalmente quienes las plantean tienen una posición respecto a nosotros que nos lo pone muy difícil: padres, parejas, jefes... Y volvemos a la obligación de elegir. 
¿Cómo escapar? El caballero eligió no elegir, es decir, salir de la situación engañosa. En muchas ocasiones la salida (o al menos un inicio) pasa por cuestionar en voz alta que las “opciones” realmente no lo son. No siempre es fácil. En numerosas ocasiones es necesario buscar la ayuda de una tercera persona que “desde fuera” nos aclare el falso dilema.

Porque es una trampa muy frecuente: “Si me quieres, harás esto, aunque no quieras, que es por tu bien”.

Fuente: "Teoría de la Comunicación humana" Watzlawick P., Bavelas J.B., Jackson, D.D. (1981)

viernes, 13 de enero de 2012

Una trampa

Una conversación entre dos amigas, en cualquier cafetería:
- … no entiendo por qué estás tan preocupada. Estoy bien. Hay veces que una tiene que hacer cosas que no apetecen, pero así es la vida.
- Si, ya veo que has tomado una decisión en firme… Aunque ya sabes que a la larga seguir con esto quizá no es lo que querrías, ¿verdad?
- Quién sabe… ahora creo que esto es lo que tengo que hacer, ya me he comprometido, y no voy a dejarlo, ya sabes lo cabezota que soy… soy así y no voy a cambiar ahora. Seré consecuente conmigo misma, aunque sea difícil…
- Como siempre, lo planteas todo a ganar o perder…
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que crees que las cosas o te tienen que salir o no salen. Tú pones toda la carne en el asador para ganar, comprometiéndote hasta el tuétano, porque no te gusta perder…
- A nadie le gusta.
- Completamente de acuerdo. Pero a veces, por no querer perder, pierdes más a la larga. A veces, perdiendo, se gana.
- No te entiendo…
- Bueno, voy a ponerte un ejemplo, con una anécdota que me contaron hace poco:

En un lugar remoto, una tribu de indígenas capturaba monos vivos. Como no querían que sufrieran daños y que fuera relativamente fácil cogerlos, se inventaron una sencilla trampa. Era la siguiente: cogían unas calabazas y las vaciaban, dejándolas atadas a un árbol. Sólo dejaban un pequeño agujero en la parte de arriba, de manera que un mono podía meter la mano dentro pero con dificultad. Dentro de cada calabaza metían unos cacahuetes. Éstos eran el cebo. Una vez preparado todo, dejaban las calabazas atadas a unos árboles y se emboscaban a esperar.
Al cabo de un rato, los monos olían la comida y se acercaban. Veían los cacahuetes dentro de las calabazas. Por supuesto, estiraban la mano, la metían dentro de la calabaza y cogían un puñado de comida. El problema (y la trampa) era que con el puño cerrado, no podían sacar la mano de la calabaza, el agujero era demasiado estrecho. Estaban atrapados. Entonces los cazadores salían en tropel de su escondite para cogerlos. Los que se empeñaban en intentar sacar la mano con el puño cerrado para no soltar la comida, eran capturados. Y los que renunciaban a la comida y sacaban la mano, podían huir a tiempo.

- Hay veces que podemos quedar atrapados por cosas que queremos, o por compromisos que hemos adquirido con nosotros mismos. Pero como ves, no siempre es cuestión de ganar o perder…








viernes, 4 de noviembre de 2011

Sobre zanahorias, huevos y granos de café


Uno de los puntos en común entre todas las personas, independientemente de nuestro origen cultural y/o religioso, es la presencia de historias, relatos y cuentos a lo largo de nuestra vida. Podemos pensar que a partir de un determinado momento, ya adultos, los cuentos dejan de tener importancia, pero ¡cuántas veces habremos cogido un libro, o entrado en un cine, esperando que nos "cuenten" una historia que nos atrape!

Hoy voy a contar un cuento:

"Había una vez una hija que a menudo se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.
Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó la zanahorias y las puso en un tazón. Sacó los huevos y los puso en otro tazón. Sacó el café y lo puso en un tercer tazón.
Mirando a su hija le dijo: "Querida ¿qué ves?”
"Zanahorias huevos y café"- fue su respuesta.
Entonces la hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas.
Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera... Luego de sacarle la cáscara observó que estaba duro.
Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo,pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua, fuerte, dura... pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
La adversidad la había vuelto blanda y frágil.
El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior había cambiado.
Su apariencia exterior seguía siendo la misma, pero por dentro se había amargado y endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. Cuando las cosas se pusieron peor, reaccionaron y dieron al agua sabor y aroma. Cuando el café entra en ebullición, llega al punto máximo de sabor.

“¿Entonces, cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?”.

¿Cómo reaccionamos ante cada adversidad? ¿Querríamos reaccionar diferente? ¿Qué necesitamos para conseguirlo, cada uno de nosotros?