lunes, 19 de marzo de 2012

Ilusiones y Alternativas


Hoy me apetece hablar sobre opciones y alternativas. Pero antes, un cuento:

Esta es la historia de un caballero del rey Arturo. Un día, regresaba eufórico de una cacería exitosa. Se encontró en el camino a una joven y la violó. Una vez apresado, el rey decidió dejar su destino en manos de la reina y sus damas. La reina decidió que le perdonaría la vida con una condición: que consiguiera dar buena respuesta a la pregunta: “¿Qué es lo que casi todas las mujeres desean?”
Para encontrar la respuesta, se le concedió a nuestro caballero un año y un día de tiempo. Si fallaba, sería condenado a muerte. El último día, mientras se dirigía de regreso a la corte sin resolver el enigma, se encontró una mujer vieja. La más fea que jamás había visto. Sentada en el camino, llamó su atención con unas palabras proféticas: “Caballero, por aquí no hay camino con salida”. Éste, desesperado, le explicó a la vieja su situación, a lo que ella le respondió con una propuesta. Le revelaría el secreto si él se comprometía a hacer después lo que ella le pidiera, siempre que estuviera a su alcance.
Nuestro protagonista ya estaba atrapado en una situación nada agradable, y esperando tener una oportunidad aceptó la oferta  de la anciana. Ésta le contó el secreto: ”casi todas las mujeres desean ser soberanas y gobernar por encima de sus maridos y salirse con la suya en el amor”. El caballero dio la respuesta a la corte y las damas, satisfechas, le perdonaron. Una vez libre, la anciana le exigió que cumpliera con su parte del trato y que la desposara. El caballero cumplió su palabra. En la noche de bodas, yacía desesperado al lado de su esposa, pues no podía soportar la repulsión que su aspecto le causaba. Finalmente, la bruja le volvió a presentar dos alternativas: podía aceptarla tal y cómo era y ella sería una esposa fiel y obediente toda su vida, o elegir que ella se transformara en una joven hermosa, pero que nunca le sería fiel.
El caballero meditó largamente sobre las 2 opciones y finalmente contestó “no elijo a ninguna de las dos”, negándose así a elegir. En aquél momento la mujer se transformó en una hermosa joven que también era fiel y cariñosa.

El protagonista de nuestra historia se ve atrapado repetidamente en lo que los psicólogos Weakland y Jackson llamaron la Ilusión de alternativas. Es decir, la existencia de situaciones en que podemos elegir entre 2 opciones, pero donde ninguna de ellas es válida. 

En un intento de buscar la opción “correcta”, la persona se siente obligada a elegir una de ellas, cuando con cualquiera de las 2 opciones la persona pierde. Es decirpierde si lo hace (porque la opción ofrecida no le conviene) y pierde si no lo hace (porque siente la culpabilidad y los reproches de no hacerlo)”. Otros autores llaman a esta situación de “Doble Vínculo”
Es una trampa difícil de eludir una vez se ha caído en ella, porque uno no se plantea normalmente cuestionar las opciones. Generalmente quienes las plantean tienen una posición respecto a nosotros que nos lo pone muy difícil: padres, parejas, jefes... Y volvemos a la obligación de elegir. 
¿Cómo escapar? El caballero eligió no elegir, es decir, salir de la situación engañosa. En muchas ocasiones la salida (o al menos un inicio) pasa por cuestionar en voz alta que las “opciones” realmente no lo son. No siempre es fácil. En numerosas ocasiones es necesario buscar la ayuda de una tercera persona que “desde fuera” nos aclare el falso dilema.

Porque es una trampa muy frecuente: “Si me quieres, harás esto, aunque no quieras, que es por tu bien”.

Fuente: "Teoría de la Comunicación humana" Watzlawick P., Bavelas J.B., Jackson, D.D. (1981)

lunes, 12 de marzo de 2012

Cruzando el río

Cayo Julio César (100 a. C.- 44 a.C) (bio) se enfrentó a una decisión vital en el año 49 a.C. , en una época de guerras civiles en la República Romana. Se disponía a volver a la capital después de 8 años fuera. En ese tiempo había conseguido conquistar por fin la Galia. Mientras tanto, sus enemigos se habían hecho fuertes en Roma, pero temían la ambición de César. Volvía como un general victorioso y muy popular, tan popular como temido.

Yendo hacia Italia, Julio llegó con sus tropas a la orilla del río Rubicón, un arroyo que servía de separación natural y legal entre la Galia y Roma. Si lo cruzaba con su ejército, infringía una ley sagrada: ningún general con sus ejércitos podía entrar armado a la ciudad. Si no lo hacía y se quedaba en la Galia, tarde o temprano le hubieran atacado, no podía eludir la batalla. Si lo hacía y fracasaba, él y sus herederos caerían en desgracia para siempre. Si lo cruzaba y triunfaba, ganaba una posición privilegiada a sus opositores y ganaría la guerra Civil, convirtiéndose en Dictador. La decisión era a todo o nada, y Julio cruzó. Los cronistas de la época le atribuyen a ese momento el famoso “alea iacta est” (la suerte está echada).  Desde entonces, con la expresión “cruzar el Rubicón”, se describe la toma de decisiones comprometida y arriesgada.

¿Cuánto cuesta tomar una decisión? Podemos intentar eludir la pregunta con un “pues depende de cual se trate”. Pero lo cierto es que la toma de decisiones lleva consigo un regalo envenenado: tener que enfrentarse a la Incertidumbre. Nos asaltan pensamientos como “¿Estaré haciendo bien?”, “¿Lo podría haber hecho mejor?” ,“¿Lo he tenido todo en cuenta? “, “Y después, ¿qué?”

El malestar de la incertidumbre es tal, que a menudo se vinculan estereotipos de liderazgo, fortaleza y éxito a la ausencia de dudas a la hora de tomar decisiones, por más pequeñas e insignificantes que puedan parecer. 

¿César no dudó? Y si dudó,  ¿Cómo pudo gestionar tanta incertidumbre? Los historiadores coinciden en resaltar que disfrutaba de los juegos de azar, como los dados. Trasladaba esa manera de ser  “jugador” a otros ámbitos: asumía que al margen de sus cálculos y maniobras, había siempre un componente de azar en lo que podía ocurrir. Se centraba en asumir ese azar como una parte más de la situación a manejar, no como el problema principal.

Y sobretodo, intentó siempre hacer algo diferente a lo que sus oponentes esperaban de él. Tenía claro que los cambios empezaban por él mismo: Cambiando él, cambiaba la situación.




Fuente: "Rubicón, auge y caída de la República Romana", Holland, T. 2003
Foto: "César atraviesa el Rubicón" s. XV http://www.artehistoria.jcyl.es/granbat/obras/28294.htm

martes, 6 de marzo de 2012

Improvisaciones

En Prevención de Riesgos Laborales se dice que hay dos maneras de entender la seguridad en el trabajo y por ende, dos maneras de trabajar la (posible) aparición de accidentes: la manera preventiva y la manera correctiva.

Si aplicas la manera Correctiva, significa que no adoptas medidas importantes para evitar los accidentes antes que ocurran: toda tu energía se destina a reaccionar, a poner parches para corregir errores. Te dedicas a actuar sólo cuando ya hay algo contra qué reaccionar. Esto puede ser cuando el accidente ya ha ocurrido o cuando el riesgo es tan grave y tan inminente que no te queda otra para evitar la catástrofe.

Por el contrario, existe una manera Preventiva de actuar. Quienes la eligen, eliminan riesgos antes que empiecen a causar problemas serios, observan, hacen pequeños cambios y van valorando resultados. En vez de pre-ocuparse, se ocupan. Siempre habrá imprevistos, pero el esfuerzo para amoldarse a éstos no será tan urgente, no les cogerá con el paso tan cambiado, estarán más preparados. Ya han anticipado y aceptado  que determinadas circunstancias pueden dar lugar a determinados riesgos.

Quienes defienden una manera más Correctiva de trabajar, dicen que es "muy caro" mantener un esfuerzo tan constante. Sobre todo, porque es muy costoso estar siempre previniendo algo que "no se sabe si pasará algun día". No planifican, no preveen. Esperan a actuar sólo cuando sea necesario y para solucionarlo todo rápidamente. A corto plazo.

Sin embargo, los que trabajan de manera más Preventiva, están convencidos que su esfuerzo vale la pena y lo explican de maner muy sencilla: "a largo plazo, es más costoso pagar accidentes y consecuencias que intentar mantener las condiciones para que éstos sean menores o no ocurran".

No sólo elegimos trabajar "a corto plazo" sólo en las empresas, sino también con muchos otros ámbitos, como el Emocional: queremos ver los resultados de los esfuerzos que hacemos de manera inmediata. Queremos que la dieta "milagro" nos quite 20 kilos de sobrepeso sin pasar hambre, que nuestra pareja esté "ahí" cuando la necesitamos y bajo cualquier circunstancia sin haber cuidado la relación, que nuestros hijos no defrauden los esfuerzos que en ellos hemos dedicado, ser capaces de soportar todo el estrés que se nos eche encima sin pestañear...

En muchas ocasiones sólo queremos hacer "inversión" cuando "realmente se necesita", como es un momento de crisis personal (de pareja/ familiar/ laboral). ¿Es realmente más barato?

¿Nos creemos el mensaje que dicen los médiums por la tele: "pide y se te dará"?

¿O elegimos Ocuparnos? ¿Y hacer Prevención?